CAPÍTULO 16EL SILENCIO SONORO Salgo de la iglesia y recupero así la consciencia de la realidad que me rodea, en medio de los turistas que vagan con los ojos abiertos de par en par delante de tanto esplendor y que se mueven en todas direcciones. Me acuerdo de que he apagado el móvil, así que lo primero que hago es reactivarlo y compruebo de inmediato si ha llegado algún mensaje, esperando ver alguno de él. Nada. Aunque me desilusiona el silencio del móvil, pienso que tal vez tenga ahora mucho trabajo, así que me dedico a mí misma y empiezo a ir de tiendas entre los escaparates iluminados y las calles dedicadas casi exclusivamente a los peatones. Con la excusa de oír un poco de música, pero sobre todo por miedo a no oír la llamada por el ruido de la calle, me pongo los auriculares y me aís

