Amalia tenía una semana de haber dado a luz a su bebé y Dylan estaba dispuesto a hablarle sobre el asunto a su amigo. Ya estaba decidido a hacerle algunas preguntas en cuanto llegara a la ciudad.
Mientras en ese mismo momento Starling estaba observando un pago por maternidad y enseguida imaginó que se trataba del nacimiento de su hijo, eso hizo que su corazón saltara.
No se dio a esperar y de inmediato con el nombre del hospital hizo una llamada.
—¡Sí, buenos días!
—Buenos días. Me gustaría tener información sobre la señora Amalia Zambrano, ya que hace pocos días ha dado a luz en ese hospital.
—¿Es usted pariente cercano de la señora Zambrano?
—¡Sí, señorita! Soy el señor Jones, esposo de la señora y padre del bebé.
A la enfermera le pareció extraño que un padre apareciera después de una semana, así que solo le dio información básica intentando proteger a la paciente.
—La señora Zambrano, hoy tiene ocho días que tuvo a su bebé, el parto fue un éxito y los dos están de alta en casa.
Él sintió como su corazón saltó y no sabía qué sentir en ese momento, así que en aquella llamada, se sintió un profundo silencio y hasta que escuchó la voz de la enfermera salió de aquel pequeño abismo en el que había entrado sin darse cuenta.
—¿Alguna otra pregunta, señor Jones?
—¿Me gustaría más información, me la pueden proporcionar?
—Le podría enviar al departamento de ingreso del hospital, allí recibirá el diagnóstico médico de la paciente y su pequeño bebé una vez que se identifique como su esposo y padre del pequeño. Disculpe los inconvenientes, pero en este centro como en cualquier otro centro cuidamos y reservamos la seguridad de nuestros pacientes.
Él dio un pequeño golpe en su frente —¡Qué torpe!
—¿Alguna otra pregunta, señor Jones?
—Esto sería todo, muchas gracias.
Starling cayó sentado en su silla de escritorio. ¿Cuándo pasó el tiempo tan rápido? Él se había convertido en padre y ni siquiera se había enterado. Sus pensamientos jugaban a enloquecerlo y fue en ese momento en que su amigo Dylan llegó a su mente.
Intentó comunicarse y no se podía contactar, estaba tan desesperado que entró al sistema para ver en qué lugar estaba su amigo y fue cuando descubrió que se encontraba en el mismo lugar donde estaba aquel hospital ¿Será coincidencia o su amigo estaba al tanto de todo?
¡Ring, Ring, Ring!
—¡Ahora no, no tengo tiempo, Mía!
—Pues yo tampoco tengo tiempo, pero aquí está la estúpida de tu exesposa preguntando por ti. ¿Cómo se atreve a venir hasta mi casa a faltarme el respeto? ¿No es suficiente con los desplantes que recibo de tu parte cada día?
Starling ni siquiera respondió y de inmediato salió corriendo de la oficina a la casa de Mía. Él sentía miedo, pues por lo que se había enterado minutos atrás, Amalia, estaba reciente de haber tenido a su bebé y la loca de Mía, podía hacerle daño en un ataque esquizofrénico.
Dylan había ingresado a la empresa unos 20 minutos después de que Starling se había marchado. Él se acercó a su secretaria en cuanto notó su ausencia en la oficina.
—¡Buenos días, Alex! ¿No se ha presentado el señor Jones el día de hoy?
—¡Buenos días! Hace unos 20 minutos su esposa lo llamó y él salió algo apresurado.
—¿Su esposa has dicho? —Eso le sonó algo extraño a Dylan, pues conocía que una llamada de Mía no iba a descontrolar bajo ninguna circunstancia a su amigo.
—Así es señor, yo misma recibí la llamada y se la pasé al señor Jones.
—¿No te dijo hacia dónde se dirigía?
—No. Él no lo informó, pero logré escuchar que la señora le dijo que estaba en su casa.
Dylan no sabía por qué sentía un amargo en su boca en ese momento, y después de agradecer a la secretaria, se fue directo a su auto.
—¡Esto es muy extraño!
En el momento que intentó llamar a su amigo, encontró más que extraño los montones de llamadas perdidas y los mensajes preguntándole dónde se encontraba. Eso lo hizo salir de inmediato, pues tenía una fuerte corazonada o un mal presentimiento.
En tanto, Starling, cuando llegó a la mansión de Mía, observó el estacionamiento tratando de encontrar el auto de Amalia, pero no se detuvo y entró a toda prisa, encontrando a su esposa en la sala con un diminuto pijama.
—Sabía que era una forma de llamar tu atención.
