Cuando salgo del baño Alejandro ya no está. No sé qué me ha pasado, por qué ese rechazo al sexo, y con él, no lo comprendo, solo necesitaba mirarme para que yo me excitara y lo deseara. Bajo a la cocina para tomar un café, sigo con una sensación extraña, como si esto no fuese mi vida y solo un mal sueño. En la cocina está Olivia con Triana. De nuevo un punto negativo, antes del secuestro, al levantarme, hubiese ido directa a verla y darle los buenos días a su habitación. Me pongo a llorar sin poder detenerlo, me asfixian los sentimientos en mi interior, la tristeza, la confusión, todo. —¡Ey, tranquila!, ya estás en casa —me dice Olivia con voz suave acariciando mi espalda. Pero no puedo parar, el llanto es incontrolable. —¿Mami? —me llama Triana con ojos tristes y lagrimosos. Levanto

