1. ¿Un bebé?

2157 Words
Narra Athom… Odiaba llegar tarde al trabajo, pues desde siempre mi padre me había enseñado que el éxito de un hombre siempre estaba acompañado por la responsabilidad, pero una cosa había llevado a la otra y anoche, luego de cenar solo en mi enorme casa, me dispuse a actualizar unos datos sobre los proveedores de la empresa, lo que sin pretenderlo, me llevó más tiempo del debido, por lo que hoy me había costado muchísimo levantarme de la cama. Caminé apresurado por la calle, hasta que por fin entré en el edificio de Intelligent, y fue justo en ese momento en que mi celular sonó en el interior del bolsillo de mi traje, anunciando una llamada entrante, por lo que lo tomé y sonreí al ver que se trataba de una videollamada por parte de mi madre. Contesté aquel llamado y de inmediato vi los ojos de mamá iluminarse al verme. Mi madre, la reconocida pintora Aurora Williams, era una mujer muy hermosa, con un cabello rubio natural, que por desgracia, yo no había heredado, y me parecía que con el pasar de los años, ella solo seguía aumentando su belleza. —¡Hola, mi bebé pequeño! —chilló ella emocionada al verme, mientras me lanzaba un beso a través de la pantalla. —Hola, madre. ¿Cómo va todo por el Caribe? —cuestioné con una sonrisa. Ella volteó su cámara y tuve una espectacular visión del lugar en donde se encontraban. Observé un mar de aguas cristalinas y muchas palmeras, lo que solo me provocaba ganas de continuar trabajando duro para algún día poder permitirme viajar por el mundo tal como mis padres habían decidido hacer hace dos años, cuando dejaron todas sus propiedades a mi nombre y se fueron a recorrer juntos el mundo. —Debo decir que todo va bien, pero te extraño mucho —hizo una mueca con los labios y luego observé un forcejeo, lo que me hizo sonreír, pues seguro papá quería robarse el protagonismo. —¡Hola, hijo mío! —dijo mi progenitor una vez apareció su rostro en pantalla. Sus intensos ojos azules me captaron y luego solo me mostró su pulgar con aprobación—. Por aquí ya vimos que te han nominado como uno de los empresarios más exitosos del país. Déjame decirte que me parece fabuloso, pues no me cabe duda que cada día que pasa te vuelves mucho más profesional y que dejé todo en las mejores manos posibles. Sonreí ante sus palabras, pues para mí el reconocimiento de mis padres lo era todo, incluso significaba mucho más que aquel premio que me estaban otorgando por parte de la sociedad de empresarios nacionales. —Gracias, padre… —musité con verdadero agradecimiento y luego me detuve frente al ascensor de la empresa, para presionar el botón táctil y poder subir hasta mi oficina—. Me alegro que se hayan enterado de aquello. Saludé con un movimiento de mano a la recepcionista, quien me devolvió el gesto con amabilidad, y luego volví la vista hacia el ascensor, dispuesto a subir lo más rápido posible, ya que iba muy atrasado. —A mi me encanta que reconozcan tu talento, hijo, pero mi duda es… ¿Quién te acompañará a recibir aquel prestigioso premio? —preguntó mi madre asomando su rubia cabellera en la pantalla y llamando mi atención nuevamente ante aquella pregunta. Me encogí de hombros, pues probablemente iría con mi querida prima, quien siempre estaba dispuesta a acompañarme a los eventos sociales de la empresa. —No lo sé madre —dije sin prestarle mucho interés el tema, ya que no era algo que me quitara el sueño precisamente—. Supongo que iré con Amalia, ya sabes como ama vestirse elegante e ir a comer gratis mientras Ángel se queda con su padre en casa. —Eso es cierto, Amalia será muy feliz al acompañarte —dijo mamá—, pero yo creo que es hora de que te dejes conquistar por una buena mujer, Athom —dijo mamá con total convicción—. Y no digas que tus prioridades ahora son otras, pues no te hemos criado para ser un maldito hombre millonario y frívolo. —Puede que para ser millonario