Él la miró algo molesto, pues debió dejar su oficina en la empresa cuando tenía montones de trabajo acumulado.
—¿Nunca dejarás de actuar como una niña idiota? ¿Dónde están tus modales? Quizás no lo sabes, pero soy un hombre demasiado ocupado, con grandes responsabilidades sobre mi cabeza y no estoy para estos juegos.
Ella sobre el mueble inició hacer posiciones y llamarlo con su dedo tratando de seducirlo, cosa que solo lo alteró más.
—El que no entiende que tiene una esposa que demanda de su atención y todos sus cuidados, eres tú ¿No te gusta lo que ves?
—Te dejé muy claro todo este tema. Por cómo inició este matrimonio y por tu manera errada de actuar, no pretendo ni siquiera tocarte un dedo.
—Esa mujer no es más hermosa que yo.
—No debiste mencionarla, mi esposa no puede ser un tema para llamar la atención.
—¿Tu esposa? ¡Perdón!
—Sabes que es mi esposa ¿Acaso ya lo olvidaste? —confirmó dejando clara su molestia mediante una mirada fuerte.
—Aquí tu única esposa soy yo. Ahora ven aquí y hazme el amor, porque si sales por esa puerta sin dejarme contenta, te puedo asegurar que vas a sufrir las consecuencias.
—¿Me estás amenazando?
—No señor Jones. Te estoy advirtiendo. Te estoy dando la oportunidad de darme mi noche de boda después de meses de nuestro matrimonio.
—¿Y si no lo deseo?
—¡No lo tendrás nunca! —lo miró directo a los ojos con malicia y muy molesta por el desplante que estaba recibiendo.
—Pues prefiero lo segundo, porque no tengo deseos de tocarte, nunca lo he tenido —terminando con palabras desafiantes, luego le dio la espalda y se marchó.
—¡Que conste que te lo advertí! A mí jamás me habían humillado de esta manera y no pienso dejarte coronado con el mérito.
Él seguía su camino como si ella no estuviera hablando con él.
—¡Maldito, maldito!
Ella lo miraba con rabia y desde sus ojos salían lágrimas de dolor, pues no podía negar que, siendo Starling un hombre tan bello y deseado, ni aun siendo su esposa, podía tocarlo a su antojo, solo porque él se lo prohibía.
Cegada de la rabia y llena de ambición, tomó su teléfono y envió el mensaje. El mensaje que, de haberla dejado feliz, jamás había enviado.
Mensaje: Comida para los cocodrilos.
Mensaje recibido ☑️
Ya nerviosa por lo rápido que recibió el mensaje de respuesta, fue a su habitación y empezó a mirar todos los atuendos de ropa negra que había comprado para su pronto luto.
—Ahora por imbécil me hará viuda, multimillonaria y feliz ¡Qué desperdicio, con lo bueno que estás! Pero así lo quisiste y así lo tendrás.
Aunque pensaba que se podía quedar tranquila, los nervios la invadieron y no podía dejar de caminar de un lado para el otro. Sentía que su corazón saltaría en su pecho y los nervios la dejarían caer al piso.
No podía estar tranquila y bajó las escaleras, fue a la cocina, ordenó preparar un té relajante y miraba su reloj cada minuto. Habían pasado 25 minutos desde la partida de Starling y aún no tenía noticias.
Ella iniciaba a tomar su té y cuando se acercó a la taza vio la pantalla de su celular encenderse con el mensaje que esperaba.
Mensaje: —Hecho, estoy en la sala, ven a recibirme.
—¡Oh, no! —sintió un calambre recorrer todo su cuerpo.
—¿Está usted bien, señora? —le preguntó la sirvienta.
Ella no dijo nada y después de dejar caer su taza de té salió corriendo y llorando la sala. Alertando a todos de que había sucedido algo.
—¿Cómo fue que sucedió? ¿A dónde está mi esposo?
Se dirigió hasta donde se encontraba Víctor, quien al principio no entendía todo el alboroto y más adelante siguió el juego de Mía.
—Tranquila, señora.
Ella lloraba y nadie entendía lo que estaba sucediendo, hasta que pidió explicaciones para que todos se enteraran, pero lo hizo lento para que no llegaran a tiempo hasta el lugar.
—Como me pides que me mantenga tranquila después que me dijiste que mi esposo acababa de tener un accidente.
—Ya he llamado a la ambulancia, pero como le dije en el mensaje, el auto cayó al pantano.
—¡Nooooo! Todo esto fue mi culpa. Él se marchó enojado después de la discusión que tuvimos.
Ella se desmayó y todos fueron al lugar del accidente lamentándose por lo sucedido.