El Hotel Ritz de la Place Vendôme resplandecía bajo la luna de París. El evento no era cualquier fiesta; era la Gala de Beneficencia para la Clínica Pediátrica Colman-Novak. Las alfombras rojas estaban flanqueadas por fotógrafos de la prensa internacional y la élite europea. Para el mundo, era un acto de filantropía; para los protagonistas, era un campo de batalla donde los vestidos de seda y los esmóquines eran las armaduras. En el ático de las gemelas Valente, el caos era absoluto. Tacones de aguja, cajas de joyas de Cartier y el aroma de los perfumes más caros del mundo llenaban el aire. Las cinco amigas se preparaban para su gran entrada. —Vittoria y Bianca, si se mueven un milímetro más, les voy a arruinar el delineado —advirtió Violeta, quien actuaba como la estilista del grupo—. R