sí, ya que no me quemé el cerebro en vano para heredarle una gran empresa —acotó mi padre haciéndome reír—, pero Athom, tu madre tiene razón en que no nos debes un voto de castidad, ya que queremos verte feliz y acompañado por alguien que te impulse a ser mejor cada día. Queremos verte haciendo una hermosa famili tal a como nosotros lo hicimos en su momento —rodé los ojos ante sus palabras, pues siempre era lo mismo cuando se trataba de mi vida amorosa, todos se daban con el derecho de opinar e intentar buscarme una compañera, la cual no quería en estos momentos, pues mi madre tenía razón en algo, mis prioridades estaban en Intelligent, en nada más. El ascensor por fin abrió sus puertas para mí, por lo que me subí y suspiré al notar que me había perdido en mis pensamientos por un momento, dejando de lado la conversación con mis queridos padres. —Yo sé que se preocupan por mí, pero créanme que estoy bien —dije de inmediato—. No tengo tiempo para nada en estos momentos, mucho menos para tener una relación amorosa, y eso no quiere decir que esté llevando un voto de castidad —aclaré al ver el rostro confuso de mamá—, ¿está mal que solo quiera dedicarme a la empresa y a mi futuro sustento económico? —pregunté a ambos, y pude ver como se miraban entre sí, intentando buscar una respuesta a aquella pregunta que les había lanzado—. Yo creo que no está mal, pues necesito trabajar en mis propios proyectos antes de construir otros con alguien más, y más aún si hablamos de algo tan serio como construir una familia. —Dios mío, este chico no tiene corazón, Finn—se lamentó mamá con un tono de voz divertido en dirección a papá, pero aún así su mirada me indicaba que entendía mi punto y lo respetaba, aunque sus deseos para mi estaban claros. —No sé a quién saliste, Athom… —bufó papá sonriendo de medio lado—. Yo siempre fui un maldito romántico. —Doy fé de eso —asintió mamá con la cabeza. Me reí ante sus comentarios y luego de un par de palabras más, me despedí de ambos, pues ya había llegado hasta mi oficina y tenía mucho por hacer, por lo que, aunque lo deseaba, no podía quedarme más tiempo hablando con ellos. Los extrañaba mucho, razón por la cual esperaba que volvieran pronto a Nueva Zelanda, ya que hace varios meses no tenía la dicha de estar con las personas que me habían dado la vida. —Buenos días, jefe —saludó un chico del área de desarrollo técnico al pasar a mi lado y yo le sonreí con amabilidad, como siempre. —Buenos días, Josh. Pasé de él y caminé hasta el cubículo de Ruby, pues quería ver mi agenda del día, pero mi sorpresa fue que no la encontré en su lugar de trabajo. Arrugué las cejas con confusión, pues aquella pelirroja solía ser muy responsable y puntual en sus horarios, por lo mismo era mi secretaria. —¡Ey, Josh! —llamé al tímido chico que siempre tenía buena disposición y que tenía entendido era muy cercano a mi fiel secretaria—. ¿Has visto a Ruby? —pregunté. Aquel chico castaño asintió con la cabeza y se acercó un poco más a mí para luego mover sus manos con nerviosismo. —Ruby, pues… —musitó despacio, lo cual me desesperó y alcé una ceja en su dirección, al borde de estallar, pues no me gustaba perder el tiempo—. Ella me avisó hace un momento que se había retrasado y que… —Está bien —dije cortando su posible vómito verbal—. Gracias, Josh —asentí con la cabeza. —A sus órdenes, jefe. Me di media vuelta y entré en mi oficina, decidido a avanzar mis tareas pendientes y revisar en mi agenda electrónica si es que Ruby había organizado mi día, pues no quería fallar en ninguna de mis citas programadas, ya que estaba en medio de un nuevo proyecto que sería lanzado dentro de nada, y todo debía salir excelente. Caminé hasta mi escritorio y sonreí al ver mi agenda de tapa negra encima, la cual estaba abierta, lo que solo indicaba que Ruby había dejado todo listo para que pudiera revisar mis citas