A medida en que la familia real cambiaba de soberano en el trono, los tiempos para la manada Seyzer eran cada vez para mejor, siendo un paraíso para cualquier lobo que decidiera vivir allí. Al menos, esa era la premisa que se les daba a los nuevos habitantes del territorio, y no se podían quejar, tenían hogares nuevos y sus hijos podían asistir a la escuela junto a los demás chicos con normalidad. Así pasó con las personas que llegaron junto al alfa, triunfales y llenas de esperanza por estar vivos. Ese era el caso de una pequeña familia, esta constaba de dos niñas pequeñas y su madre, las chiquillas eran lo más inteligente que cualquiera pudiera descubrir, siendo más que incluso algunos de los mejores guardias que se encargaban de la seguridad de la manada. La madre estaba un poco enf

