Esta vez no es una pesadilla. La hora ha llegado. El momento se ha terminado. El taxi nos acaba de dejar afuera de una casa que, según dice mamá, pertenece a su ex amante. El corazón casi me quiere estallar mientras me acerco con ella a esa casa de dos pisos de fachada blanca alejada casi de todo el conurbano, donde nos espera la boca del lobo. Con las manos sudando y suspirando profundamente me doy cuenta de que finalmente estoy junto a mi mamá golpeando la puerta de la casa de Nacho. Sugey está detrás de mí y ahora sí la noto nerviosa. Esa seguridad que tenía de antes se ha ido, y son precisamente esas inseguridades suyas las que me contagian y me convierten en un flanco de nerviosismo y de terror. Ya no hay vuelta atrás, y precisamente con ese mensaje en mente y con la mano temblándom

