Ya hace un tiempo en que Adrael se fue y yo sigo tratando de ser mejor cada día, siendo lo que él quisiera que fuese. Ahora estoy estudiando en casa todo lo que puedo aprender y ya tengo mis 14 años, pronto cumpliré 15 y espero me hagan esa fiesta en donde te visten como princesa y bailas hasta cansarte. Pero, conociendo a mis padres y fiesta de los 3 años es casi tan seguro como que amanece el hecho de que no lo harán, quien sabrá si llegara a venir otra de las zorras de mi padre.
— ¡Es muy seguro! —. Grite en medio de la clase
— ¡Señorita! ¿Qué cree que hace? —. Quito sus gafas mientras arqueaba su ceja —. No me diga que estaba durmiendo Señorita Marina…
(…)
—Eh no profesor, en lo absoluto—. Me sudaba la frente pero aun así di mi más sincera respuesta.
Es mejor ser sincero a no serlo. Aprendí que no serlo solo te trae más problemas y es mucho peor para ti después de que pasa todo el inconveniente, posiblemente te caguen a palos y todo por una tontería que se pudo evitar.
Para estos momentos estoy en clases con el señor Romish mi profesor de lengua antigua y un estudiante colado que por supuesto debía darle clases pero hubo pequeños inconvenientes y no entiendo la razón de colarse en mi casa, en mi salón y mi horario. Ni siquiera puedo preguntar ya que me pone de los nervios ver sus ojos cafés mirándome fijamente, hace que me den ganas de ir al baño y comienzo a tener gases por montón.
Oigan por favor no se rían es muy vergonzoso ese asunto. Mantener tus gases en tu intestino es de vital importancia si existen personas cerca y muy importante si no estás en el baño.
— ¿Señorita Marina, se encuentra por estos lugares? ¿Señorita? ¡SEÑORITA! —grito justo en mi oído casi reventando mis tímpanos.
— ¡Sí! Dígame señor, perdone usted lo distraída que soy—. Sonreí mientras una gota de sudor rodaba desde mi frente hasta mi mejilla.
Vaya, que vergüenza me dio pero solo debo hacerme la loca. Es decir, ese pequeño vientecillo que sale de allí no da muy buen reflejo de ti y para colmo de los males me enamore de un chico súper lindo y muy caballeroso, su nombre es Maru y el color de sus ojos es especial.
—Debieron haberlo oído antes ¿no?
Si, exactamente ese chico que estaba de invasor en mi casa por el hecho de que sus padres no se encontraban de maravilla matrimonial y el solo fue con nuestro profesor hasta nuestra casa para poder ver su clase y no atrasarse. Yo la verdad que no entendí en absoluto la clase del maestro pero lo intente cada vez que me llamaba la atención por quedarme mirando a Maru.
Se escucharon pisadas fuertes resonando por los escalones de la casa y luego surgieron los gritos sin fin de… obviamente mi madre
— ¡Marina! —. Grita a todo pulmón interrumpiendo así mi más brillante concentración. — ¡Marina, responde que te estoy hablando niña! —. Vuelve a gritar, esta vez con más fuerza y acercándose.
— ¡Carajo! ¿No escuchas acaso? — dijo a gritos y muy enojada.
—Lo siento madre—. Me levante del asiento apresurada para hacerme a un lado y esquivar su golpe si llegaba a pensarlo aunque sea un poco.
Ya saben chicos, las madres tienen un zapato poderoso. Su puntería es dirigida por los dioses y bendecida por las antiguas armas milenarias, jamás hay que retarlas es un consejo de seres comunes quienes pasaron por ese rio de lava.
Créanme chicos jamás las provoquen es muy mala idea.
—Marina escúchame bien porque no repetiré, sabes bien que odio repetir. Adrael está…
Ni siquiera acabo su frase cuando mi cuerpo se movió solo, saliendo casi volando escaleras abajo. Cuando se atravesó en mi camino un escalón mal diseñado por no decir que fui tonta y baje demasiado rápido.
—No podía creerlo—. ¡Que emoción!
—Es casi imposible esta noticia — ¡no puedo creérmelo!
