Valor

1081 Words
«O todo el mundo está loco o yo soy sordo». Sácame de aquí Canción de Enrique Bunbury ***** POV Amelia «¡¿Es que no le importo?!». Lloré en todo el trayecto a casa, y el conductor de Uber quiso tranquilizarme con una labia rebuscada y denigrante hacia Nyx, que más que sosegarme, me estaba incomodando más, y además, ¡qué se supone que me iba a consolar, si mi novio me había terminado! Y no solo era tristeza, ¡era enojo! En un concepto más práctico, ¡me echó de su casa y de su vida! Me dio vergüenza entrar al edificio, porque apenas me vi en uno de los ventanales frontales tipo espejo, vi mi cara roja e hinchada. Esperé afuera, tratando de sosegar mis gimoteos, pero había oscurecido muy rápido y cada vez había menos personas transitando por la acera. Busqué ánimo para entrar al lobby de la residencia y el portero abrió la puerta de cristal, soltó su acostumbrado «Buenas noches», el cual traté de responder pero seguí de largo hasta los ascensores. Se me estaba cayendo la careta de tranquilidad. Hasta en el ascensor iba sollozando, me fue imposible detener mi llanto cuando solo quería ahogarme en el. No lo entendía, realmente no entendía la actitud de Nyx. Tanto amor que me profesaba, y terminó conmigo de la manera más cobarde y manipuladora que jamás había visto. ¡Como si yo me iba a doblegar ante él! ¿Acaso no podía entender la prisión en la que había vivido? Él vio de primera mano todo lo que pasé con mi padre, para que ahora quisiera imponerme órdenes. ¡Y cómo se le ocurrió gritarme! Ya no aguantaba gritos de mi padre, menos tenía que soportar los gritos de otra persona. Entré al apartamento en silencio, respirando profundo y limpiando mi cara de restos de lágrimas y lagañas, y al llegar a la sala escuché pasos hacia el pasillo, era mi madre quien caminaba por allí. El corazón me dio un salto al verla, pero traté de arreglarme un poco la ropa y calmar mi ánimo. —Amelia, ¿qué pasó? —Mami, ¡perdón! No debí irme así, pero es que sentí miedo de papá y reaccioné así, no sé —chillé y me lancé a sus brazos. Me descontrolé de nuevo, llorando a moco tendido sobre el pecho de mi querida mamá. Ella me abrazó con suavidad y murmuró «tranquila, mi niña» varias veces. Los brazos de mi mamá siempre estarían abiertos para mí. —Amelia, no contestabas tu celular y Nyx tampoco, ni los mensajes le llegaban… —mencionó con preocupación. —Se le dañó… —inventé, gimoteé sobre su pecho y cerré los ojos con fuerza. —Está bien, ya pasó… Pero igual estás castigada. —¿Castigada? Mamá, ¿qué más castigo que Nyx me haya terminado? —sollocé y ella me alzó la cara con suavidad. —¿Por qué? —Es que f-fui a conocer a su familia en Alberto, algo así se llama la ciudad, y yo no le dije que tú no sabías. —¿Fuiste a dónde? —inquirió sorprendida. —Alberto, algo así… Queda como a tres horas de aquí… Mamá resopló y me soltó. Se colocó una mano en la cintura y me señaló el sofá. Me senté y dejé mi mochila sobre mis piernas, la miré y percibí el enojo en su ceño fruncido y su boca ligeramente arqueada hacia abajo. —¿A dónde fuiste y con quienes estuviste? Puse al tanto a mi madre, y ella se mostró más sosegada. El enojo desapareció, y le agradó saber que la familia de Nyx había sido buena conmigo, pero le sorprendió que ahora podía llamarlo «exnovio». —Mi niña, ambos estaban enojados, tómate unos días para buscarlo y hablar con él, y aclarar todo —aconsejó y suspiró. Me sujetó una mano mientras hablaba—. Ese muchacho te quiere, y mucho. Y no seas tan mala con él, le cuesta ser paciente, pero no lo pongas tan a prueba… —¿Lo estás defendiendo? —chillé, un poco ofendida. Mi propia madre defendía a mi exnovio. —Sí, lo que hiciste no estuvo bien, Amelia. Yo no soy tu papá, y sabes muy bien que soy más comprensiva y permisiva que él, y que yo no tengo ninguna intención de separarte de Nykolas; además, conocer a la familia de Nyx no es algo que debías ocultarme, al contrario, pude haberte acompañado… Entiende que si te niego mi apoyo o permiso en alguna decisión tuya, es porque no voy a dejar que te desboques y cometas imprudencias que cambien tu vida tan drásticamente. —Pero es que yo no estoy actuando mal… —Amelia, por favor. —Con lentitud, levantó una mano con la palma hacia mí para que hiciera silencio—. Ocultarme la verdad solo te llevó a tener problemas con tu familia y con Nykolas, nos debes una disculpa por tu proceder tan inconsciente. Además, hasta donde he visto él se preocupa mucho por ti y por lo que ustedes tienen. Hazle las cosas más sencillas. Asentí y me percaté que ya no estaba llorando. —Lo siento, mami, el miedo me ganó. —Está bien. Somos humanos, mi niña. Pero estás castigada. Nada de visitas ni salidas. Te vas derecho al hotel al salir de clases —sentenció y me dio una palmadita en la mano. —¿Y cómo resolveré esto con Nyx? —Haberlo pensado antes… —dijo como una burla y se levantó. Hice un mohín de disgusto y me fui a mi habitación. Revisé mi celular y Nyx no me había escrito. Yo tampoco lo haría. Iba a tomar el consejo de mi madre, alejarme unos días para tomar mayor consciencia de mis palabras y acciones, y bueno… Si él me buscaba en el proceso, no iba a negarme al diálogo, pero conociéndolo como el dueño del orgullo, dudaba que él diera el primer paso. Pero… ¿Y si en realidad habíamos perdido la magia de nuestra relación? Siempre habíamos vivido en una especie de persecución, tratando de compartir a escondidas y cuidándonos como si nos espiaran. Bueno, no tan extremistas, pero la magia de la complicidad nos unía, y ahora… Ahora ya éramos libres. ¿La magia volvería a nosotros o la habíamos perdido toda al ganar nuestra libertad? Suspiré y abracé mis piernas mojadas, el agua tibia de la tina se había helado.
Free reading for new users
Scan code to download app
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Writer
  • chap_listContents
  • likeADD