pendientes. Después de todo, aquella chiquilla era muy responsable y organizada, cuestión que me ayudaba día a día a sobrellevar todas las tareas que me demandaban tiempo extra. Un extraño sonido me hizo encender las alertas y alcé una ceja con confusión al ver que tras el escritorio, justo sobre la cómoda silla de cuero, había una canasta de mimbre cubierta por una manta de lanilla. —¿Qué diablos? —me pregunté a mi mismo, sin entender bien qué era lo que estaba frente a mi. Me acerqué con cuidado, pensando en que, a pesar de ser la empresa líder en tecnología del país, mi seguridad era una mierda, pues ¿cómo eso había llegado hasta mi oficina sin que nadie lo notara?. Seguro tendría que hablar con el personal de seguridad para que pusieran más cuidado con quien entraba en mi oficina. Quise pensar que esto se debía a una broma de mal gusto por parte del maldito de Alexander, pero pronto un llanto resonó por toda mi oficina y me quedé petrificado en mi lugar, ya que no daba crédito a lo que mis ojos estaban viendo. Poco a poco acerqué mi mano hasta aquella canasta y moví la manta para observar que debajo de todo eso se encontraba un bebé que lloraba como si el mundo estuviera por acabar. Tragué saliva con dificultad y negué con la cabeza, intentando reaccionar, pues no podía ser posible que esto estuviera pasando. Di un largo paso hacia atrás, mientras el bebé continuaba chillando como loco. Tomé mi celular e hice lo primero que se me vino a la mente: llamar a Ruby. —¡Hola, jefe! —saludó ella pocos segundos después—. ¡Lo siento, lo siento! —dijo de inmediato. Se escuchaban claxones de automóviles al otro lado de la línea, por lo que supuse que ella aún no llegaba a la oficina—. Voy llegando a la oficina, se lo prometo. —Ruby, te necesito aquí ahora —espeté sintiendo un frío recorrer todo mi cuerpo al imaginar horribles escenarios como que dentro de aquella canasta hubiera una bomba, a pesar de que si eso fuera posible, el edificio entero estaría avisando que había materia explosiva dentro, pues teníamos sensores en todos lados—. No te imaginas lo urgente que es, ¡No sé qué hacer!. —¡Estoy en menos de cinco minutos con usted, jefe! —dijo apresurada. Finalicé la llamada rogando a Dios que mi secretaria llegara pronto, pues no sabía qué diablos hacer con un bebé aquí, y algo me decía que Ruby al ser una mujer dulce y paciente, podría ayudarme con este niño. Mientras esperaba por ella, una pregunta no dejaba de rondar por mi cabeza, y no entendía ¿de dónde venía este bebé?. Volví a acercarme a aquel canasto de mimbre que contenía al niño y una hoja al costado de su cabeza llamó mi atención, por lo que la tomé y mis ojos casi salen de sus órbitas al leer lo que ahí decía: “Athom Patel: Este bebé es hijo tuyo, su nombre es Asher y está pronto a cumplir seis meses. Aquí dentro hay un poco de ropa y pañales, del resto te pido de corazón que te encargues tú. Necesito que cuides de él, pues aunque quisiera, yo no puedo. Estoy segura que luego me lo agradecerás, pues es cosa de verlo para saber que es tuyo. Adiós, Athom” Alcé una ceja con confusión y volví a leer una vez más aquella nota escrita a mano y de una manera muy poco cuidada, en la que decía que este bebé que no dejaba de llorar, era supuestamente hijo mío. ¿Hijo mío? ¡Imposible! Mi vida s****l era casi que inexistente, a no ser por las pocas citas que Amalia o Alexander me conseguían de manera esporádica. No, este bebé no podía ser mío. Miré al pequeño niño frente a mí y de pronto, nuestros ojos se conectaron, mostrándome que los suyos eran idénticos a los míos, y a los que mi padre portaba. ¿A caso este niño sí tenía los genes de los Patel? ¡Mierda, mierda, mierda! ¿Qué diablos estaba ocurriendo aquí?
Free reading for new users
Scan code to download app
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Writer
  • chap_listContents
  • likeADD