Unas horas después de que Amanda se enterara de la desaparición de su gata, no podía parar de dar vueltas en círculos, demasiado preocupada por si su querida felina se encontraba bien. Esa pequeña fue su hija durante mucho tiempo, más del que podía recordar. Su forma de ser tan cálida y amorosa le daba a entender que era lo único que necesitaba para sentirse bien, observarla y compartir tiempo de calidad con ella, quien siempre estaba de ánimos para brindarle aunque fuera unas lamidas en la mano, le hacía saber que no estaba sola y que jamás la abandonaría, algo que no podía sentir de la misma manera con su propia familia. Pensó entonces en cómo sería la familia de la gata, pues la querida Bells era muy bien portada, tenía formas muy refinadas y no le agradaba salir de la casa en absolut

