Alana, al escuchar las palabras de Marianne, se levantó rápidamente de aquel sillón. Sin dudarlo mucho, salió en compañía de todo el equipo de seguridad de la mansión. “Por favor, no cometas una locura, Alaric.” El corazón de Alana sentía cómo se aceleraba al punto que amenazaba con salirse de su cavidad, ni siquiera el potente rugido de aquel motor pudo compararse con el palpitar que yacía en su pecho. “Por favor, necesito que guíes mis pasos.” Se dijo Alana mientras llevaba su mano a su pecho. “No puedo perder a Alaric, ya hemos perdido a muchas personas que amamos como para seguir haciéndolo.” Todo el equipo de seguridad fue enviado a diferentes puntos. De repente, Alana recordó un sitio, así que ella fue la que manejó un tanto lejos. Aquel paisaje daba calma a miles de árboles qu

