Cuando me desperté para mi tratamiento respiratorio por la mañana, cada parte de mi cuerpo, especialmente mis muslos internos y glúteos, ardía por haber montado al caballo. Mi cabello estaba lleno de nudos por el viento del día anterior. Ni siquiera había hecho la mayor parte del trabajo, y aun así sentía que había pasado por un entrenamiento de nivel olímpico. Al levantarme de la cama y dirigirme a la sala, entendí por qué los vaqueros caminaban como lo hacen en las películas. No era para verse geniales o duros; era porque literalmente tenían la piel irritada. Mis padres ni siquiera necesitaban castigarme por haberme ido al campo. Seguro que este dolor me acompañaría el resto de mi vida y me recordaría lo terrible que había sido la idea. Me acomodé lentamente en la silla, coloqué la más

