3. Cita cancelada

2004 Words
Luego de haber terminado su biberón y cambiado su sucio pañal, el pequeño Asher dormía plácidamente en aquel canasto de mimbre en el que lo había encontrado mi jefe, al cual solo había agregado un cojín más cómodo para que él estuviera mejor. Lo observé con una sonrisa mientras me disponía a encender la computadora frente a mí, pues aunque me había ofrecido a cuidar del pequeño, también era mi responsabilidad ponerme al día con mi trabajo como asistente de Athom Patel. Mi celular vibró anunciando un recordatorio de mi agenda personal, por lo que lo tomé y sonreí al ver que en la pantalla se reflejaba una nota que decía “Cena de tercer aniversario con Andi”. Me ilusionaba la cena de hoy con mi querido novio, pues últimamente no habíamos tenido tiempo suficiente para compartir juntos, por lo que estaba segura de que pediría comida a nuestro restaurante favorito y lo sorprendería con un lindo conjunto de lencería sexy que había comprado para la ocasión. —Vaya, vaya… —musitó Josh apareciendo frente a mi cubículo de trabajo y sacándome de mis pensamientos—. ¿Quién es este pequeño? —preguntó alzándose sobre sus pies para mirar mejor a Asher, quien dormía sin perturbaciones. —Te aconsejo que mueras por viejo, y no por metiche, Josh —bromeé, haciéndolo reír. Mi amigo y compañero de trabajo se encogió de hombros y luego afirmó sus codos sobre mi escritorio para mirarme con diversión. —¿Es que ahora eres niñera, Ruby? —cuestionó alzando una ceja con curiosidad . Rodé los ojos con fastidio, pues era obvio que Josh estaba uniendo todo para hacerse una idea en la cabeza de lo que estaba ocurriendo—. Ya veo a qué se refería el jefe con “asunto urgente” —musitó haciendo comillas en el aire con sus dedos. —No puedo contarte el chisme, lo siento —me encogí de hombros hacia mi amigo, quien no dejaba de querer sacarme información. Josh era un trabajador del área de desarrollo técnico, en donde probaban el funcionamiento de los nuevos proyectos que la empresa lanzaba, hasta encontrar cómo hacerlos funcionar de la mejor manera. Intelligent era una de las mejores empresas de tecnologías, pues se especializaban en la tecnología de realidad virtual, desarrollando videojuegos, principalmente. —Eres una aburrida, Ruby —bufó Josh rodeando el escritorio para sentarse a mi lado en una silla vacía, mientras inspeccionaba al bebé con curiosidad—. Mejor cuéntame, ¿qué tal todo con el idiota que tienes por novio? Suspiré al escuchar aquella pregunta, pues Josh era el único que sabía lo que ocurría en mi relación con Andi, y sí, era cierto que últimamente me la había pasado quejándome sobre mi noviazgo y el poco interés que veía por parte de mi novio al no mostrar interés, por lo que era obvio que Josh se llevaría una mala imagen de Andi. —Creo que las cosas van mejorando entre nosotros, ya sabes que Andi tiene mucho trabajo siempre… —dije restándole importancia al asunto—, y no le digas idiota, Josh —sonreí de medio lado y lo empujé levemente haciendolo bufar en respuesta, pues él no era precisamente fan de Andi. —Solo espero que no te haga sufrir, amiga —dijo negando con la cabeza—. No mereces pasarla mal por un imbécil que no consigue valorar a una buena mujer como lo eres tú. —No me hará sufrir, lo prometo —negué con la cabeza dejando escapar una sonrisa de tarada—. De hecho, hoy tendremos una cita en casa, pues cumplimos tres años juntos. La planeamos hace dos semanas, así que hoy será una gran velada —alcé mis cejas con picardía, haciendo reír a mi compañero. —Bueno, luego me cuentas cómo te va con aquello —dijo con una sonrisa y luego se puso de pie—. Debo de ir a mi sección, pues creo que Marco se volverá loco con el nuevo proyecto que nos encargó el jefe —mencionó a la rápida, pero yo no perdí el tiempo para alzar mis cejas hacia él con complicidad. —¿Tú y Marco…? —dejé la pregunta a medias, pero mi amigo solo bufó. Marco, su compañero de área, era un guapo chico suizo, que aún no lograba asumir su orientación s****l, por lo que eso impedía que pudiera dejarse amar por Josh, quien llevaba meses loco por su compañero de trabajo. —Nosotros nada, eso ya se acabó —se encogió de hombros y yo le di una sonrisa triste, pues en definitiva aquel chico tenía una muy mala suerte en el amor—. Nos vemos luego, Ruby —movió su mano en señal de despedida y yo le lancé un beso—. Cuida bien de aquel pequeño, pues mi intuición de bruja me dice que se trata del nuevo heredero de Intelligent —soltó con una sonrisa traviesa y luego se dio media vuelta. —¡Deja de sacar conclusiones locas, Josh! —grité al ver cómo se alejaba apresurado, pero en el fondo sabía que se me haría imposible hacerle cambiar de opinión, pues Josh era muy observador, y seguro ya había descubierto que este pequeño era hijo de nuestro jefe, aunque eso aún estuviera en tela de juicio. Terminé de iniciar sesión en la computadora de la empresa y me puse al corriente con las citas pendientes de agendar para el jefe, luego de enviar algunos correos cancelando las que ya tenía previstas para hoy, pues de seguro él no estaba con la cabeza como para trabajar en aquello. Entre correos y agendamientos se me pasó la hora, hasta que Asher me sacó de mis pensamientos al balbucear, anunciando que había despertado. —Hola, lindo bebé —musité hacia él y no me resistí a cargarlo entre mis brazos. Con cuidado, lo senté