POV Amelia
¡Al fin terminó mi graduación de secundaria!
La gente comenzó a salir del auditorio y muchos estudiantes se hicieron selfies, Ari me haló del brazo y pegó su mejilla a la mía. Chilló «zorris» y varios flashes me iluminaron la cara. Salimos haciéndonos fotos con algunos compañeros, me abrí la toga y el vestido azul de lurex brilló entre la oscura toga.
—Voy por Liss para que nos tome fotos con la cámara —avisé a Ari, quien ya iba corriendo hacia un grupo de chicos con los que jugaba cartas en los recesos.
—Dale, dale. Estoy aquí con Kyle —dijo mientras hacía un mohín de boca de pato y se tomaba la foto con el chico.
Di saltitos esquivando a la multitud de padres que esperaban a sus hijos recién graduados para darles una de las más grandes felicitaciones. Traté de ver por encima del gentío y no localizaba el vestido rosa de Liss o el blazer de hilos dorados de Khaled.
Una mano se cerró en mi brazo y di un brinco, volteé y era mi mamá, quien me dio un abrazo y me cargó por varios segundos.
—¡Mami! Al fin doy con ustedes —hablé alzando la voz, porque el murmullo de las demás personas ensordecía, y me separé un poco para verle la cara.
—Mi niña, felicidades, déjame ver tu medalla y tu diploma...
Le guindé la medalla en el cuello y saqué el diploma junto con el título del estuche cilíndrico.
—Qué orgullo, Amelia, felicidades, mi niña hermosa —felicitó, repartiendo besos en mi rostro.
—Gracias, mami, ¿y Liss? ¿Y los demás?
—Están por allá —señaló hacia un espacio donde las flores y los árboles coloreaban parte de las paredes del edificio y caminamos hasta allí.
—Me robaré a Liss para que me tome unas fotos.
—Anda, mi niña, nosotros esperamos aquí para tomar más fotos... No te tardes tanto.
Me acerqué hasta el extraño grupo improvisado, donde Khaled y Nyx estaban a pocos centímetros, y mi adorado novio se comportaba como un total caballero. No podía esperar menos de él, pues desde que habíamos revelado nuestra relación, Nyx se encargó de mostrar su afecto en mínimas pero firmes y claras proporciones frente a cada uno de nuestros conocidos, allegados y seres queridos. Desde llegar tomados de la mano a mi casa o al hotel de Khaled cuando íbamos a buscar a mamá, o hasta un beso en el dorso de la mano, comisuras o directo en la boca.
Y por fortuna, nadie dijo nada. Nadie reclamó ni lo vio como inadecuado.
«Y hubiese sido tan ilógico...».
Me lancé sobre Liss y me cargó en el aire dando varios giros, y vi las caras felices de mis queridos invitados.
—¡Iiih! Chiquita, felicidades ¡ponte allá para tomarte fotos! —Me soltó y me comenzó a dar empujoncitos hacia la pared floreada.
—¡Enhorabuena, Amy! —celebró Khaled y me apartó de los empujones de Liss, me dio un abrazo sobre los hombros, al tiempo que dejó un beso en mi cabello.
—Gracias, Khal... —correspondí el cariñoso abrazo y me soltó.
—Chiquita... —chilló Liss y me tomó de la mano para acercarme más a la pared floreada.
—Déjala, Liss, Dios... —se quejó Nyx y me dio un abrazo y un beso en la mejilla, ignorando los chillidos de Liss a su espalda—. Felicidades, mi Amor, un escalón menos. —Sonrió galante y me dio un beso más. Juntó sus labios con los míos, tan amoroso y delicado, que terminé algo sonrojada.
—Gracias, mi Cielo —respondí, embelesada—. Voy con Ari un momento, para tomarnos fotos antes que se vuelva loca, ya debe estar desesperada...
—Dale, Amor, tarda lo que quieras. —Me soltó y me llevé a Liss a rastras.
