El fin de semana en la mansión Ferré no comenzó con el habitual silencio aristocrático. Comenzó con el estruendo de siete autos de lujo derrapando en la entrada y un grupo de hombres poderosos —los padres de las cinco amigas— bajando de sus vehículos con expresiones que oscilaban entre la determinación militar y el pánico absoluto. Dante Valente los esperaba en la escalinata, con los brazos cruzados y una sonrisa de suficiencia. —Bienvenidos al club de los "Padres de Hijas Brillantes pero Inútiles" —dijo Dante, saludando al Embajador Sterling, a Rafael Colman y a los demás—. Espero que traigan botas de trabajo, porque hoy el Campamento Valente abre sus puertas para una lección que ninguna universidad de élite les va a dar. Mientras los hombres se reunían en el jardín, las cinco chicas s

