DULCES MELODÍASCasi me parece sentir romper las olas sobre mi silla cuando despierto de mi sueño con los ojos abiertos mientras el camarero se está llevando mi taza vacía de la mesa. La cucharilla resbala del plato, me cae sobre las piernas y me doy cuenta de que no estoy realmente en la playa mirando el horizonte, sino dentro del bar y además retrasada para ir al trabajo. Así que me pongo en pie de un salto, haciendo caer la cucharilla al suelo, que resuena fuerte y estoy a punto de chocar con el propietario del local, que lleva en la mano una bandeja llena de tazas y vasos sucios. Pido perdón, mientras a su vez el camarero hace lo mismo por haberme manchado con el café, pero en este momento mi única prioridad es la de irme aprisa y llegar a tiempo al consultorio, para no tener que recup

