Emery era una persona que siempre se había ceñido a las regla y que respetaba la ley, por lo nunca imaginó que le tocaría vivir un tiroteo. Los disparos continuaron y uno de ellos botó el candelabro de la sala de estudio, el cual cayó estrepitosamente y se hizo añicos. La habitación se oscureció y solo se filtraba la tenue luz de las farolas exteriores. Quedaron sumidos en la oscuridad. Sosteniendo a Emery con una mano, Aiden extendió la otra y buscó en uno de los cajones del escritorio, del cuál extrajo una pistola. Procedió a cargar el arma hábilmente y Emery seguía escuchando el inequívoco sonido de las armas, el cuál previamente solo había escuchado en la televisión. Sus ojos se abrieron como platos y solo atinó a decir: 'Aiden'. "Aiden...". Él sostuvo el arma y

