Amalia estaba de regreso en casa y enseguida llamó a Dylan para contarle lo que había pasado con la tarjeta. Ella estaba muy nerviosa, pues no conocía de la manera que podía actuar Starling, al enterarse del nacimiento del bebé.
Él no la pudo visitar en cuanto lo contactó, pero tres días después se presentó con un gran peluche y regalos para el pequeño bebé.
—¡Bienvenido al mundo! —Dylan tomó en sus brazos al pequeño y estaba muy feliz de conocerlo —Es hermoso mi sobrino. Muchas felicidades ¿Está todo bien con su salud?
—Gracias. La doctora dejó un diagnóstico positivo para el pequeño.
Él se quedó observando al bebé con atención por un largo rato. —Se le ve muy normal. ¿El diagnóstico es el mismo?
—Sí. La doctora descartó problemas profundos, pero el diagnóstico es el mismo.
—El amor sigue siendo igual de grande de mi parte para este campeón.
—Amor es lo que nunca va a faltar por parte de su madre.
Ella quería dejarlo disfrutar de su sobrino, pero tenía esa duda que le quitaba el sueño y la tranquilidad, así que no sé quedó en silencio.
—¿Lograste resolver lo referente al gasto en la tarjeta? —ella lo miró a los ojos con preocupación y esto él logró descifrarlo de inmediato.
—Te dije que todo estaría bien. En estos momentos Starling tiene muchos pendientes importantes que lo mantienen arropado, así que no creo que se sentará para analizar gastos de terceros ¿El pago se realizó con tu tarjeta?
—Sí, llegué de emergencia y estaba sola. Cuándo me enteré de la facturación ya tenía en mis brazos a Steve.
—A mi regreso intentaré arreglar el sistema para que así puedas estar tranquila. No le veo problema a que uses ese dinero, pues es tu dinero.
—No. Lo único que yo tendré y mantendré conmigo de parte de ese señor es a mi hijo —ella fue por las tarjetas y los documentos que tenía guardado —Aquí tienes. No los quería romper, pero tampoco los quiero tener conmigo.
Él la miró a los ojos y en ellos encontró dolor. Amalia era una mujer que no poseía una pizca de ambición, ni se deslumbraba por nada, esto a Dylan lo mantenía de su lado y deseando que todo se pudiera arreglar entré ellos.
—Todo lo que tienes en tus manos te pertenece. Son regalos y dinero que ganaste ¿Acaso no cumpliste con tu parte del contrato? —ella asintió recordando a Starling —Aquí no fuiste tú quien falló.
—Jamás lo habría hecho.
—¿Tienes sentimientos hacia él?
Ella bajó su mirada —Todo pasó tan rápido que no sé lo que siento.
—¿Lo perdonarías por lo que te hizo?
—Nunca he sabido guardar rencor y, aunque no quiero verlo, lo he perdonado.
—Siento que deben hablar. Ahora tienen un pequeño bebé en común y lo justo sería llevar la fiesta en paz.
Amalia sintió miedo al escuchar las palabras de Dylan, en ese momento estaba casi convencida de que en cualquier momento entraría por esa puerta en compañía de Starling. Sin pensarlo demasiado y quizás conociendo la respuesta, mirándolo a los ojos, le hizo la pregunta.
—¿Me podrías guardar el secreto?
—Secreto.
Ella cayó arrodillada frente a él —Por favor, no quiero que Starling sepa que tengo a su bebé. Podemos simplemente obviar esa parte, dejar que piense que aquella noche, cuando me sacó de su presencia a patadas, perdí el embarazo.
—Quizás no puedo conocer la revolución que debes estar sintiendo en este momento, pero no te puedo prometer que voy a ocultarle a mi amigo que tiene un hijo con pocos días de nacido y es idéntico a él.
—¡Por favor! —suplicó una vez más mirando a los ojos y dejando claro el temor que tenía en su interior.
—Amalia, solo te puedo decir que aunque veas a un hombre poderoso, impenetrable y sin sentimientos, no quiere decir que no tenga un corazón y que no tenga su propia historia. Un hijo es algo maravilloso, un regalo de la vida que quizás al principio no lo supo aceptar, pero como personas necesitamos una segunda oportunidad.
