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Amante del Infierno

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Blurb

Jenna es una escritora frustrada y Daveen un hombre obsesionado con ella.

❤️🔥❤️🔥❤️🔥

Tras la muerte de su padre, Jenna se ve obligada a acogerse a una rutina que destroza todos sus sueños y la aleja lentamente de las letras. El trabajo en el que está un día le hace perder el transporte.

Aunque, sin ella saberlo, la acerca a un joven demonio que se encuentra totalmente obsesionado con ella. Su deseo de hacerla feliz, irá hasta puntos insospechados.

❤️🔥❤️🔥❤️🔥

'Los libros nunca se olvidan de quién los leyó, ¿no te dijo eso? Pues yo quiero ser tu libro favorito, porque nunca me voy a olvidar de ti.'

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Prólogo
─Llévate un libro, me voy a sentir muy ofendido sino lo haces. Le había vuelto a dedicar una sonrisa tan característica que no pudo negarse a aquella petición. Jenna se acercó un poco al estante principal más cercano a la puerta y agarró entre sus manos el primer libro que pudo, no lo miró mucho. Solo sintió el relieve de una o, y estaba segura de que se trataba de una novela porque era un libro bastante pesado. ─Ha sido una buena elección, créeme ─apoyó el adolescente. Ella estaba segura de que el barista notó que ni siquiera lo había pensado, por lo que le hizo sentir extraña, algo culpable, el no haber intentado decidir mejor el libro que se llevaría. Debí disimular mejor, quizás me tocaba mirar entre las portadas y… ─Todavía puedes decidir si te quieres llevar otro. Todos los libros de este café están hechos para ser leídos. Jenna se quedó inmóvil por unos segundos, antes de alzar sus manos para leer el título de aquel libro que había agarrado. Unas flores talladas de papel plata formaban un círculo que encerraba la frase: ‘Otro hijo de la oscuridad’. Una punzada extraña le recorrió el corazón y negó suavemente. Le dedicó una sonrisa al muchacho, volteándose a verle la cara. ─No, me llevaré este. Te lo agradezco… ─Zahyr, me llamo Zahyr. Supongo que tu debes ser Jenna, de la oficina de la otra cuadra, ¿no? ─Sí. ¿Acaso aquí todos saben quién soy? ─intentó sonar apenada. ─Puede ser, pareces muy famosa. ─ ¿Parezco famosa? ─preguntó ella sonrojándose ligeramente─. ¿A qué te refieres con eso? ─Eres muy cautivadora, tienes una presencia imponente. ¿No te lo habían dicho? Volvió a negar con la cabeza. Cautivadora, aquella palabra le resultaba tan reconfortante. Aunque sentía que no estaba cerca de serlo y así mismo le respondió al chico. ─No, no lo soy… ─No seas humilde. Eres una muchachita muy imponente, ¿Cómo voy yo a equivocarme en eso? ─Todos nos equivocamos ─dijo ella con una ligera sonrisa─. Nos vemos en otra ocasión, Zahyr. ─Si tú lo dices ─aun sonreía emocionado. Luego prosiguió a agitar su mano en el aire en dirección a la mujer─. Nos vemos la próxima. Sin responder a aquella despedida, Jenna salió lentamente del lugar, dando suaves pasos mientras miraba a su alrededor. Tenía la pequeña esperanza de que Daveen viniese a verla una vez más. Te vio una sola vez, ¿Cómo va a importarle venir a verte? Lanzó un suspiro de resignación y cruzó la calle rápidamente, cuando el semáforo de peatones estuvo en verde. Luego hecho una nueva carrera, mientras apretaba el libro a su pecho. Su cabello se agitaba en el aire como un oleaje embravecido, a la vez que el Elemento Oscuro se escondía entre los edificios. Estuvo a punto de chocarse con algunas personas en su trayecto y se disculpó más de una vez. Nunca en su vida la carretera había estado tan llena como esa noche. Es un sábado por la noche, eso es lo que hace la gente, ¿no?, se decía a sí misma mientras los ojos se le llenaban de lágrimas. Estoy siendo una intensa… Se secó el rostro y se acercó al auto de su amiga, que se encontraba a algunos pasos de ella. No deseaba que se preocupara, después de todo, la había visto tan emocionada que le había ofrecido llevarla a su casa. Así que simplemente mostró la mejor sonrisa que pudo y se arregló el cabello enmarañado como lo tenía. Contrario a lo que esperaba, Sarina se encontraba demasiado atenta a su alrededor y le hizo gestos para que se montase rápido. Jenna le hizo caso, su amiga se veía realmente molesta. ─ ¿Me he tardado…? ─Maldita sea, como desearía que le arrollase un camión ─le interrumpió Sarina llevándose las manos a la cabeza. Jenna le miró extrañada, hasta el punto de que la tristeza se convirtió en confusión. ¿Qué le había pasado ahora a su amiga para que dijese eso? ─Es mi secretario, está allí fumando desde que salí de la oficina. Creo que me está vigilando. ─Ah, otra vez eso. ¿Todavía vas a insistir en que te sigue? ─Jenna, es de verdad. Enserio me está siguiendo. ─No empieces otra vez, solo está fumando. La joven volteo la mirada hacia el espejo de su esquina para ver si, efectivamente, el secretario se encontraba allí. Apenas lo podía ver entre la parcial oscuridad, pero la silueta de un hombre le hacía pensar que debía ser él. ─Desde que salí de la oficina, y él salió una hora antes. ¿Sabes lo raro que es eso? ─Es raro, pero… ─Jenna no encontró como defender su punto─. ¿Y por qué crees que te estaría persiguiendo? ─No sé. Quizás me quiere secuestrar para pedir un rescate o quiere violarme. ─Si quisiera, ¿no crees que ya lo habría hecho? ─No funciona así, Jenna. Es algo difícil de explicar. Sarina apretó sus manos en el volante y dirigió una mirada a Jenna. No notó la tristeza, ya difuminada, en sus ojos y se centró en el libro que tenía en sus manos. Lanzó una leve carcajada sarcástica al aire. ─No me digas que me hiciste aguantarme a ese tipo para ir a pedir un libro ─dijo ella, demostrando un poco de molestia. ─Me lo regalaron ─contestó la pelirroja tras unos minutos de silencio─. No iba por ningún libro. Quería hablar con un hombre al que vi en ese café, ayer. No encontré al sujeto. ─ ¡¿Ibas a ver a un hombre y no me dijiste?!, que gran amiga eres, Jenna. ─Es que… ─No te lo quitaría si te gusta, ya sabes que te dejaría comerte esa carne. Pero quiero que me presente a sus amigos. Dile, cuando lo vuelvas a ver, que me los presente. ─No sé si lo vuelva a ver… apenas lo conocí ayer y… no le pedí su número. ─ ¿Cómo que no le pediste su número? Eso es lo primero que se pide, hasta antes del número de zapatos. ─Eso es un mito, y segundo, me enfoqué demasiado en que tenía que tomar el bus que no lo pensé. Sarina encendió el auto, fingiendo que le pondría la ley del hielo por idiota, como hacía siempre, y agarró el cambio. En ese momento, Jenna notó por el rabillo del ojo como la silueta se movía de su lugar, tirando algo al suelo. Ya se va. Sarina tiene razón, esto es raro.

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