sobre mis piernas y pellizqué su mejilla, cuestión que lo hizo reír. Yo amaba a los niños, y desde siempre mi sueño había sido ser una madre joven, pues quería tener energía para poder dar lo mejor de mí, pero dadas a las circunstancias actuales, sabía que junto a Andi, no conseguiría ser madre, pues él ya me había dejado claro varias veces que no quería un bebé. Y como por arte de magia, mi celular sonó, alertándome de una llamada de Andi. Miré la hora en mi celular y me asusté al ver que ya era tarde, muy tarde, y que mi jefe aún no llegaba, por lo que seguro tendría que quedarme más tiempo aquí para cuidar de Asher, pues no podía dejarlo solo, lo que significaba que nuestra cena de aniversario se retrasaría un poco. —Hola mi vida —saludé al contestar la llamada de mi novio—. Tuve un inconveniente en la oficina, tal vez llegue unos minutos más tarde, pero ya tengo todo pensado —aclaré de inmediato—. Si quieres, en lo que llego, puedo llamar y pedir la comida a domicilio. Asher me observó sobre mi regazo con aquellos hermosos ojos azules, que estaba segurísima, eran iguales a los de mi jefe. Acaricie la cabecita de aquel bebé mientras escuché un suspiro al otro lado de la línea. —No sé de qué me hablas, Ruby —dijo de pronto, haciéndome arrugar las cejas en respuesta. —¿Es una broma? —cuestioné confundida—. Hablo de la cena que planeamos hace dos semanas, por nuestro tercer aniversario, que es hoy… —señalé con la ira creciendo en mi interior, pues no podía creer que lo hubiera olvidado. —Ah… —musitó dejando salir un bufido—, pues no, no tengo tiempo para eso hoy. De hecho, llamaba para decirte que voy saliendo del departamento, porque tengo un partido de tenis con mis amigos —dijo con total descaro—. Creo que mi madre irá a dejar algo al departamento, para que estés al pendiente. Abrí los ojos de par en par ante todo lo que Andi me estaba diciendo, pues no podía comprender… ¿Tan poco le importaba nuestro aniversario? Negué con la cabeza, alejando aquellos malos pensamientos e intentando ponerme en su lugar, pero no podía… ¡Maldita sea, Andi era un imbécil! —Andi, habíamos planeado esto hace días, porque no sé si lo has notado, pero últimamente ya ni nos vemos —dije en un intento de hacerlo recapacitar, pero solo recibí un gruñido cargado de molestia por su parte. —¡Deja de ser tan tóxica, Ruby! —chilló enojado, provocando que un nudo se instale en mi garganta, pues me sentía como la mierda—. Solo quiero un maldito momento con mis amigos, pero de seguro tú debes estar tomándolo a personal, cuando no es así. ¡Mi maldito mundo no gira en torno a ti! Quise contestar algo más en mi defensa, pero en cambio, Andi cortó la llamada y me dejó con las palabras en la boca. No era la primera vez que lo hacía cuando discutíamos, pero eso no significaba que me doliera menos su actitud. —Mierda… —musité sintiendo mis ojos cristalizarse, pues me sentía frustrada ante la reciente conversación con Andi—. ¿Qué diablos estoy haciendo mal? —me cuestioné a mi misma. Dejé mi celular sobre el escritorio y Asher llevó una mano a su boca y la chupó en respuesta. Al observar a aquel pequeño, me sentí miserable, pues estaba claro que mi relación con Andi estaba en su peor momento, y yo tenía claro que mi gran deseo en la vida era ser madre, y desde el momento en que cargué a este niño por primera vez, el instinto maternal había aflorado en mi interior, y el hecho de saber que Andi me mandaría a la mierda al momento de plantearle mi deseo de ser madre, me hacía sentir un enorme dolor en el corazón. El maldito había decidido cancelar nuestra cita por irse con sus amigos, y eso me dejaba muy en claro que yo había dejado de ser una prioridad en su vida, por lo que me haría un favor al no pensar en ser madre junto a un hombre como él, cuestión que me hizo pensar ¿qué diablos hacía a su lado? sí era evidente que ya no nos amábamos como hace tres años atrás. Una lágrima corrió por mi mejilla, dejándome ver que esta situación me estaba afectando más de lo que quería reconocer. Asher afirmó sus manitas llenas de baba sobre mi pecho y tan solo con ese pequeño acto, comencé a llorar como si la llave en mi interior por fin se hubiera abierto, dándole paso a la liberación de mi tristeza. Abracé a Asher contra mí y lloré desconsoladamente al sentirme insuficiente, sin valor y arrimada, como un mueble más, pues por lo que se veía, yo solo le servía a Andi para cocinar, hacer el aseo y pagar las deudas del departamento, ya que ni para mantener relaciones sexu.ales le era útil en el último tiempo. —¿Ruby? —alcé la mirada hacia aquel hombre de intensos ojos azules, quien me observaba con cautela, como si no quisiera interrumpir mi sesión de llanto. —¡Jefe! —chillé espantada ante el espectáculo que estaba montando. Me levanté de mi lugar con el pequeño en mis brazos y lo dejé sobre su canasto de mimbre, para después limpiar mi rostro a la rápida, disipando las lágrimas. Me sentía avergonzada bajo la curiosa mirada de mi jefe, pero en cambio él se limitó a sonreír como si nada malo ocurriera—. Lo estábamos esperando —comenté. —Lamento la demora, es solo que… —negó con la cabeza y suspiró con pesadumbre, para después mirar a Asher, quien sonreía con alegría—. ¿Quieres ir por algo para comer? Después de todo, te lo debo por el favor que me has hecho.
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