Eran las 10 de la noche, la música aun sonaba como si recién estuviera empezando todo otra vez y mis padres llegaron para ver mi desastre armado a la perfección. No sabían si sonreír porque se cumple 15 una vez en la vida o enojarse por el hecho claro de que no solo tenía alcohol en la fiesta sino que había cosas que ningún padre toleraría como adolescentes cogiendo en algún lado de la casa, bebidas por todo el suelo al igual que vómito, prendas de ropa por todos lados, el colchón de uno de los cuartos de invitados más en el jardín trasero que dentro de la casa, jarrones rotos (mi madre seguramente me los cobrara) y mucho más que no les agradara saber en absoluto. Allí seguía yo bailando con ganas de seguir hasta desmayar, ya me había tomado más de 20 Margaritas así que estaba lista para

