Porque estoy muriendo… Aquellas palabras hicieron eco dentro de mí, y solo al ver a Madison a los ojos le creí, pues era evidente que estaba diciendo la verdad respecto a su estado de salud, después de todo, ella no tendría por qué mentirme, y luego podría confirmarlo con Amalia y Max. Los ojos de aquella castaña se llenaron de lágrimas y luego suspiró, mientras negaba con la cabeza y las lágrimas empapaban sus mejillas. Aquella mujer divertida que había conocido en aquella cita ya no estaba frente a mí, más bien, veía a una niña perdida y asustada. Además de que estaba pálida y los huesos de su rostro eran mayormente visibles, dándole un aspecto triste y de enfermedad. —Tengo cáncer de hígado, Athom, y ya se ha ramificado por todos mis órganos internos, por lo que es solo cuestión de

