Esa noche se hizo de recuerdos para todos, pues Amalia sentía afligido su corazón y no podía detenerse de pensar en Stalin. Todo inició días atrás cuando volvió a verlo en las r************* . Allí volvió a ver su rostro serio y sin expresión, pero aún podía acelerar sus ritmos cardíacos.
¡Ring! ¡Ring! ¡Ring!
—¡Sí, buenas noches!
—Disculpa por la hora, pero debido a algunos acontecimientos hasta ahora estoy libre ¿Cómo están?
—Hola Dylan. Estamos bien y pronto nacerá tu sobrino ¿Tienes noticias para mí?
—Así es y por eso te he llamado. Ayer visité a tu madre y la doctora inició su tratamiento, para no confundirla, ya que no me conoce, ella la sacó al patio y la pude ver.
Amalia lloró de felicidad —¿Cómo la viste? ¡Gracias, gracias, gracias!
—Yo no tengo conocimiento de su proceso y no te podré hablar sobre su estado físico, pero hice algunas fotos y vídeos que envíe a tu correo para que tú misma puedas observar su evolución.
Ella lloraba de solo escucharlo —Si la dejaron salir y quitaron su camisa de fuerza, es por qué va mejorando.
—Eso es correcto. Ella me informó sobré su tratamiento y los riesgos que estaríamos tomando al detenerlos y yo tomé el atrevimiento de pagar todo lo necesario para que no vuelva a ver interrupciones.
Ella llevó la mano a su boca —¡Ay, no! Dime cómo puedo pagarte. Toda mi vida he trabajado solo para pagar ese tratamiento y nunca lo pude hacer.
—Solo cuida a mi sobrino y háblame con la verdad. Te ayudo por la persona especial y diferente que eres, pues pienso que en el mundo existen pocas personas con esa virtud tan especial, con un corazón tan bello y noble como el que posees.
Ella lloraba de emoción y con su voz cortada por el llanto le respondió —No es tan bueno poseer, está virtud, pues lo único que me ha traído es dolor y traición.
—No llores. Estoy seguro de que llegado su momento vas a recibir todo lo que mereces y más.
—¿Te puedo preguntar por él? No quiero detalles, solo quiero saber cómo está, si es feliz.
—No. No es feliz y está atravesando el infierno por negarse a vivir en el cielo.
Ella no entendió, pero tampoco quería seguir escuchando sobre él y después de despedirse limpió sus lágrimas y sintió alegría por la buena noticia.
Ella tenía una sonrisa radiante y le agradeció a la vida por la oportunidad que se le había presentado a su madre. Ahora sí tenía motivo para ser fuerte y seguir adelante.
—Estás muy feliz y eso se nota mucho —llegó Henry y se unió a su felicidad.
—¡Disculpa! Me tomé unos minutos para saber de mi madre y he recibido noticias demasiado buenas.
—Eso es genial y no tienes que disculparte —él la vio quebrada y sospecho que estuvo llorando —¿Te puedo abrazar?
Ella abrió sus brazos y no detuvo sus lágrimas y él la abrazó fuerte —Solo le pido a la vida que le devuelva su salud.
—Estoy seguro de que así será, muy pronto iremos a buscarla y todos reunidos festejaremos por su salud.
Ella salió de sus brazos y se sentó en el laptop para apreciar las imágenes que le habían enviado. La observó tan diferente. Su mirada ya no estaba tan perdida y la podía ver apreciar los colores de la naturaleza.
Henry se acercó y la acompañó en su alegría —¿Qué dices si la trasladamos al hospital central de la ciudad? Aquí la podrás tener más cerca y la podríamos visitar más a menudo.
—No —ella le respondió sin pensarlo —Un cambio solo implica volver a detener su tratamiento y no quiero eso.
—Te lo propuse porque ella está sola y lejos.
—Tengo a alguien que parece estar atento a ella y cuando tenga el bebé iré hasta allá a visitarla. Gracias, pero quiero dejarlo todo cómo está.
Él sentía algo de celo porque ella no le hablaba sobre la persona que lo ayudaba, pero estaba casi seguro que se trataba de un hombre.
—Te ves algo cansada y pienso que deberías ir a casa y dormir, en pocos días llegará el pequeño bebé y no te dejará mucho espacio para descansar.
—No quiero estar encerrada en casa porque lo único que hago es pensar y es lo que menos quiero hacer.
—¿En qué piensas? O ¿En quién piensas?
Ella lo miró y no sabía cómo interpretar sus preguntas y algunos gestos extraños que él hacía, pues no podía negar que en el tiempo que estuvo a su lado le ayudó en todo momento y aunque no hacía preguntas, con su forma de actuar la inquietaba y se sentía interrogada.
