Cuando Alaric escuchó esto, se quedó de piedra. Él intentó irse, caminó en retroceso mientras temblaba y fue justo ahí donde se llevó una fotografía de Alana. “¿Quién está ahí?” Alana preguntó con miedo. “¡Hablen!” Cuando Valeria abrió la puerta, miró a Alaric. Aquella mujer tenía una expresión en su rostro que denotaba un profundo dolor y las lágrimas se asomaban por el borde de sus ojos. “¿Qué tanto has escuchado?” Valeria preguntó mientras la primera lágrima se derramaba por su mejilla. “No, no es necesario que lo digas, tu cara lo dice todo. Ahora ven aquí y no digas nada.” Cuando Alaric entró al cuarto de Alana, ella pudo entender todo. Maldijo mientras lanzaba un suspiro al aire y fruncía su ceño. “¿Qué se suponía que hacías espiando? No estás autorizado a venir acá y menos escu