— ¿Realmente está aquí? No tengo idea de que decir… ¿Hola? O tal vez ¡Idiota!, ¿cuánto tiempo paso? POR DIOS ¿9 años?
Hablaba sola entre mi misma mientras el tiempo corría lentamente para darme un golpe directo al riñón.
—Marina…
La emoción no dura demasiado y la alegría sí que menos. Es solo una tontería momentánea, un asco, una porquería, da rencor y odio al corazón, no es bueno para el alma y… ¿sabes que es aún más malo para el alma? Enamorarse es malo para el alma el corazón y hasta el cuerpo, es mejor perder un riñón.
Tranquilos, solo hablo desde mi odio fugaz por Adrael. ¿Por qué tenía que irse y dejarme? Mi mejor amigo hasta el momento era Romish ¿cómo es posible que tu maestro un anciano de 78 años sea tu mejor amigo?
No digo que sea malo... ¡JODER! —La lagrima que tanto guarde al fin salió.
—Oye, no llores—. Esa vos suave y un poco profunda ¿Por qué? ¿Quién era?
— ¿Me escuchas?... oye echa un vistazo campeona.
—Marina, mira hacia acá—una mano roso mi mejilla.
Era Maru, en estos momentos no me parecía nada lindo. Lo odiaba de hecho, apenas lo conocí hoy y ya me estaba irritando o quizás solo era mi enojo pero mis lágrimas a punto de salir realmente lo necesitaban.
¿Porque carajo dolía tanto? Demasiadas preguntas y muy pocas respuestas, esto me tiene muy arritada, reamente irritada.
Su movimiento en mi mejilla seguía estando presente y no veía el momento en que parase de hacerlo. Quizás a oír esa voz y solo quizás pudiese parar de tocarme como si me conociese de toda la vida.
—Suéltala—. Un tono reacio se asomó tras un micrófono frio y sin vida volviendo a repetir así la misma palabra.
— ¿Acaso no me oíste? ¿O tengo que repetírtelo?—. Esa voz de nuevo seguía siendo fuerte y realmente iba muy en serio con su amenaza—. Ojala no te encuentre cuando vaya allá, juro que te romperé las piernas.
— ¿Perdón?... ¿Es acaso una amenaza? —. Retiro sus manos de mi mejilla y decidió empuñar sus manos para dirigirse hacia el sitio de donde venía esa voz tan arrogante y prepotente.
—Me escuchaste bien—. Refunfuño Adrael con vos fuerte y poco agradable—. No me importa si eres su novio o algo, pero ella es mi mejor amiga y no quiero que un imbécil la lastime. El único imbécil que puede lastimarla soy yo y solo yo.
(…)
Todo en silencio quedo después de esas palabras, pero ¿Qué diablos? Es imposible dijera algo así, sobre todo porque paso años lejos de mí, como se atreve a decir que su “Mejor amiga” ingrato de mierda. Anduviera cogiendo con otras por esos rumbos y viene a decirme eso.
Adrael se sonrojo hasta las orejas mientras tanto Maru por otro, solo abrió sus ojos como platos, pidió una disculpa y se retiró a su clase con Romish. Después de todo sus padres habían pagado mucho dinero por esa clase para que se la perdiera y créanme era bastante costosa.
— ¿Marina? Oye no te enojes por favor ven un momento— formulo la pregunta que tanto odiaba.
—No, tú te fuiste y me dejaste—. Respondí a secas mientras contenía mis lágrimas para no parecer débil.
Ya había llegado al final del camino para darme la estocada. Pero, lo entendí… quizá jamás volvería.
Una sonrisa apareció en sus labios pálidos para luego continuar su dialogo.
—Ven y habla conmigo, no creo tener el nivel de idiotez que tú crees de mí.
— ¡Me niego!
—Oye entiendo tu molest…
— ¿Entiendes? Que vas a entender tú, donde estabas cuando te necesite, cuando lloraba por las noches y el día sin parar.
—Perdóname—. Añadió conteniendo sus demás palabras.
—No, no te perdono. Porque de amigo ahora tengo un maestro ¿Cómo te parece eso? —comente en sentido a queja para mi madre, no lo tomo muy bien por lo visto.
— ¡Ya basta Marina! Estas castigada por un buen tiempo, así que ve aprontándote— dirigió mi madre su ira hacia mi sin siquiera pensarlo.