Henry era un hombre excepcional y cada día dejaba claro su interés hacia ella, pero no quería ser egoísta, no quería dañar a una persona buena, ella tenía su corazón roto y lo único que podía hacer aceptando una relación, era hacer pagar a una persona buena, por algo que no rompió.
—Pienso en la llegada de mi bebé. Cómo será su pequeño rostro, también pienso en la enfermedad de mi madre y su evolución. Todo esto me hace sentir un choque fuerte de emociones que en muchas ocasiones ni siquiera sé cómo interpretar
—¿Y no piensas en mí? O ¿Estás tan ocupada que no te ha detenido a pensar en todo el cariño que siento por ti?
Ella lo miró a los ojos sintiendo una sensación extraña, pero diferente, no era amor, era agradecimiento, pues tenía frente a ella un hombre bueno ¿Por qué su corazón no podía corresponderle?
—Necesito sanar, estoy segura de que las emociones fuertes y los acontecimientos recientes me tienen algo distraída, pero eso no quita todo el agradecimiento que tengo hacia tu persona.
—¿Solo agradecimiento?
Ella se acercó y tomó su mano —Eres muy especial, pero necesito tiempo para saber qué es lo que realmente siento cuando mis ojos te ven y tus manos me tocan.
Ella no quería mentir y trató de ser la mujer más franca de todo el mundo, pues Henry era una persona especial y no debía herirlo, pero tampoco mentirle o permitir que se ilusionara.
Pasó una semana y aunque Henry le insistía en que debía guardar reposo, ella se negó y fue hasta la plaza a buscar las verduras que estaban haciendo falta en las cocinas del restaurante. Fue en ese momento cuando sintió un fuerte dolor en la parte baja, en el área pélvica.
—¡Oh, no!
Desde la noche anterior había estado sintiendo dolores fuertes que se trataban de contrataciones, pero como no lo conocía se quedaba tranquila y esperaba que pasará pensando que solo eran patadas de su bebé.
Fue en ese momento que en la calle rompió la fuente y todo su vestido quedó mojado, dejándola en vergüenza. Una señora que ya conocía lo que estaba sucediendo se acercó y se dirigió a ella con intención de ayudarle.
—Debe mantener el control, todo indica que en poco tiempo tendrá al bebé. Respire con calma.
—¿Ya? —preguntó sin entender cómo sus dolores iban en aumento.
—Por favor ayúdame, estoy sola y no quiero que le pase nada a mi bebé, tengo mucho miedo.
—Debe llamar a algún familiar, pues sería riesgoso ir hasta su casa, como puedes ver ya su bebé no tiene agua porque la ha botado toda, debemos ir de emergencia al hospital.
Ella temblando de miedo hizo lo que aquella mujer le aconsejó y al llegar al hospital se percató que no estaba con ella su celular y los dolores fueron en aumento hasta que tuvo a su pequeño bebé.
El trabajo de parto duró de 2 a 3 horas, pues ya estaba muy dilatada y aunque no lo sabía, ella había entrado en labor de parto desde la noche anterior.
—¿Dónde está mi bebé? —preguntó algo asustada, pues habían pasado unos minutos desde que lo habían separado de ella.
—El pequeño está en observación pediátrica —le informó la enfermera.
—¿Él está bien?
—Todo indica que está lleno de salud ¡Muchas felicidades!
—¡Gracias! No quiero esperar más, ya quiero tenerlo en mis brazos.
La enfermera salió a buscarlo y minutos después regresó con el pequeño en sus brazos.
En cuanto ella escuchó su llanto, lo llevó a su pecho y le brindó toda la protección que él pudiera estar necesitando en ese momento. Ese día conoció el amor puro y verdadero y lo conoció a través de una pequeña e inofensiva personita.
—¿Has venido sola? —le preguntó la enfermera al ver como se quejaba de dolor mientras daba de lactar a su bebé.
—¡Así es! Vine con una señora que me ayudó cuando me encontró en la calle.
—La señora se marchó y dejó sus pertenencias en la oficina de pago. Ella pasó la tarjeta negra y con esa tarjeta se pudo pagar los gastos de la clínica
—¡No puede ser!
Amalia se puso pálida, pues con ese pago podían encontrarla y tratar de quitarle a su bebé. Ella tenía que conseguir su celular e informarle a Dylan lo que sucedió. Así que le pidió a la enfermera llamar a Henry y le repitió que debía llevarle su celular. No estaría tranquila hasta tenerlo con ella.