Liss nos hizo fotos a Ahrianna y a mí juntas, por separado, con y sin los birretes y las togas. Mamá se acercó, me devolvió la medalla y se tomó una foto entre las dos y luego le tomó fotos a Liss con nosotras dos. Tenía tiempísimo sin tomarme tantas fotos, de hecho, desde aquellas que le mandamos a la "ex" de Nyx. Mi sonrisa se hizo más ancha y auténtica al recordar eso y con mi celular hice una selfie donde salíamos las cuatro.
Ari se despidió de nosotras y nos reunimos con Nyx y Khaled.
«Oh por Dios. ¡Los dejamos solos!».
Al acercarnos estaban hablando.
«¿Hablando? ¿De qué podían estar hablando?».
Me apresuré a acompañarlos y Liss dijo que me colocara entre ellos para hacernos una foto. ¡Dios! Qué situación tan extraña. Obedecí y traté de sonreír lo más natural que mi cara expresó. Nyx se hizo a un lado por órdenes de Liss y me tomó un par de fotos más con Khaled, luego mamá posó ante el lente, su celular comenzó a sonar y atendió la llamada con desconcierto, se excusó y le dijo a Nyx que posara conmigo.
Nyx —siendo Nyx, cabe acotar— me abrazó por la cintura y pegó su mejilla a la mía y Liss tiró un primer flash. Luego se situó detrás de mí con sus brazos rodeando la parte más delgada de mi torso y Liss —muy emocionada— tiró otro par de flashes más. Por último, Nyx me pidió que me colocara sólo el birrete, obedecí y él me cargó por los muslos hasta quedar más alta que él. Alcé mi portadiploma y sonreí orgullosa, mis dos grandes orgullos estaban en una misma fotografía.
Nyx me bajó y pegó su frente a la mía y de la nada vi a Khaled situándose rápido delante de nosotros como una enorme muralla, dándonos la espalda.
—Ya, cálmate que este no es el lugar —exigió la grave voz de Khaled y se paró al frente de alguien.
—¡Qué te sucede! No seas alcahueta, Khaled —dijo la voz al otro lado y de inmediato la reconocí.
Intenté moverme al frente y Nyx me pegó hacia las enredaderas floreadas. Esquivó a Khaled y no lo vi hasta que me situé al lado del Moreno. Mi papá estaba furioso, con los ojos inyectados de sangre y los puños tensos y pálidos. Mamá lo estaba deteniendo del brazo y él forcejeaba para que ella lo soltara.
«No puede ser… ¡No puede ser!».
—Nyx, Nyx. Quieto. —Khaled se interpuso entre Nyx y mi papá, sosteniéndolos por los hombros, pero más centrado hacia mi padre, que parecía estar al borde de un ataque de ira y que en cualquier momento se zafaría del agarre de mi madre.
—Yo estoy tranquilo, pero si este señor toca a alguien, no respondo por mis actos —amenazó Nyx con total naturalidad.
—Hombre, calmado —pidió Khaled y se colocó delante de él, dándole la espalda nuevamente.
—Te voy a tocar a ti, mocoso igualado —escupió papá y Nyx se sobresaltó. Lo tomé por un brazo y él se tensó ante mi agarre—. Maldito degenerado, conquistando a mi hija como si fuese cualquier persona… ¡No vas a estar con ella!
—Papá, lárgate, tú no tienes nada que hacer aquí —reproché y papá pareció enfurecer más.
—Leyla, ¿qué pasa contigo? ¿Cómo permites que Amelia haga esta desfachatez? ¿Cómo apoyas esa maldita relación entre el muerto de hambre y nuestra hija?
—Geralt, te callas que tú no tienes moral para hablar de desfachatez. Vete de aquí —habló mi mamá, enojada y con las mejillas enrojecidas.
—Vengo a ver a mi hija en su graduación y la consigo así, besándose con la maldita escoria esa.
