*Una semana atrás*
John se levantó y un fuerte dolor de cabeza se apoderó de él, haciendo que se quejará al ponerse de pie, algo muy normal después de una borrachera. Él entró al jacuzzi, luego se preparó una sopa instantánea que encontró en la despensa y se volvió a dormir hasta el mediodía.
Cuando observó su celular tenía mensajes y llamadas perdidas que lo hicieron ir de regreso, aunque era lo último que deseaba.
—¡Qué belleza! Aplausos para el señor —escuchó la ruidosa voz de Mía en el recibidor.
—¡Mierda, lo que menos estaba necesitando en este momento! —pensó para sí mismo.
—¿Me vas a ignorar? Veo que tomaste muy en serio el papel de mueble de la casa que me diste.
—¿De qué te quejas? —le gritó haciendo que ella brincara del espanto —Yo te advertí que sería de esta manera. No le veo nada de nuevo, te dije que no debías esperar nada de mí y aun así aceptaste ¿Qué puedo hacer?
—Por lo menos vivir bajo el mismo techo que vive tu esposa. No imaginas lo sola que me siento.
—¿Y soportar tus indeseables berrinches todo el día? No, me niego a eso. Creo que debiste negarte a vivir esta vida de mierda con el esposo más horrible del mundo cuando te di la oportunidad, ahora es muy tarde.
Ella miraba a ese hombre con rostro serio y sin expresión ninguna y esto la hacía enojar, pues todos los hombres la miraban a su paso y justo quien deseaba tener para ella la despreciaba.
—¿Estoy tan fea ante tus ojos? —bajó la guardia tratando de provocar, aunque sea lástima en él.
—Te reflejas ante un espejo y sabes que eres hermosa. Inviertes tiempo y dinero para lograr esto.
—Entonces, ¿Por qué no me deseas? Solo quiero ser tu esposa.
—Tú me has elegido y este es el problema. Aunque eres hermosa, no puedo sentir nada. Con tu obsesión y deseo alocado de ser mi esposa, no me diste tiempo a desearte para mí.
—¿Ni siquiera placer? —preguntó ya sintiendo enojo.
—Nada.
—¡Maldito! ¿Por qué me das este lugar?
—No te obligo a nada, te puedo dar tu libertad cuando lo desees, así ambos encontramos la tranquilidad que merecemos.
Ella lo miró furiosa por su indiferencia —¡Jamás!
—Bien, pero no te quejes del trato, pues no pienso cambiarlo y desde ahora exijo respeto. Odio estos escándalos.
Con un fuerte dolor de cabeza se encerró en su habitación y la dejó sola en la sala.
Enojada salió al jardín y buscó a Samuel —¿Dónde estuvo todo este tiempo? ¿Estaba con alguien, cierto?
—Se encerró en un Penthouse en el centro de la ciudad y no salió de allí hasta esta mañana.
—No me dirás que estuvo solo, pues no te creo.
—Estuve junto a sus escoltas desde que llegó allí y solo vi entrar y salir a su amigo Dylan.
—Esto sé, me fue de las manos y tendré que tomar medidas drásticas, no pienso perder esta oportunidad.
—¿A qué se refiere?
Él la sorprendió con la pregunta, pero ella no la respondió y se marchó en su auto dejando claro su enojo. Esa mañana fue a visitar a su padre y lo encontró cabizbajo.
—¡Hija mía! No sabes la alegría que siento al verte por aquí ¿Cómo estás?
—No muy bien.
—No me digas eso, estás recién casada, deberías estar feliz.
Ella al mirar su rostro de tristeza decidió saber qué le sucedía —Las cosas cotidianas, pero aquí lo que no me gusta es la expresión que traes en tu rostro.
—Te escribí un email hablando sobre el asunto.
—Es el mismo tema sobre la empresa.
—Sí, hija. Todo está mal. Meses atrás decidí echar a mi secretaria y desde su salida la empresa está en retroceso.
—¿Esa mujer era tan importante? —le preguntó recordando a Amalia.
—Ella era quien mantenía la empresa de pie y por no tratarla con el valor que tenía, ahora ya no está y la empresa se deteriora.
—Nadie es indispensable. Olvida a esa mujer y tratemos de arreglarlo.
—Necesito una fuerte inyección de capital.
Ella observó a su viejo padre tratando de buscar una solución, sus ojeras se veían pronunciadas y de solo verlo se podía apreciar su inquietud.
—Debes mantenerte tranquilo, esto no te hace bien.
—No puedo estar tranquilo, hija. Hace meses vamos en retroceso y de seguir así iremos a la ruina.
—¡No puedes ser!
—La última inversión fue un fracaso y con la que me ayudaste también. Todos en la empresa me dieron la espalda.
—Lo mejor es fusionar las empresas.
