Nacho se ríe y luego nos invita a pasar. —Pero no se queden allí afuera, queridos invitados, entren, vamos, entren. Están en su casa, que a partir de hoy, y en tanto me dejen mirar, se los ofrezco como folladero. Nacho abre por completo la puerta de su casa y mamá y yo entramos por igual. Es una casa amplia con decoraciones rústicas. Al pasar al lado de aquél aprovechado, noto que es más alto de lo que recordaba. Es un hombre moreno, de abundante cabello, apuesto, fornido y con una presencia atemorizante que seguramente atrajo a mamá. Nacho es totalmente opuesto a mí, tanto física como emocionalmente. Y eso me preocupa de verdad. Y, aun así, trato de agarrar fuerzas y poner por delante mi honor. Debo proteger a mamá. Me acomodo la cámara en forma de lapicero que traigo en el bolsillo s