—¡Es mi novio! —grité y alcé la mano donde lucía el anillo de promesa que me había regalado hacía más de un mes—. Y seguirá siendo mi novio, ¡te guste o no!
Papá palideció y se soltó de mamá, Liss corrió hacia él y no pudo siquiera tomarlo por la ropa, porque papá ya estaba forcejeando con Khaled, quien se interpuso entre Nyx y mi padre. A Nyx lo agarré con fuerza y lo halé con mucha dificultad hacia atrás.
—Nyx, ¡ni se te ocurra!
—Amelia, suéltame, que se lo está buscando —gruñó y trató de separar mi mano de su brazo—. Suéltame, no quiero lastimarte —insistió.
—Basta, Nyx, no hagas nada loco, por favor —exigí y lo agarré por la cara. Estaba tan enojado que los ojos los tenía muy abiertos y se marcaban unas delgadas líneas rojas en ellos—. Por favor, Nyx. Por favor. Por mí.
Él tragó saliva y me agarró las manos, las retiró de su cara y me dio la espalda.
Khaled había alejado a papá de nosotros a empujones, algo que me ayudó a respirar más calmada y Nyx se tronó los dedos, uno por uno, con demasiada calma que no se reflejaba en su semblante, se quedó viendo a mi padre que vociferaba maldiciones y demás improperios hacia él.
—Nykolas, cómo lo siento —calmó mamá, pasando sus manos por los brazos de Nyx. Él no reaccionó sino pasados varios segundos donde relajó los puños y la postura.
—No es su culpa, señora Leyla. Era algo que iba a suceder.
—Vayan, adelántense al auto —sugirió mamá y trató de girar a Nyx, pero él permaneció quieto y negó con la cabeza.
—Vayan, vayan ustedes. Voy a esperar a Khaled.
—Nyx, por Dios.
—Señora Leyla, no voy a pelear con nadie y menos aquí. Llévese a Amelia y a Lissandra.
—Okey, okey. Amelia, vamos —ordenó mamá y comenzó a caminar.
Ni loca me iba a mover de ahí. Conocía a Nyx y sabía que iba a hacer una locura o una enorme estupidez.
—Mami, yo me quedaré con Nyx, no puedo dejarlo so-...
—Amelia —interrumpió él y me observó con la mirada entrecerrada, mostrando un regaño implícito.
—No te voy a dejar solo, estás enojado, furioso —enfaticé.
—Ajá, ve con tu familia ahora, Amelia.
—No.
Mamá nos observaba como si fuésemos un partido de tenis, me quiso agarrar de la mano y la esquivé. No iba a dejar a mi novio solo y menos cuando sabía cuan enojado estaba.
—Mami, ve, yo resuelvo esto con Nyx.
—Mami, vamos —dijo Liss y se la llevó a empujoncitos, como era costumbre en ella.
Nyx se acercó hasta donde mi padre discutía con Khaled y a papá se le volvió a tensar el cuello y las manos apenas vio a mi novio acortar las distancias. Se le enrojeció tanto el rostro que parecía que iba a estallar allí mismo.
Khaled sujetó a mi padre y se mantuvo alerta ante los movimientos de Nyx, y yo me quedé a su lado, quizás no tendría suficiente fuerza para detenerlo, pero al menos iba a entorpecer cualquier movimiento brusco que hiciera.
—Khaled, gracias por tu intención, pero déjanos solos. Sé defenderme —pidió Nyx, sonando sereno pero hecho un demonio.
—Y ese es precisamente el motivo por el que estoy deteniendo a Geralt.
Nyx rió, inoportuno y sarcástico y eso enfureció más a mi padre, que gruñó y forcejeó con Khaled para acercarse a Nyx.
—Hombre, te estoy ayudando, no seas necio, Geralt... Por tu hija que la tienes enfrente —regañó Khal, serio y ya un poco fastidiado por la situación.