Él observó a su hija, incrédulo —Jones jamás permitiría tal cosa, menos porque mientras yo me hundo, ellos quedan solos en el mercado y se fortalecen cada día más como los números uno.
—Solo quiero que estés tranquilo. Yo me voy a esforzar para que nuestro patrimonio no se vea afectado.
—Recuerda que tomaste una fuerte cantidad de dinero para comprar esa mansión en la que vives y el auto del año que estás usando.
Mía se sentía desesperada, pues había hecho todo lo que podía y más para llamar la atención de Stalin, pero parecía que nada funcionaba y esto la ponía de mal humor, hasta que le llegó una idea en ese momento.
—Prometo arreglarlo todo padre, pero necesito tiempo.
—Claro que te daré tiempo, todo el que necesites. Yo seguiré tratando de recoger los pedazos y volver a conseguir la solidez que tenía mi empresa.
Ella se marchó y reconoció que fue imprudente de su parte y que no debió comprar aquella mansión para que sus amistades pensaran que la había comprado su esposo, ver a su padre en malas condiciones y saber que puede caer sobre ellos la pobreza, erizaba su piel.
—¿Por qué, por qué Starlin no me mira? —reclamaba molesta.
En ese momento recordó la mirada de odio y con la inferencia que era tratada y fue cuando decidió utilizar un número que había conseguido.
—¡Hola!
—¿Ya puedes atenderme?
—Si tienes el dinero solicitado puedo hacerlo.
—¿Es de esta manera que tratas a las damas?
—Lamento decirte que soy igual con todos mis clientes.
—Aun así, estoy segura de que nunca antes tuviste un cliente tan especial como lo soy yo y tampoco un trabajo que te dejará tanto dinero como el que quiero proponerte. Estamos hablando de la alta sociedad.
—¿De qué manera puedo confirmar eso?
—Me recibes y te darás cuenta de quién es que habla contigo.
—Una semana y nos encontramos.
Ella cerró la llamada, pataleo molesta y aceleró a toda velocidad hasta su mansión, dónde se encerró.
Pasó una semana y ya todo estaba preparado para el encuentro. Él no podía creer a la mujer que tenía al frente. Mía decidió recibirlo en su casa para poder hablar sin rodeos.
—¿No te piensas presentar? Empezamos mal y me hiciste esperar.
—Soy Víctor, alías la sombra. —Víctor se veía físicamente en forma, con solo verlo se podía apreciar la dedicación a las pesas y entrenamiento de Gimnasio. Esto llamó la atención de Mía, pues le gustaban los chicos malos y fortachones.
Ella se puso de pie dejando a la vista su transparente vestido y debajo llevaba una atrevida tanga.
—En eso quiero que te conviertas, en una sombra.
—¡Ordene!
Ella caminó hasta él y le pidió que sacará a sus hombres, ya que estaba semidesnuda. Él de inmediato los sacó y ella también lo hizo con sus escoltas, quedando solos.
—Quiero que elimines a mi esposo —ella lo miró y lanzó una risa maliciosa —Me entró el deseo de volver a estar soltera.
—¿Quién es y dónde lo encuentro? Ya tiene toda la información sobre el pago.
Él desviaba su mirada tratando de no mirarla y le hablaba como a un cliente normal.
—Quiero que visite a los cocodrilos del pantano que está a unos metros. Yo haré el primer paso y ustedes lo terminan.
—Según usted me informó, ese hombre es poderoso, así que aunque participe en el plan, la tarifa será la misma.
Ella levantó su vestido y se quedó sentada sobre él, dejándolo loco con su perfume.
—Piensa en grande. No solo recibirás el pago, también te daré un regalo para que permanezcas en silencio y feliz.
—Ese trabajo estará hecho cuando usted lo ordené.
—¡Perfecto! ¿Puedo ordenar algo más?
—Claro que sí.
Ella se acercó a su oído —Cógeme.
—¿Ahora?
Ella tomó la mano furtiva del sexy hombre y la colocó en su cuello —Sí, aquí y ahora.
Él, ya muerto de deseos, la cogió por toda la sala hasta dejarla satisfecha. Estaba feliz por su buena suerte y lo delicioso que estuvo todo, pues ver a esa mujer desnuda y saltando sobre él, era un sueño que acababa de cumplir.
—En la puerta recibirás el adelanto y necesito que estés pendiente al celular, en cuanto todo esté arreglado daremos el siguiente paso.
—Me llamas cuando lo desees, voy a estar a tu disposición todo el día.
—Pues debes venir a cogerme cada noche —le dijo acompañado de una sonrisa.
—¡Cómo lo ordenes, preciosa!
Él terminó de vestirse y celebrando su buena suerte, se marchó satisfecho, y Mía solo pensaba que pronto sería la viuda de Jones. Ahora que estaba bien follada podía pensar más claro y sentir menos enojo.