Leonardo comenzó a besar a Julieta y aunque en un principio sus besos eran apasionados y feroces, se dió cuenta de inmediato que Julieta no era una mujer como las demás, se dió cuenta de inexperiencia, y bajó el ritmo, comenzó a controlarse y sus labios rozaban los de Julieta con delicadeza, está cerraba los ojos, Leonardo, caminó con Julieta sobre la pequeña sala y la llevó hasta la habitación sin dejar de besar su bellos labios. De alguna manera parecía que Leonardo se había tomado muy en serio la idea de quitarle el labia de la boca a Julieta. Este se sentó sobre la cama y comenzó a besar el cuello de Julieta. Rodeó con sus enormes manos la cintura de la bella rubia, y de un momento a otro se detuvo, —¿Está todo bien? —preguntó con sollozos. —Si es solo que… —dijo Julieta con la voz

