«Cualquier cambio, incluso un cambio a mejor, llega acompañado de malestares e inconvenientes».
Arnold Bennett
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POV Nykolas
Los nervios me devoraban las entrañas, y es que lo que hizo Hayter había sido una jugada cruel. Citarme a SoulPlate sin decirme el motivo podía encerrar desde una simple reunión de actualización de equipo, pasando por una revisión de contrato o hasta los resultados del curso de ascenso.
Amy iba en el ascensor conmigo, y no dejaba de acariciar mi mano, y aunque me sudaban las palmas, a ella no pareció desagradarle. Salimos al lobby y cruzamos el umbral de entrada con prisa, y Amelia me instó a detenerme cuando iba a saltar sobre la moto.
—Cielo, cálmate. No puedes manejar así. Respira profundo —pidió, con sus manos sosteniendo mi cara.
—Hayter es un maldito desgraciado, ve lo que causa…
Trazó una larga caricia de mi cara a mi pecho, y terminó tomándome de las manos.
—Bueno, pero no puedes dejar que eso te altere. ¿Quieres que vaya contigo? —preguntó y pegó su boquita a mis nudillos—. Sabes que si yo supiera conducir, te llevaría…
No pude evitar reírme y plantarle un beso. Mi novia era una compota de melcocha.
—Un día te enseñaré a manejar, ¿okey? —Asintió varias veces y sonrió conmigo—. Bueno, iré despacio. Te llamaré cuando salga de allá.
—Te amo, todo saldrá bien —animó mientras alisaba mi ropa.
—Te amo más.
«Te amo más, te amo más…».
Llegué a SoulPlate, y casi corrí por las escaleras… Bueno, subí muy rápido porque no quise esperar en la fila para usar el elevador. La secretaria, Daiana, me dijo que pasara a ver a Hayter porque me esperaba, y cuando abrí la puerta de su oficina, el tipo estaba sentado sobre el escritorio.
—Hayter, llegué.
—No lo había notado. Pasa, siéntate.
Sarcasmo. Me cayó como un shot de vinagre.
—Dime que son buenas noticias —largué, un tanto obstinado y el tipo hizo una mueca de pesar—. Puta madre… —murmuré.
Me senté frente a él y quedé más bajo en altura, por lo que él apenas movió la cabeza para mirarme a los ojos.
—Es relativo. Depende de cómo lo mires.
—Por favor, sin rodeos, Hayter.
Le salió una media sonrisa y asintió.
—Felicidades, ahora serás niñera de guardias.
Se me quitó la piel de gallina al instante, sonreí aliviado y celebré con los brazos en el aire. El salario de ese cargo me iba a ayudar mucho. Y ni hablar de las vacaciones, ¡podría irme de viaje con Amelia!
—Debes entregar tu arma y el chaleco. Mañana te presentas con el inspector de campo, Foreman…
Presté atención a su discurso, porque tal vez fuese la última vez que me hablaría con condescendencia, y de cierto modo, estar a su nivel en la estructura organizacional de la empresa no me daba alivio. Porque no pretendía que él se convirtiera en mi colega, sino en un mentor, así como Curtson. Y en estos pocos segundos que supe de mi ascenso, no me sentía en la capacidad de responsabilizarme de varios agentes.
A decir verdad, me daba pánico.
Cuando finalizó, me felicitó por mi esfuerzo, y dijo algo que agradecí mucho, y se lo hice saber. Su apoyo y disposición a ayudarme si lo necesitaba.
«Necesito darle las buenas nuevas a mi Sirena».
Salí de su oficina, analizando y divagando en todo el mundo que se abría ante mis ojos, y encontré a Daiana, de pie, regando una de sus plantas junto a su escritorio.
—Creo que eres el nuevo supervisor. Felicidades —dijo al girarse hacia mí.
—Gracias. Ahora nos veremos más seguido.
—A diario, querrás decir —aclaró y sonrió amplio con la cabeza un poco ladeada.
—Sí… De hecho… Me gustaría preguntarte varias cosas, pero seguramente ya estás por irte y debo ver a alguien más…
—Si quieres te espero en el bar de la vuelta y tomamos algo, ¿te parece?
—No puedo, tengo un compromiso… Bueno, podemos hablar mañana, porque vendré temprano para organizarme, aunque no estoy seguro si estaré muy ocupado, o tú lo estés.
«O mejor le digo a Hayter. Total, quién mejor que él para decirme cómo se maneja esto».
—Está bien, mañana temprano puedo ayudarte a organizar tu oficina —se ofreció.
Y no la pude rechazar, noté su buena disposición para ayudarme. ¿Tanto se me notaba la inexperiencia y el temor?
—Gracias. En serio.
—Si te gustan las plantas, te puedo traer una, tengo unas suculentas pequeñitas muy lindas —explicó y las recreó con las manos, amasando el aire como una bolita.
—No son lo mío, pero seguro se verá bien en el escritorio. Bueno, nos vemos mañana, Daiana.
—Hasta mañana, Nykolas.
Seguí hacia las escaleras y subí hasta el sexto piso para ver a Curtson. La secretaria de allí me anunció y el director no tardó en recibirme. Al verme, me dio una palmada en el hombro y unas carcajadas graves y ordinarias resonaron en la oficina.
—El niño lo logró. Puntaje perfecto, por cierto.
—Guau. Ni yo me lo creo, pero le debo mucho a usted. Gracias.
—¡Ja!... Eres el supervisor más joven.
—Eso no me hace sentir muy bien… ¿Y ahora qué?
—¿Y ahora qué? —repitió y se sentó en la esquina del escritorio—. ¿Hayter no te explicó?
—Sí, sí. Que vaya mañana con el inspector Foreman y él me «ubicará en tiempo y espacio».
—Bueno, ya tienes bastante con eso. A Foreman le gusta el trabajo limpio y al día. Le dará igual si eres enano, verde o marica. Solo haz tu trabajo y te tendrá en buena estima.
—Vale, captado.
—Daiana sabe mucho, apóyate en ella.
—Hayter también me brindó su conocimiento en caso de necesitarlo…
—¿Ya ves? Lo harás bien. Y con respecto a lo del inventario que desaparece, te estaré avisando, porque no ha sucedido de nuevo.
—Vale, sabe que no oigo, no veo y no hablo.
—Sabio el niño… ¿Una de Buchanan's?
—Usted no deja que yo lo sorprenda…
—Estoy muy viejo para las sorpresas. Prefiero escoger.
Sonreí con los labios apretados y estreché su mano.
«Viejo alcohólico que quiere saciar su vicio con mi bolsillo».