Nunca pensé que los labios de mi hermana, su lengua, su saliva y hasta su aliento pudieran tener el mismo sabor, aroma y esencia que los de mi madre. Y el impacto que siento al percibirlo delata mi satisfacción con mi falo tieso. Mi sangre hierve. Mis sentidos me crispan el entendimiento. Estamos a media calle, besándonos, ella con sus piernas rodeando mis caderas, colgada de mi cuello, mientras sus labios y los míos se desplazan como dos enamorados. Si mi padre saliera en este momento de la casa seguro se muere del infarto o me mata a mí por “pervertido…” —L…uc…y… —intento separarme de mi hermana cuando pienso en las consecuencias fatales que se desencadenarían si mi padre nos descubriera. Pero Lucy, como mi madre, es persistente, y no cede ante nimiedades, sobre todo cuando traen gana