— ¿¡Qué!? Oye mama no hace falta ir tan lejos. ¿Verdad? —junte mis manos en señal de súplica esperando una pequeña misericordia.
—Ni lo intentes, conmigo no funciona tu juego macabro de groserías—. Arrugo su cara en señal de enojo y continuo—. Despídete de Adrael me haces el favor, estas siendo muy grosera y no merece tu grosería.
(…)
—No me despediré de ese cobarde…—.Me dirigí hacia las escaleras sin decir más que eso mientras sentía la mirada de mi madre penetrando mi cabeza.
Carraspeo su garganta haciendo notable su sonido
—Muy bien… entonces adiós, ya basta de seguir molestando
—Pues vete, no será la primera vez que lo hagas—. Grite a todo pulmón y subí rápidamente a mi habitación
Eso debió haberle dolido en lo más profundo, no sabía ni por qué le odiaba o que pasó realmente. Solo sabía que no volvería y mi corazón en trizas quedaría, podía irse a la chingada si eso deseaba o volver y arreglar las cosas que claramente no pensaba ni en lo más mínimo.
—Señora Margaret, quiero formularle una pregunta ya que usted la conoce mejor—comento Adrael a mi madre casi como un secreto.
—Dime mi niño… de verdad te pido perdón, sé que ella te gusta y deseas ser parte de tu vida pero no entiendo el motivo de odiarte—. Se acercó mi madre a la computadora mientras recibía las palabras de ese chico—. ¿Tienes alguna idea del porque hace eso?
—Sí, me doy una idea pero no se preocupe por eso. Todo saldrá bien y dentro de poco podre volver a mi hogar—. Sonrió teniendo un leve sonrojo.
—Tu hogar también es allí donde estas. Debes amar cada sitio en el que estés y puedas estar principalmente—. Afirmo mi madre dándole una delicada sonrisa.
—Tiene razón señora Margaret, me alegra poder hablar con usted tan tranquilamente—. Soltó un suspiro—conversaremos pronto de ser posible muy pronto de hecho.
—Mi madre rio un poco y sonrió mientras asentía—. Espero con ansias el día en que te comuniques con nosotros y…. tu padre… ¿cómo se encuentra?
—Adrael rio a carcajadas y grito: ¡PADRE, PREGUNTAN POR TI!... no se tu pero deberías venir de inmediato, yo lo haría.
Sonó un golpe fuerte por los alrededores como si alguien callera al suelo.
— ¿Quién es? ¿¡Margaret, verdad!? —. Corrió rápido a observar tras haber recibido un golpe dado en regalo por el amable suelo.
Josue se sonrojo hasta las orejas y mi madre al otro lado de la pantalla no dejaba de apretar su falda debido a los nervios. No sabía cómo preguntar, como empezar a dialogar sobre todo aquello que mataba su corazón pero al fin comenzó:
— ¿Cómo estás Josue? ¿Has comido bien? ¿Por qué te fuiste tan de pronto? ¿Era acaso tan bueno ese trabajo?
Josue vio su tristeza mas no fue capaz de responder a sus preguntas, solamente deseo tenerla como siempre a su lado y verla sonreír en aquel invernadero lleno de narcisos al cual iban para conversar de una y mil cosas que sucedían en su día a día.
Sus únicas palabras fueron:
“Estoy más cerca de ti de lo que crees”
Adrael volteo la mirada y Josue se despidió sin demasiadas vueltas.
—Entiendo. Gracias por tu honestidad, entendí perfectamente—. Sus ojos se aguaron tras aguantar que las lágrimas salieran.
Se despidió sin demasiado rodeo, cerro la ventana del chat abierto, apago la laptop y decidió irse a tomar un té de Manzanilla común para cuando llegase la noche poder dejar salir sus opiniones al espejo.
Y hay entendí, que mi madre sabia y conocía de Adrael mucho más de lo que yo podre conocer alguna vez. Margaret no tuvo en sus brazos como me tuvo a mí, le dio biberón como me lo dio a mí y lo amo tanto como me ama a mí, era obvio que supiera todo lo que él deseaba y quería aunque de mí no sabe mucho realmente.