Eliza Despertar ha sido más traumático y doloroso de lo que jamás imaginé. Mi cuerpo entero se siente como una máquina descompuesta, pesada y rígida. Cada músculo parece haber olvidado cómo moverse, y mi mente está nublada, como si aún no pudiera procesar del todo que estoy viva. No sé cuánto tiempo ha pasado ni qué ocurrió exactamente. Recuerdo vagamente estar recibiendo los últimos minutos del tratamiento, escuchando voces lejanas que me daban instrucciones. Luego todo fue caos: la sensación de ahogarme, de que mis pulmones se negaban a funcionar, y un desesperado intento de sobrevivir. Después de eso, solo oscuridad. Ahora, mis ojos apenas pueden mantenerse abiertos. La luz de la habitación es tenue, pero aun así siento que me quema. Mi garganta está en carne viva, como si hubiera tr

