Alex entra en mi habitación, Sara lo mira extrañada, no parece enfadado. —¿Estás bien?, ¿qué te ha hecho? —me pregunta mientras revisa mi cara, nunca pensé que un hombre así sabría lo que es preocuparse por alguien. —Estoy bien. Sara nos mira, no entiende nada, la comprendo, para ella es un monstruo, Alex la trajo aquí. —Os dejo solos —dice marchándose. —¡No, no te vayas! —la detiene Alex, cuando ella lo mira, continúa —.Dile a tu novio que hoy a las tres de la noche os iréis. Las dos nos quedamos pálidas, ¿sabe lo de Sara y su prometido?, ¿por qué no hizo nada al respecto? —¿Mi novio? —se hace la tonta por si es una trampa. —¡No soy idiota, Sara!, hace tiempo que lo sé. —Y por qué... —Me convenía tenerlo callado y quieto, mi topo en la poli me lo contó. Sara guarda silencio, es