—¡Tengo miedo! Si lo hubiese visto aquella noche cómo se transformó y me miraba con odio, entenderías lo que siento en este momento —ella se derrumbó y sé lanzó al piso —No me tienes que decir el valor que tiene un hijo para una persona, pues lo conozco perfectamente y lo vivo con mi pequeño regalo, pero si de verdad conoces a tu amigo, deberías dudarlo aunque sea un poco.
—No quiero que llenes tu corazón de miedo al pensar que le voy a decir a Starling sobre el bebé —él colocó su mano sobre el hombro de Amalia, y luego la ayudó a levantarse, ya que seguía de rodillas —Seguiré tu consejo. Hablaré con él y de acuerdo a su comportamiento lo acercaré al niño, pero solo si lo creo prudente.
—Gracias por la comprensión —ella después de ese momento solo quería irse lejos con su hijo.
Pasaron la tarde juntos y, cayendo la noche, Dylan, se despidió para ir a descansar. Aunque no quería marcharse, había hecho un viaje largo para llegar hasta allí y debía descansar.
—Pensé que tu visita no se iría nunca —entró Henry mirando el enorme peluche que había recibido mientras él llevaba uno pequeño.
—Esperaste hasta que se marchará ¿Por qué hiciste eso? Debiste venir.
Él se quedó muy serio, llevó la mano a su bolsillo y luego se dirigió a ella —¿Es el padre de Steve, cierto?
Ella quedó sorprendida con la pregunta, esto robó su atención por completo.
—No. Dylan es un viejo amigo del papá de Steve y siempre nos ayuda.
—¿Él es quien paga las medicinas de tu madre?
Ella lo miró sorprendida por las preguntas, pues se sentía interrogada y no le parecía agradable.
—Creo que no debo darle explicaciones de mi vida y mis decisiones a nadie, así que te voy a pedir el favor de no pedirlas.
—No te pido explicaciones, trato de advertir sobre lo que puede suceder a futuro.
—Te agradezco la preocupación Henry, pero mis recursos son pocos y es lo único que tengo.
Él se acercó al pequeño y lo tomó en sus brazos, desde sus ojos parecía perfecto. Su delicada piel, lo tierno e inocente que se veía había robado el corazón de Henry.
—Los niños necesitan un papá que los guíe y mantenga en el camino correcto, si lo necesitas y de verdad no quieres regresar con ese hombre, no es más que me lo pida y yo estaré dispuesto.
Amalia suspiró ante sus palabras. Él era un hombre tan dulce y transparente, que podía tomar su corazón y quedarse con él, pero no provocaba ese volcán que alguna vez sintió en su cuerpo. Ella se reclamaba a sí misma y los sentimientos de su cuerpo por no poder mirar a un hombre bueno con ojos de amor.
Pasaron los días y ella se sentía como nueva. Henry no le permitió regresar al restaurante, pero ella desde su casa mantenía el área administrativa en orden.
¡Ring, Ring, Ring!
—¡Hello!
—Te llamo para que te quedes tranquila. Al parecer, Starling, cuando te regalo la tarjeta, la desvinculó del sistema, pues en el mío no aparece nada.
—Tengo que agradecerte por todo lo que haces por mí.
—Eres la madre de mi sobrino y alguien en quien confío. También tengo noticias de tu madre. La doctora me informó que su evolución va en pie y muy pronto podrás visitarla
—¡No lo puedo creer! —reaccionó con evidente asombro.
—Debes prepararte para un abrazo de eso que sé que estás necesitando en este momento.
Ella tenía a su bebé en los brazos y sentía su corazón latir muy rápido, pues desde que cumplió sus 15 años había estado sin el apoyo que todo ser humano necesitaba. No podía evitar sus lágrimas.
—¿De verdad podré abrazarla? —preguntó con el alma en sus manos.
—He repetido lo que me ha informado la doctora, así que debes recupérate para que la visites.
—Estoy lista para hacerlo en este momento de ser necesario, esto es lo que más deseo en el mundo.
—Esa es la actitud, los hijos pertenecen a sus padres y siempre lo necesitan en sus vidas. Estoy muy seguro de que ella está poniendo de su parte para regresar contigo.
Sus palabras la confundieron y una vez más empezó a sentir miedo por su pequeño bebé y lo poderoso que era su padre ¿Crecerá y se mantendrá oculta existencia? Esto era algo que cada día Amalia veía más lejos e imposible.