Dylan no conocía los motivos que tenían en mal estado a su amigo y lo buscaba desesperado. Él fue a su mansión, pero cuando se percató de que el auto con el que había salido no se encontraba estacionado, iba en retroceso y fue cuando sintió que le estaban golpeando el cristal del auto.
—¿Qué sucede? —tuvo que salir y acercarse a Mía que estaba como loca.
—¿Dónde está él? ¿Dónde está ese maldito mentiroso? ¡Mal esposo!
Ella lo buscó dentro del auto y Dylan solo podía observar, de todo lo que estaba sucediendo a él solo le preocupaba que ella ya estuviera enterada de que su matrimonio era nulo.
—Debes de tranquilizarte, este no es un comportamiento adecuado.
—¿Y lo que hace tu amigo conmigo si es un comportamiento adecuado? Dile que iré a la empresa, las redes, el mundo entero a buscarlo y a contarle de la manera tan maldita en la que trata a su esposa.
—Espera por él aquí, yo iré a buscarlo y lo traeré contigo para que hablen tranquilos en casa sin tantos disturbios.
Ella lo miró a los ojos —Eres su sombra ¿Por qué debo confiar en ti?
Él la miró completamente transformada, parecía una loca —Vas a confiar en mí, porque sabes que llegaré hasta donde él se encuentra y lo traeré contigo.
—Les daré una hora para que estén aquí o serán ustedes los que deberán esperar por mi regreso.
La situación estaba en su contra y él aceptó solo para mantenerla tranquila, pero después le escribió al ama de llaves para qué suministrará algún tranquilizante en la bebida y así ganar tiempo, ya que no sabía por dónde empezar a buscar a su amigo.
La búsqueda continuaba mientras Stalin recordaba a Amalia y su dulzura, su manera de tratarlo y de sobrellevar todo. Jamás había imaginado tener a la persona que lo haría suspirar y le llegaría al alma, algo que no sabía que tenía, pero justo cuando la tenía solo para él, lo arruinó todo y la alejó para siempre.
—¡Soy un maldito estúpido! —gritaba con lágrimas en los ojos y dolor en su corazón.
De todo lo sucedido, lo que en ese momento lo mantenía atado, era su matrimonio con Mía. Esa noche maldijo la hora en que su padre lo obligó a lanzarse por la borda. En ese momento llegó a su mente aquella mañana.
*Flashback*
—¡Buenos días, padre!
—No puedo creer tu descaro. Llevo más de un mes esperando una reunión contigo y hoy me recibes así de normal.
—Había estado ocupado, pero ya podemos hablar ¿Cuál es el tema tan importante a tratar?
Él lo miró sintiendo que se burlaba y le restaba importancia —Sabes bien que el tema a tratar de Mía Ferrer y el día de hoy he traído todo preparado para que cubras tu falta y no me dejes en vergüenza.
—Tenemos que hablar sobre esto.
—Se ha hecho tardé y me tocó hacerlo a mi manera.
En ese momento la puerta se abrió y vio entrar a Mía junto a su padre. Ella venía vestida de novia.
—¿Qué es esto?
—No me hagas pasar vergüenza —recibió la severa advertencia por parte de su padre.
Fue el motivo por el cual aceptó y el error más grande que cometió, pues lo único que podía sentir hacia esa mujer era rabia.
Aprovechando una conversación entré su padre y su futuro suegro la apartó y dio una advertencia.
—¿De verdad deseas esto?
Ella con una amplia sonrisa le respondió —Más que nada en el mundo.
—Sabes que no te amo y de mi parte no obtendrás amor ni atenciones.
—Eso yo prometo ganarlo una vez sea tu esposa. Estoy segura de que juntos seremos muy poderosos.
—No habrá intimidad, ni afecto. No dormiré contigo en la misma cama.
En ese momento se le borró la sonrisa —¿Eso por qué?
—Porque no te amo.
Él dijo esto mirando sus ojos de la manera más fría, pero ella igual aceptó y por obligación fueron casados en su oficina.
*Fin del Flashback*
—Sabía que podía encontrarte en este lugar, por eso no dudé en venir hasta aquí.
—¿Tienes algún dispositivo de rastreo en alguna parte de mi cuerpo? Vine a este lugar porque deseo estar solo.
—No puedo dejarte solo.
—No quiero que me veas de esta manera, aunque lo merezco.
—¿Qué pasó con tus padres?
