La famosa oficina de la directora era incluso más aterradora que antes. Posiblemente no se trataba exactamente del cuarto sino de las circunstancias bajo las cuales se encontraba en ese momento. Ya había visitado más de una vez la oficina en su anterior instituto, pero cuando estabas allí para obtener una placa la estadía generaba emoción, era un honor. Ahora Ronny se encontraba en una situación muy diferente y era su primera vez pisando ese lugar de su nueva escuela.
Nervios, tensión y zozobra era lo que su organismo sentía. Sabía que era inocente de aquellas acusaciones, pero de igual manera se trataba de un asunto sensible frente al cual no tenía muchos argumentos salvo su único testimonio. La trampa estaba tendida de una forma que, para Ronny, era perfecta. ¿Cómo podría salir de esta? Su mente inteligente pensaba sin parar sobre cual podía ser la pieza suelta en el argumento que Patricia explicaba. Estuvo a punto de intervenir tan pronto como esta comenzó, pero fue la mismísima directora Rosa quien extendió su mano con el fin de que se detuviera. ¿Razón? La puerta había sonado.
–Adelante. –Su voz era firme, áspera y un poco aterradora. Definitivamente aquella mujer no era temida por teorías sin base.
Tan pronto la puerta se abrió Ronny sintió que su mundo terminó de venirse abajo. La primera mujer en entrar era esbelta, con un moño bien ajustado en sus cabellos azabaches, ojos filosos y de inmediato miraron con desprecio al chico. Era evidente que se trataba de la madre de Patricia y, si ella estaba allí significaba que… sí, su madre también estaba allí. Le era suficiente con saber que había sido llamada como para entender que esta estaría muy enfadada pero, sobre todas las cosas, decepcionada. Ronny necesitaba dar muchas explicaciones e intentar con gran ahínco defender su inocencia. ¿Cómo lo haría? Ni siquiera él tenía idea de la respuesta a esa pregunta. Las dos mujeres se sentaron, una a cada lado de su respectivo hijo. El pelinegro no tenía la fuerza para mirar a su madre. Jamás había observado una mirada de decepción dirigida hacia él y seguía sin creer que ese día había llegado. Peor aún, por algo que no había hecho.
El sonido del aire acondicionado llegaba a los oídos del pelinegro. Nada más. Un silencio sofocante generaba que su piel se erizara. Pensando una y otra vez en lo que debía decir y creyendo firmemente en que debía esperar el momento indicado para hablar, Ronny decidió mantenerse en silencio y esperar a que fuese la directora quien abriera el debate que estaba a punto de realizarse.
–Ambas se preguntarán porqué han sido llamadas aquí. –Comenzó la mujer canosa luego de saludar, sin despegar la mirada del monitor de su ordenador.
–Patricia me lo ha contado todo, así que las explicaciones pueden ser saltadas. –Tan imponente como su hija. Esa era la señora Marissa Herrera, madre de Patricia.
–Por lo visto soy la única desinformada. –Rita frunció el ceño esperando que la directora o su propio hijo le explicaran porqué había sido sacada de su oficina para asistir al instituto–. Agradecería su explicación.
Rosa simplemente tomó su celular mostrando la publicación bajo la cual se implicaba a Ronny y la extendió hasta su madre. La mujer de cabellos castaños se dedicó a leer cada línea de forma calmada y sin permitirse mostrar ningún tipo de gesto sorpresivo o de asombro.
Ronny, en cambio, estaba cada vez más tenso. Su pierna no dejaba de moverse y sus dedos de tamborilearse como señal de nervios. Sintió el tacto de su madre deteniéndole la pierna. Nunca se imaginó que sentir los dedos de Rita en un momento de tal estrés le permitirían sentir un atisbo de calma. Quizá era una tontería, una reprimenda para que se calmara, pero en la mente del pelinegro se reproducía un "Calma, estoy contigo", y eso le ayudaba a relajarse.
