Mié”d@

1062 Words
Mi casa "real" estaba en un mal barrio del lado más pobre de Varsovia, donde las zapatillas de viejas estaban colgadas en todos los cables de electricidad, y aunque no buscaras peleas, seguro que tendrías que acabar con ellas para sobrevivir antes de que te apuñalen por unos centavos. A escondidas, oí a Armandek gruñir. —Qué mierda?—desde la puerta. Me gustó cómo dijo la palabra "mierda". El sonido me dio un latigazo, y los pelos de mis brazos se pararon—. Lena, apenas lleva tres semanas fuera, y ya estás haciendo mierdas. La abuela Lena falleció mientras dormía hace menos de un mes. Fui yo quien la encontró. Cecylia había estado fuera toda la noche, trabajando como decía. Yo había abrazado a la abuela y llorado hasta que no pude abrir más los ojos. Cuando Cecylia finalmente llegó a casa, con aliento a whisky y el maquillaje manchado, me dijo que todo era culpa mía. Que la abuela estaba demasiado cansada de mis estupideces y decidió largarse. —No puedo culparla por estirar la pata, mujer. Yo haría lo mismo si pudiera. — respondió Armandek. Esa misma mañana empaqué mi bolsa de lona y la escondí debajo de mi cama. Sabía que Cecylia no iba a quedarse conmigo. —En primer lugar, cuida tu boca. Todavía estoy de duelo. Perdí a mi madre de forma inesperada, ¿sabes? —resopló Cecylia. —No me jodas. Para empezar, Bazyli nunca tuvo a su madre—. La voz de Armandek hizo vibrar las paredes, incluso cuando hablaba con calma. —Ese chico es indomable. Mudo como una roca y tan agresivo como un perro callejero hambriento. Que me quede por aquí no va a ayudar. Es sólo cuestión de tiempo antes de que aterrice en un reformatorio—escupió mi madre. —Es una bestia con todas las letras. Ese era uno de sus tantos apodos para mi. Bestia, imbécil, mugre, cucaracha, rata de alcantarilla. Pero jamás oí que dijera, hijo. La bestia hizo esto. La rata de alcantarilla se lo robo. La mugre está en la curva. —Mira, no me importa lo que a ti y tu perfecta mujercita piensen. Es demasiada responsabilidad. Estoy fuera. No puedo enviarlo a terapia y esas cosas. No estoy hecha de dinero. Cecylia golpeó el suelo con el tacón. La oí rebuscar en su bolso caro a sus cigarrillos. No los iba a encontrar. Me fumé la mitad del paquete en el patio trasero mientras ella se drogaba en su habitación. El resto estaba en mi bolsa. —Si el dinero es un problema... —empezó Oliwia. —Ya perra, por favor—la cortó Cecylia, sus palabras eran con maldad, balbuceando—. Quédate con tu dinero. Y espero que no seas tan tonta como para creerte mejor que yo, con toda la ayuda que recibes de tu marido y tu harén de niñeras y tutores. Basyli es el engendro del Diablo en persona. No puedo hacer esto sola. —No vas a hacer esto sola —dijo Armandek. Tenemos la custodia compartida de él, idiota. El fuego empezaba a arder en mi pecho. No sabía que Oliwia y Armandek tenían la custodia legal sobre mi. No sabía lo que significaba, pero sonaba importante. —O te lo llevas tú o lo dejo en un orfanato—soltó Cecylia. En cierto modo, me sentí aliviado. Siempre supe que una vez que la abuela muriera, Cecylia se desharía de mí. Pasé las últimas semanas después de la muerte de la abuela, preocupado de que prendiera fuego a la casa conmigo dentro para conseguir el dinero del seguro o algo así. Al menos seguía vivo. Sabia que mi madre no me quería. Nunca me miraba. Cuando lo hacia, me decía que le recordaba a él. Siempre lo decía. —El mismo cabello de Brunon Nowak. Los mismos ojos verdes, secos y muertos. Él era mi difunto padre, Brunon Nowak, el apellido que lleva la mujer que me dio a luz. Antes de morir, fue empleado de Armandek Grochowska. Brunon, que significa marrón, era un hombre débil, patético y una comadreja de campo. Una rata, como me ve Cecylia. Todos lo decían a parte de Cecylia. La abuela, Oliwia, Armandek. Mi peor pesadilla era llegar a ser como él, por eso me daba pánico cuándo Cecylia me decía que me parecía tanto a él. Luego estaba el tío Armandek. Sabía que era un hombre malo, pero también era honorable. Los matones de mi cuadra dijeron que tenía las manos manchadas de sangre. Que amenazó, torturó y mató a personas a muchas personas. Nadie se metía con Armandek. Nadie lo echaba de casa ni le gritaba ni le decía que era su peor error. Y tenía esa cosa sobre él, como... como si estuviera hecho de mármol. A veces miraba su pecho y me sorprendía ver que se movía al respirar. Deseaba tanto ser el que cuando pensaba en ello me empezaban a doler los huesos. Su existencia parecía más fuerte que la de los demás. Cuando el tío Armandek desaparecía en medio de la noche, siempre volvía magullado y despeinado. Traía consigo donas e ignoraba el hecho de que olía a pólvora y a sangre. Nos contaba chistes malos en la mesa mientras comíamos, y para asegurarse de que Ludwika no tuviera más miedo, le decía que había visto salir a la familia de monstruos que vivía en su armario y bajo su cama. Una vez sangró sobre una dona, y Ludwika se lo comió porque pensó que era glaseado del día de los enamorados. La tía Oliwia estaba al borde de una explosión nuclear, se podía ver las llamas de rabia sobre su cabeza. Lo persiguió por toda la cocina con un palo de escoba mientras Ludwika y yo nos reíamos, Oliwia llego a darle manotazos y agarrarle la oreja dos veces. Cuando por fin lo atrapó, eso sólo porque él se lo permitió, él capturó sus dos muñecas y la bajó al suelo y la besó con fuerza en la boca. Me pareció ver también algo de lengua, pero entonces ella le dio un manotazo en el pecho y soltó una risita. Todo el mundo estaba tan contento y se reía tanto de que Ludwika había tenido un accidente, sin embargo, nunca más tuvo ningún tipo de accidentes de ese índole.
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