Él lo miró de repente y sus ojos se humedecieron al sentir un fuerte latir en su pecho, esa era la primera vez que su amigo lo veía derrumbado.
—Me explicaron que soy el culpable de que mi primogénito fuera diferente —él detuvo sus palabras y empezó a llorar quebrado en mil pedazos —Lo llamé monstruo cuando el único ser despreciable soy y seré yo.
Cómo Dylan seguía sin entender, él tuvo que explicarle que sus padres son parientes cercanos y este es el motivo principal de que su hijo venga diferente.
—¡No puede ser!
—No quiero ni pensar que Amalia esa noche, por mi maldita manera errada de actuar, haya perdido al bebé.
Starlin se sentía destruido y sus malas acciones le estaban cobrando facturas.
Dylan lo acompañó y esperó hasta que se sintiera tranquilo.
—Debes regresar y tratar de hablar con Mía, ella está insoportable y dispuesta a hacer un gran escándalo.
—Que haga lo que deseé, esta noche quiero estar en este lugar y sentir el aroma del amor. Recordar lo estúpido que fui, soy y moriré siendo.
—Pero…
—No pienso cambiar de opinión. Mañana es otro día, hoy no quiero mirarle su estúpido rostro.
Esas fueron las últimas palabras que dijo y luego permaneció en silencio, profundo en sus pensamientos.
Dylan entendió que necesitaba espacio y fue cuando decidió ofrecerlo, así que se despidió y se marchó, pero dejó escoltas en la puerta pendiente a cualquier emergencia.
Mientras Starlin recordaba su noche de boda y la hermosura natural que brillaba de su esposa.
—¿De verdad vamos a consumar nuestro matrimonio contractual?
—Eso solo si lo deseas.
Ella posee una magia en su mirar, que con tan solo mirarme provocaba que mi cuerpo se inclinará hacia ella y me hiciera idolatrar su pureza.
—De esta manera es como nos convertiremos en padres.
—Pero también lo deseas —me acerco, bajo lento el zíper de su vestido y besó su precioso cuello.
Ella estaba dispuesta a que le hiciera el amor y yo no aguantaba las ganas.
Todo inició con besos suaves, mi lengua jugaba con la suya y todo mi ser reclamaba sentirla. Su piel delicada y tierna me hacían debilitante, pero eso no me impidió disfrutar de ella.
—¿Te gusta? —le pregunté con hambre de escuchar su voz apagada y convertida en gemidos.
—No te detengas.
¿Qué si era afrodisíaco? ¡Sí! Pues escuchar su voz excitada me elevaba a las alturas, pero nada comparado con su delicada flor. Su v****a era perfecta y tierna como una rosa. Con mis dedos y mi lengua, exploré su clítoris y la hice conocer un orgasmo, su primer orgasmo.
Una vez lo suficientemente húmeda fui entrando en ella tocando el cielo con mis manos. Compartimos un sentir y nuestra alma se encontraron convirtiéndose en una sola.
—¡Ahhh, Ahhh!
Sus gemidos eran diferentes y su piel como algodón suave. Esa noche, nuestra noche de boda fue inolvidable, pues tenía solo para mí a mi sumisa perfecta. La mujer que se disponía a complacerme en todo sin ninguna objeción. Ella me miraba y yo me perdía en sus ojos.
¿Cuándo me volví tan estúpido? ¿Por qué permití que se marchara cuando lo único que deseaba era que nunca me faltará?
….
—¿Dónde estás? —él gritaba mientras de sus ojos salían lágrimas de dolor profundo.
Esa noche se reclamó así mismo que era un imbécil y no dejó de llorar hasta quedar profundamente dormido en la madrugada.
Dylan a su regreso visitó una vez más la mansión de su amigo y cuando no encontró a Mía pensó lo peor, así que se dirigió con el ama de llaves.
—¿Dónde está la señora?
—Como usted me lo ordenó, yo le di una vieja receta que la mantendrá durmiendo hasta mañana.
Él respiró con tranquilidad en cuanto escuchó que estaba durmiendo.
—¡Eres la mejor!
—¿Mi niño Starlin está bien?
—Lo dejé bien cuidado, espero que mañana esté de regreso.
Él se marchó a su casa, pero no dejaba de pensar en lo mal que estaba su amigo y se cuestionó así mismo por no decirle que su bebé estaba bien y que tenía noticias de Amalia, pero