–¿Qué evidencias tiene de esta acusación? –Inquirió la mujer mirando fijamente a la encargada de la institución–. Porque desde esta perspectiva solo puedo observar el testimonio de una chica sin pruebas que desea obtener atención.
–¿¡Estás diciendo que mi hija ha inventado una historia como esta!? –Marissa estaba cada vez más enfadada. Bufó–. Ahora entiendo de donde salen las costumbres de este mocoso.
La madre de Ronny no se inmutó. Mantenía su mirada fija sobre la directora, quien buscaba entre las grabaciones de seguridad aquel momento. Lo enseñó a ambas madres. Marissa se cruzó de brazos realizando sonidos de horror al ver aquello, mientras que Rita se mantuvo en silencio analizando cada pequeño detalle.
–Ronny –la voz de su madre era calmada– ¿es cierto lo que Patricia está argumentando en tu contra?
–No lo es. Puedo explicarlo. –Rosa montó su gélida mirada sobre el chico–. La noche anterior alguien había colocado un preservativo usado en mi bolsillo. Esta chica me detuvo en la entrada del baño ofreciendo información sobre quién había sido el que dejó aquello.
–Tenemos un video donde se ve que ambos intercambian algunas palabras, no obstante... ¿no es exactamente Patricia quien muestra un preservativo antes de ingresar a un baño que no le corresponde? –Rita montó su firme mirada sobre la de Rosa–. ¿No significa eso que quien ha incumplido dos normativas es la joven acá presente?
–Así es. –Respondió tranquilamente la anciana acomodando su cuerpo en la silla–. Claramente, Patricia deberá recibir su respectiva sanción por ambas faltas, no obstante, no podemos eludir que algo implica al joven Ronny. Por ahora no tengo evidencias para acusarle de algo, pero a partir de este momento le estaré vigilando.
–A decir verdad, –intervino el adolescente haciendo que los ojos de su madre se abrieran– agradecería que mantuviera vigilado mi alrededor.
¿Desde cuándo Ronny osaba a interrumpir las palabras de sus mayores? Ah, sí, desde que las palabras de Hans daban vueltas una y otra vez como un carrusel. Tan solo había pedido un día y su experimento lamentablemente había fallado. ¿Era el momento de aceptar la ayuda del rubio incluso si esto implicaba que alguien saliera herido? A decir verdad, Ronny comenzaba a considerarlo.
La reunión se disolvió luego de notificarle a Patricia que estaba suspendida por cinco días. Para ella no era mucho, pues no se encontraban en temporada de exámenes, pero fue la sonrisa de esta al mirar al pelinegro lo que hizo que este se sintiera aturdido. ¿Era normal sonreír luego de ser suspendido? No lo entendía, pero tampoco le daría la importancia suficiente. Simplemente suspiró luego de estar afuera. Seguía sin poder mirar a los ojos de Rita tras semejante episodio.
–Puedes estar tranquilo. Sé que nunca harías algo como eso. –La suave voz de su madre era como un bálsamo en su corazón agitado–. Solo quiero que prometas que me mantendrás al tanto de cualquier novedad respecto a esto.
“Mamá, a partir de ahora tomaré mis propias riendas. Necesito solucionar lo que está pasando en mi vida…”
–Sí, mamá. Lo prometo.
¿Estaba mintiendo? Lo hacía, pero no conseguía otra manera para evitar que sus padres intervinieran en lo que Hans le proponía. Estaba claro que para estos sería una completa locura. ¿Para Ronny? El pasaporte a su tranquilidad.
***
¿Cuántas clases había perdido gracias al numerito en la dirección? Ah, estaba pasado el mediodía, por lo que ya se aproximaba física, su tercera clase del día. Incluso pensar en aquello le hacía enfurecer. Toda una mañana desperdiciada en tonterías que al final parecían no haber ayudado mucho… los demás estudiantes continuaban mirándole como si se tratara de un espécimen radioactivo. Ronny comenzaba a comprender la sonrisa de Patricia al despedirse. A pesar de haber recibido su sanción apropiada, el verdadero infierno era generado por la misma escuela, y para ellos él era un pervertido.
