Mi respiración se agita en cuanto veo el nombre, ¿habrá pasado algo?, atiendo nerviosa. —¿Qué pasa? —¿No te ha llamado Alex? —No, ¿por qué? —Le han concedido la condicional, saldrá en una semana. Lo escucho, recibo el mensaje, pero a mi cerebro le cuesta asimilarlo, ¿es esto cierto?, ¿se acabó? —¿No estás riéndote de mí, verdad? —¡No, no, créetelo! —se ríe por mi respuesta. —Alex va a ser libre... —susurro. —Con unos límites, pero sí. —Ya, entiendo, ¿qué condiciones? —Os las explicaré esta tarde, he concertado una reunión con su controlador asignado, a las seis allí. —¿Puedo estar? —Sí, claro que puedes, Alex también estará, es más fácil si está su pareja. —Gracias, Rubén, gracias —le digo controlando las ganas de llorar por la ilusión. Después de contar todo a Julia y lleva

