CAPÍTULO 17EL VIAJE LEJANO Mi vecino durante el vuelo es un hombrón corpulento, con dos grandes brazos y un tamaño tal que invade parte de mi sitio. Tiene ganas de hablar sin parar todo el viaje, pero habla un inglés tan cerrado que me cuesta seguir su ritmo y le respondo a media voz solo un par de veces. Solo se interrumpe para ir al baño y para saborear el vino blanco que ha pedido tras el desayuno traído por la azafata. Unas pocas filas más adelante oigo reír y bromear a mis dos colegas durante todo el vuelo y cada cierto tiempo se giran para tratar de salvarme de una compañía no precisamente agradable, pero sin acercarse, volviéndose y mostrando sonrisas de circunstancias y alzando los hombros cada vez. El avión está completo y no hay manera de cambiar de puesto ni siquiera en altura,

