DICEN POR AHÍ. En un mundo como este, tan inhóspito, tan cruel, donde tus anhelos y metas se consideran una locura, hay que tener cuidado con lo que uno escucha, o más bien, lo que uno hace con ello. Si bien es cierto que uno no puede llevarse del qué dirán, es bastante difícil alcanzar la independencia y autonomía suficientes para no dejar que las palabras de los demás hagan mella en nosotros. Desde niños, desde el vientre de mamá, antes de ver la luz del sol, cuando flotábamos tranquilamente en las entrañas reconfortantes de nuestra madre, cuando los prejuicios no existían, ni los estereotipos, ni los estigmas, cuando todo era tranquilidad y eterna paz, desde ahí, fuimos capaces de escuchar lo que dice el mundo. Aprendimos a reconocer la voz de mamá, que con ternura nos arrullab