En el comedor fue fácil diferenciar los rubios cabellos de su amigo, porque si, estaba solo en una de las mesas como de costumbre. De no ser por Zoe su pequeño grupo estaría conformado solo por renegados. Sea como fuera el menor colocó sus cosas sobre la mesa y se sentó junto a Hans mirándole fijamente. Este simplemente le extendió una bandeja servida. A veces podía sorprender lo atento que el “chico malo” podía ser.
–No tienes que molestarte en contar nada de lo ocurrido. –Hans hablaba mientras masticaba, un mal hábito que Ronny estaba por criticarle… pero todo a su debido tiempo–. Anonymous06 se ha encargado de revelar todo lo que pasó ahí dentro. Añadiendo, por supuesto, que eres un “maldito mentiroso, pervertido, grosero,” entre otras cosas.
–¿Patricia es Anonymous06? –Una pregunta retórica realizada mientras movía su ensalada de un lado a otro–. Es la única explicación para que la información se haya filtrado de esa manera.
Hans no se molestó en responder. Estaba claro que, para él solo existía una manera de dar con la respuesta y ahora que Patricia estaba suspendida las cosas se tornaban un poco más complicadas. Nada imposible, pero si tan solo se le hubiese permitido intervenir como quería, las cosas no hubieran llegado a este punto. Suspiró sin dejar de comer. Solía hacerlo muy rápido, por lo que casi terminaba su almuerzo.
–Hazlo. –Ronny soltó con firmeza antes de dar un sorbo a su jugo de naranja. Hans se detuvo mirando al frente–. Ayúdame a obtener la identidad del acosador intelectual detrás de todo.
Ah, sí, eso era lo que el rubio mayor deseaba oír desde que se enteró de la historia. Relamió sus labios con emoción para luego continuar con su almuerzo.
–Solo espero que no te arrepientas luego. Me has dado luz verde y usaré mis libertades para darte una mano en todo esto. –El chico se levantó soltando un suspiro antes de levantar la voz–. ¡Por lo que la primera regla será que quien comente o mire a mi amigo como un desecho radioactivo se verá en graves problemas! ¿¡Está claro o necesito repetirlo!?
El comedor quedó en silencio. Todos sabían las consecuencias de llevarle la contraria a un sujeto como Hans y este acababa de declarar en público que el inteligente Ronny era uno de los suyos. El pelinegro estaba perplejo pero, sobre todas las cosas, avergonzado. Deseaba ordenarle que bajara de allí y dejara de hacer cosas como esa, pero también se sentía bien ser reconocido en público como su amigo. ¿Haría algo? Sí: disfrutar de la libertad que Hans le ofrecía.
–Y tú trabajo será informarme de cualquier cosa que alguien diga de ti. –El rubio palmeó el hombro de su amigo mirándolo a los ojos. Pudo ver la silueta de la castaña acercarse–. Allí viene Zoe. Creo que entonces puedo irme. Tengo una cita con Rosa.
–Ten cuidado con…
–¡Hey! No es la primera vez que estoy allí, rarito. –Entre risas se despidió del pelinegro y guiñó un ojo a su compañera antes de desaparecer del comedor.
El ambiente estando con Zoe era completamente opuesto al que se sentía con Hans. A pesar de ser un sujeto de mal camino, hacía sentir a Ron en una amistad verdadera. Era extraño, ya que la sinceridad detrás de algunas cicatrices era completamente inesperada. Siempre había pensado que los chicos de casa eran mejores asociaciones que aquellos con hábitos cuestionables, o eso era lo que sus padres siempre le habían dicho.
Con Zoe, en cambio, Ronny se sentía el centro de atención, como si esta se preocupara en exceso por su bienestar al punto de rallar en la incomodidad, aunque comenzaba a acostumbrarse a este tipo de interés. Después de todo también podía percibir la sinceridad de esta en sus palabras y acciones. Claramente este año sería diferente a los anteriores en muchas maneras y una de ellas era que esta vez no se enfrentaría solo al mundo.