El corazón me dio un vuelco ante los ojos azules de mi padre y éste pareció entender lo que hacía y se tranquilizó un poco. No forcejeó más, pero se acomodó el saco a tirones, aún rabioso.
—Bien, no le voy a romper la cara...
Khaled soltó a mi padre y dio varios pasos hacia atrás, me hizo señas para que me quedara con él unos minutos, no obstante me negué, pues no pensaba dejar solas a ninguna de las dos figuras masculinas más importantes de mi vida.
Nyx se limitó a sonreír y a balancear los brazos, inquieto e infantil.
—Mira, Geralt, tienes todo el derecho de estar enojado y de querer patearme el culo —comenzó Nyx—, pero este no es el momento ni el lugar —aclaró y dejó de mecerse.
—Pero es que el carajito este aparte de caza fortunas, es cínico —respondió papá y dio un paso al frente, que me puso nerviosa y me adelanté frente a Nyx.
—Mira, insúltame lo que quieras —respondió Nyx calmado—, pero no arruines este momento tan importante para tu hija.
—Y tú aléjate de ella y no le arruines la vida. Tú no eres nadie para ella. No puedes estar con ella, no puedes relacionarte con alguien tan superior a ti, malnacido arrastrado.
«¡No se lo voy a permitir!».
—¡A Nykolas lo respetas tanto como a mí! Me —participé, capturando la atención y el asombro de mi padre—. Estás muy equivocado, padre. —Él me miró sorprendido, quizás pensó que me quedaría callada, pero no iba a permitir que ofendiera a Nyx frente a mí. Mi novio no diría nada por respeto, pero yo sí hablaría.
—Amelia, ¿qué coño pasa? ¿Esta es otra de tus rebeldías de carajita caprichosa? ¿Te crees muy madura para relacionarte con este tipejo? Tú no eres así, y no debes estar con alguien así. Mereces a alguien mejor.
—No me importa cómo lo veas. Solo respétame por una vez en tu vida y déjanos tranquilos, déjanos ser felices.
Mi padre rió burlón y respondió:
—Que te fueras con tu madre fue de las peores decisiones que has tomado. Libertina y sin futuro, pensando en una supuesta felicidad que este idiota será incapaz de brindarte…
—Todo lo que digas, Geralt. Pero déjala, déjanos en paz —pidió Nyx gélido.
—Voy a ir al apartamento y hablaremos los tres, Amelia. Te juro que no voy a dejar que te arruines la vida con éste —avisó despectivo mi padre y sentí ganas de empujarlo por tan horribles palabras.
—Vete. ¡Vete de una vez! —grité y Nyx me agarró por los brazos.
Sentí náuseas y el rostro acalorado, papá negó sin decir nada, se dio la vuelta y comenzó a alejarse de nosotros. Nyx me giró y me abrazó con fuerzas. Sentí su pecho llenarse de aire y exhaló rápido un par de veces.
—Ya, ya pasó, Sirena.
—¡Lo odio, Nyx! ¡Lo odio! —sollocé y Nyx me levantó la cara.
—Ni se te ocurra llorar, Amor. Te vas a arruinar el maquillaje y allí si me tocaría ir a darle una lección a tu padre —bromeó y sonrió, me sopló la cara y el calor fue disminuyendo.
—¿Cómo...? ¿Cómo te controlas?
—Esta vez tuve... Este es tu día irrepetible, debe salir perfecto.
—Eres único, Nyx —bisbiseé y me limpié la nariz—. Lo siento mucho, Nyx. Pensé que por fin todo iba a ser normal entre nosotros. Pensé que ya no habría nada que se interpusiera entre nosotros.
—Un obstáculo que nos faltaba... Lo solucionaremos. Tu padre me aceptará tarde o temprano. Pero lo hará —aseveró.
