Día de silencio II
Si tú saltas yo salto, si tú lloras yo lloro. Esta es una hermosa frase que pocos viven, en ocasiones me encanta ver a esos que se dicen llamar hijos de lo divino y ni siquiera para los de su casa proveen, ellos me recuerdan que por bonita que sea la intención religiosa sin hechos no hay testimonio vivo porque de palabras dulces o bonitas está llena la boca cuando de conseguir lo que uno desea se trata.
Algunos para con sus amigos no son provisorios pero desean ser jueces de causas ajenas y dar de lo que no tienen, ciertamente no puedes hablar de lo que no has vivido como si te hubiese pasado.
En mi día de silencio II no quería pronunciarme, ni escribir al respecto pero tras no soportar tuve que producir algo, aunque sea con palabras. Pensé dentro de mí que esto se sale de nuestras manos, la indiferencia con la que vivimos, y no me excluyo porque hasta yo estoy envenenada con semejante actitud, porque un día me canse de dar y querer cambiar lo incambiable. Se nos escapa porque nadie da de lo que no tiene, lo aprendí a golpes y quise ser quien llenara espacios de gente tan vacía que terminé quedando vacía yo. Quise justificar la bajeza y desamor, busque la forma durante años de creer en lo inexistente porque algunos seres no están dotados de genialidad y yo quise creer que sí, reí mucho creyendo que era una risa plena pero no, cuando tienes que fingir ser alguien mas no está en ti la felicidad en su máxima expresión, así que hui, corrí lejos a encontrarme y tuve que conocerme para enamorarme de mi real yo ¡Pero que divina decisión la de tener un romance conmigo misma y ser mi amiga como nadie más podría serlo! La situación de indiferencia parece querer arroparnos.
Hay espacios que solo tú debes llenar para contigo y si la gente que te rodea necesita explotarte y sacar de ti lo peor entonces necesitas rodear tu jardín de otros jardineros. No te quedes indiferente frente a lo que en tu pecho arde, la respuesta está en ti, justo dentro de ti.
Día de silencio II, cuando me vi obligada a callar más porque de nada sirve opinar.
°Valdez
Día de silencio III
No sabemos lo que será o que vendrá pero hoy duele tu silencio ¿Dónde estará la respuesta de tus labios desconocidos para terminar con mi silencio? La insatisfacción de estar enamorada de alguien desconocido es algo que apela a mi sanidad mental, resultando impresionante el cómo logro comenzar otra vez luego de una decepción.
Loable e inevitable la fe de encontrar ese uno que complemente mi ser; una vez te fallan tanto y reconstruyes tu corazón se dificulta que otro ser llene tus expectativas, porque luego de soportar lo insoportable trazas parámetros para no volver a elegir mal, creas una idea clara de lo que quieres y mereces, incluso estas tan seguro de lo que necesitas y quieres que de pasar la vista sabes si cumple o no con tus requisitos.
Las malas actitudes que se empozan en los recuerdos del alma no vacilan en crear estragos contra la inocencia que un día imperaba en tu corazón, y es así como el nuevo corazón supone ser más exigente para encontrar un nuevo amante. Lejos de lo raro y cerca de lo absurdo esta ese deseo de redimir los dolores del pasado, que aparezca un sanador que como crema que borre cicatrices pasando por tu vida. No lo digo por la parte erótica o egoísta de amar, tampoco hablo de lo religioso sino de ese ser que más que nada es un amigo que como los hay desertores, los tenemos curanderos ¿Y qué mejor que amar a tu mejor amigo? Nunca estarán aburridos y siempre buscaran la forma de arreglar los problemas.
Mi trabajo es vivir, nadie debe ser culpable de causas ajenas pero los verídicamente responsables de infringir dolor, deudores serán de la maldición que implícita vive latente en el existir de quienes dañan.
Tuvo Lucia que dejar caer unas lágrimas, secarlas y continuar sosteniendo una sonrisa el día de silencio III.
°Valdez