Jonathan Me estacioné frente a la mansión de mi padre y dejé el auto encendido. El zumbido bajo del motor llenaba el silencio, acompasando mis pensamientos mientras mis manos apretaban el volante con tanta fuerza que los nudillos se habían puesto blancos. Permanecí ahí, inmóvil, durante al menos diez minutos, luchando por reunir el coraje necesario para salir y enfrentar lo que sabía que sería una batalla. Necesitaba ordenar mi cabeza, calmarme, procesar todo lo que Eliza me había dicho. Sus palabras seguían resonando en mi mente como un eco incesante, cargadas de incertidumbre y temor. "Solo son estudios de rutina", me había repetido una y otra vez durante todo el jodido día. Era un mantra que intentaba usar para contener el nudo que tenía en el pecho, pero el peso de la posibilidad de