—V-vale…
Pero no se me olvidaba el juramento de mi padre, asegurando que Nyx y yo no estaríamos juntos para siempre.
*Al día siguiente*
Eran casi las cuatro de la tarde y los chicos se estaban despidiendo de mi mamá para irse. Liss y yo bajamos con ellos en el ascensor, Nyx, Ari y yo nos bajamos en el estacionamiento y Liss siguió hasta planta baja con Dario para que tomara un taxi. Había sido una celebración muy especial para recordar en unos años.
—Dejaré a la Darks en su residencia —avisó Nyx antes de darme un beso.
—Vale mi Cielo... Me avisas cuando estés en casa.
—Ay, ya, ya. Lo que tengo que aguantar para no pagar un taxi. —Manoteó Ari, lo que me hizo reír mucho.
—Sigue y te tocará volver caminando a casa ¡eh! —amenazó Nyx jocoso y la señaló con un dedo—. Ya dije... Dios, es insoportable....
—Tonto. Te quiero. Me escribes —me despedí y él se subió a la motocicleta.
—Te amo —articuló sin emitir sonidos y le dio el casco a Ari.
Ella subió y Nyx arrancó despacio, hasta que lo vi descender por la sutil bajada en espiral de la salida. Marqué el ascensor —que estaba detenido en planta baja— y esperé un par de minutos a que subiera?
«Qué raro».
El ascensor por fin se movió y abrió las puertas frente a mí. Casi me caigo para atrás cuando vi que Liss estaba dentro y acompañada.
—Chiquita... —susurró Liss incómoda.
—No pienso subir.
—Amelia, vamos —ordenó y la grave voz de papá me estremeció.
—¡No! Has sido malo conmigo y...
—Ya no está el imbécil ese para entrometerse —gruñó y me haló del brazo hasta que entré en el ascensor.
—¡Dios! No quiero hablar contigo —chillé exasperada, me escurrí de su mano y el ascensor cerró las puertas luego que papá le diera comando.
—Vamos a hablar todos, como familia y dejar claros algunos puntos.
—No hay nada que aclarar contigo. Habla con mamá en tal caso —refunfuñé y me aparté de su lado.
El ascensor abrió en el apartamento y salí furiosa, mamá estaba en la sala y se sobresaltó al verme echando rayos por los ojos y antes de abrir la boca y preguntar qué sucedió, papá iba tras de mí y se quedó estático al ver a mi mamá.
—Amelia ven, vamos a hablar y aclaremos varias cosas.
«No puede ser. ¡No!».
—Mami, yo no tengo nada que hablar con él. Si lo he estado evitando todos estos meses, fue por algo.
—Se ha pospuesto demasiado, Amelia —sentenció y se puso de pie—. Vamos a hablar, siéntate.
—Pero mami...
—Amelia, colabora.
De mala gana me acerqué al sofá, refunfuñando y apretando los puños a cada paso que disminuía la cercanía entre papá y yo. Me senté al lado de mamá, que había regresado al mueble y papá arrimó un sillón al frente de nosotras. Liss pasó casi corriendo a su recámara y nos dejó a los tres solos.
—Amelia, ¿por qué ese tipo tan oportunista? ¿Por qué...? —cuestionó papá, con las palabras cargadas de veneno, y lo interrumpí.
—No te refieras a él así. Él no ha sido interesado conmigo en ningún momento.
—De tantos buenos muchachos, de buena familia y costumbres vas y te lías con esa escoria... Que sólo va detrás de ti esperando aprovecharse —prosiguió desdeñoso.
—Si vas a hablar de forma tan denigrante, me retiro —corté y me puse de pie.
—Geralt, basta. Aquí no estamos para escuchar insultos —objetó mi madre y me haló por un brazo para que tomara asiento de nuevo. Obedecí y me crucé de brazos.
