La habitación en la que Hans se hospedaba era diez veces mejor a la de su propia casa, pero no se comparaba a la de Ronny. Cuando se quedaba allí sí que dormía como todo un dios. Quizá era producto del colchón tan cómodo en el que descansaba cuando estaba en su habitación o podía tratarse también de la compañía que allí disfrutaba. No sabía con exactitud la razón, pero estaba claro que la habitación de su apuesto amigo no tenía comparación. Suspiró sentándose en la cama. Casi era mediodía y necesitaba caminar un poco. La puerta sonó y seguidamente vio a Cristina abrirla y entrar. Haciendo una mueca se colocó la camisa soltando un suspiro de dolor. Resultaba evidente que los dolores permanecían, aunque mucho menos que el día anterior, a decir verdad. –Buenos días, dormilón. –Saludó la may