—Es un cazafortunas, Leyla. ¿Cómo permites que esa aventura sin futuro continúe? —Apenas escuché tales juicios llenos de desprecio y equivocación, resoplé, sabiendo que estaba perdiendo la poca paciencia que me quedaba. Mi padre lo estaba haciendo muy difícil para mí.
—Ese muchacho es una excelente persona, Geralt —defendió mi madre y me quedé boquiabierta—. Así que una palabra más y te pediré que te retires de mi hogar.
«¡Bravo mami!».
—Leyla, no me dirás que el... muchacho es un pan de Dios —rezongó papá y nos miró a ambas irritado.
—Quizás no lo es. Pero ha hecho y demostrado mucho por Amelia.
—Pues yo no lo acepto —decretó y se cruzó de brazos, inclinando el torso hacia atrás de manera prepotente. Como si a su palabra le sobraba autoridad dentro de mis decisiones.
—Tus opiniones dejaron de tener valor en cuanto me agrediste —señalé, recordando sus maltratos.
—Amelia, cálmate. —Mi madre me tomó de la mano y me observó con un gesto duro. Cerré la boca y bajé la cara, era mejor quedarme callada si no tenía nada bueno que decir.
—Amelia entró a esa escuela sólo para volverse altanera. Mírala como me trata.
—No te victimices, Geralt. Tú no has actuado bien —recordó—. Y si yo permito que ella comparta con Nykolas es porque tengo la certeza —pronunció con énfasis— de que él tiene buenas intenciones. —Mamá sonó clara y serena, segura de su juicio. Y no tenía que dudar, Nyx había puesto un anillo en mi mano para formalizar nuestra relación, un hecho que colocaba los cimientos de un maravilloso porvenir a su lado. O al menos eso quería yo.
«Mamá está demostrando que ella es la que manda».
—¿De verdad, Leyla? ¿Lo estás defendiendo? —espetó papá, asombrado y se arrimó hacia adelante. Con los ojos azules más abiertos de lo usual y las cejas tupidas en arcos.
—De verdad, Geralt. Si te quieres acercar a tu hija y tener una sana convivencia, más te vale poner de tu parte. No puedes estar reclamando cada día que quieras acercarte.
«¡Eso mami!».
—¿Vas a dejar que tu hija salga con ese tipo? —insistió papá y mamá resopló, fastidiada.
—Sí, voy a dejar que salga con Nykolas. Si te agrada, bien y si no, también. Pero no voy a permitir que sigas faltándole el respeto y menos cuando no está para defenderse.
—Bien —espetó irritado y se recostó del espaldar del sillón—. Pero no quiero verlo aquí cuando yo venga. Me voy a enojar mucho y...
—Ay, ya, ya —tajó el discurso—. Aprovecha el tiempo con tus hijas y pídeles disculpas.
—¿Puedo irme a mi habitación? —pregunté con timidez, más calmada, porque mamá había dicho lo justo y necesario para poner a mi padre en su lugar y sin ser ofensiva.
—Me gustaría hablar contigo Amelia —pidió mi papá más sosegado, sus ojos siguieron mi rostro y miré a mi mamá rogando que contestara mi pregunta.
—Habla con tu padre primero.
—Pero mami...
—Unos minutos. Y calmada —ordenó.
—Está bien.
Mamá se levantó no sin antes darme un beso en la sien. Papá se masajeó entre los ojos y se pasó al mismo sofá donde yo estaba.
—Amelia... ¿Por qué él?
—¿Vas a comenzar así? —cuestioné irritada.
—Hija, por favor... Reflexiona. ¿Crees que eres feliz con esa ilusión que te hace sentir ese tipo? Es un vividor, un don nadie, no te merece…
—Yo no soy la que tiene que reflexionar ¿okey? Nykolas y yo nos amamos, él y yo vamos a luchar por nuestro amor, porque e-es amor, estoy segura de eso, y no puedes juzgarlo de esa manera tan cruel e inhumana…
—No me gusta para ti, él solo traerá problemas a tu vida... Tú tienes que apuntar alto.
—¿Problemas? Nyx me ha ayudado tanto con mis problemas, en serio no tienes idea de quién es él…
—¿Supones que no lo conozco? Lo conozco más de lo que crees, porque hay que estar muy desesperado o tener muy poca moral para las cosas que ese tipo ha hecho en su vida. La que no lo conoce eres tú, y te hará daño, ya lo verás.
—Eso es mentira, no seguiré hablando contigo, padre —rabié, enojándome con sus hirientes palabras.
Él no sabía absolutamente nada de Nyx.
—Te acordarás de mí cuando llores por culpa de ese malnacido —sentenció soberbio.
—Te digo que no voy a hablar del tema contigo. No quiero hablar contigo —zanjé, sintiendo el calor en la cara—. Tampoco quiero verte —espeté y la sangre me hervía—. Estoy tan enojada contigo que no me veo compartiendo el mismo aire y ya no quiero seguir…
Mi padre me tomó de las manos y fijó sus ojos en los míos, los ojos que heredé.
—Hija, yo solo quiero lo mejor para ti, y te pido perdón, porque tal vez yo te hiera para evitarte un mal mayor —habló y sentí un nudo en la garganta.
—N-no —titubeé y los ojos se me llenaron de lágrimas—. No quiero continuar hablando contigo —solté y las lágrimas corrieron por mi cara.
Me solté de él y corrí hasta mi habitación, donde me encerré con seguro en la puerta. Me hice un ovillo en mi cama mientras lloraba y odié que aún pudiese lastimarme. Odié que su mente fuese tan cerrada y que quisiera tener poder en mis decisiones. Él no tenía derecho, yo ya no vivía con él. Él dejó de verse como un padre para mí cuando su egoísmo le cegó la lógica paternal.
Tanteé bajo la almohada en busca de mi celular, y con los dedos temblorosos busqué a Nyx en mis contactos.
—¿Nyx? —sollocé, esperando oír su voz tranquilizadora al otro lado de la línea.
—Acabo de llegar a casa, Sirena hermosa.
—Lo odio, Nyx, lo detesto demasiado...
—¿A quién, Amor? ¿Por qué lloras? —averiguó con la voz neutral, pero su respiración se escuchaba agitada.
—Papá llegó en cuanto se fueron y... —hipeé y volví a llorar.
—Vale... —resopló.
—Y comenzó a... —Las lágrimas no me dejaban hablar.
—Amor, respira y trata de calmarte. ¿Sí?
—Dijo muchas palabras horribles, Nyx, que tú eras un cazafortunas y mamá y yo te defendimos porque sabemos que no es así —expliqué entre sollozos e hipidos.
—Nena, tú bien me conoces y sabes que nada de eso es verdad —comentó tranquilo—. Tu padre sólo está preocupado por sus intereses...
—Me pidió perdón por el daño que me hará para alejarme de ti —interrumpí, con la voz tan débil que dudé que me había escuchado.
—¿Qué?
—No nos quiere juntos, Nyx. Prefiere hacerme daño antes que verme feliz contigo —sollocé.
—Amor, no nos dañará, yo te protegeré siempre.
—Su único problema es que… es que según su perspectiva, tú no eres como yo.
—Su maldito problema es que yo no vivo en una mansión, ni tengo carros de lujo, ni despilfarro dinero como él… pero no te preocupes, que tal vez sí soy un maldito arrastrando muerto de hambre, pero no lo seré para siempre, y tampoco necesito tener nada de lo que él te da para hacerte feliz. Sé lo demostraré.
—No tienes nada que demostrarle.
—Tal vez no, pero tampoco me quedaré de brazos cruzados esperando su puñalada. Tu padre podrá ser Geralt Goldman, el magnate de Hoteles Goldman, pero si quiere guerra con Nykolas Hedderich, guerra tendrá.