III

1011 Words
- ¿Estas lista? - Consuelo pregunta desde detrás de un biombo en su habitación. Su madre esta sentada en su cama esperando poder verla. - Claro. Sal ya para verte. - dice su madre nerviosa. Consuelo sale vestida con la blusa negra, la falda beige, los zapatitos negros, las medias hasta la pierna, la cartera marrón claro, una pulsera plateada en cada muñeca, una cadenita dorada con un pendiente diminuto color plateado en forma de corazón en el cuello, las gafas de sol... modela con una mano en su cintura y dice: - ¡TA-DA! ¿Qué tal se me ve? Su madre la observa un poco intrigada. - ¿Agente secreto? - Bueno, esa es la idea más o menos. Pero si me quito las gafas de sol... - ¡Ahora sí se te ve bien! - Bueno, no olvides que debo usar estas gafas de todas formas. - ¡Esas gafas estan horrorosas! - a la madre de Consuelo no le gustan las gafas de sol compradas por Consuelo para pasar de incógnito. - ¡Jajajajajaja! - ríe Consuelo - Ay mamá. Solo las usaré en esta oportunidad. Nada más. Bueno. Ya debo irme madre. - Suerte hija, ve con Dios. -  la despide su madre. Consuelo le da un beso en la mejilla y sale de su casa. En la ciudad, este es uno de  centros comerciales más concurridos. Es muy amplio. En las oficinas administrativas se encuentran conversando el señor Ramiro y el señor Hugo. - Mi esposa sigue creyendo que eres un vago Hugo. - En ese tiempo  era más joven e inmaduro. Pero he cambiado. Cuando conocí a Dayana mi vida cambió por completo. - Ah, bueno. Espero que algún día Lorena acepte que eres un hombre nuevo, de famiia y responsable. - Por Dayana es que hice esta empresa. Comencé como vendedor. Fue muy duro amigo. - Diablos. Yo te habría podido ayudar antes. - No. De verdad. Te  agradezco pero cuando nació mi hijita decidí que era momento de dejarme de tonterías. Y debía superarme yo solo. Tú siempre me has ayudado, pero hacer esto quise hacerlo yo solo. - Pues lo has hecho. Lo has logrado amigo. - Sí pues. Sí. Mi esposa y yo somo muy felices. De pronto suena un teléfono de línea fija. El señor Hugo  atiende: - ¿Sí? - La señorita Consuelo Tianama esta aquí señor. El señor Hugo mira al señor Ramiro: - ¿Consuelo Tianama? - ¡Es ella!- dice el señor Ramiro. - Que pase. Mandela a mi oficina. - Como diga señor Hugo. El joven de la recepción del edificio coloca en su lugar el teléfono de línea fija y sonríe a Consuelo: - Señorita, por favor sígame. - le dice y le señala hacia un lado de la recepción. - Claro. - le dice Consuelo un poquito seria y lo sigue. Es un chico bastante simpático. Debe tener 20 años. Es delgado, de cabello n***o bien recortado. Viste una camisa blanca y unos pantalones negros, zapatos negros. Todos los chicos de las recepciones a Consuelo se le ocurren que se parecen. Aunque éste la mira sonriendo desde hace ratos, se adivina las intenciones de hablar con ella que tiene pero no debe saber como hacerlo. Consuelo mira su celular sin mirarlo en realidad ¿Se atreverá a hablarle el chico? - Amiga y ¿de donde vienes? - al fin el joven le dice a Consuelo sonriente. - Ah. De mi casa. - Consuelo responde sin dejar de mirar su celular. - No me refería a eso. - dice el chico. - O sea ¿dónde vives? A Consuelo se le hace muy personal la pregunta. - ¿Ya estamos llegando a la oficina de señor Hugo? - lanza Consuelo mirando hacia el frente con desinterés. - Sí claro. - dice el joven dándose por vencido. Consuelo sigue mirando su celular. Algunos mensajes de sus amigas preguntándole ¿por qué no has venido a trabajar? - Lis. - escribe Consuelo - Hoy no voy a ir, por favor diles a las demás. Estoy ocupada. - Ok Consuelo. - le dice Lis - Que  disfrutes XD. - ¿A qué te refieres? - Elsa dice que te has escapado con tu profe... - ¡Carajo! No me jodan ¡Chismosas y encima hablan huevadas! - ¡Jajajajaja! - ríe Lis por el chat - Esta bien. Es broma Consuelito. - No me jodas pendeja ya hablaremos luego. - Ok. De pronto alguien la interrumpe: - Aquí es señorita. - le dice el joven a Consuelo. - Gracias. - Consuelo  mira y le sonríe. - De nada. - el joven mira seriamente y se retira. Consuelo toca la puerta. Escucha unos pasos que se acercan por dentro hacia la puerta y esta se abre. Se ve al señor Ramiro: - Hola. Tu debes ser Consuelo ¿verdad? - le pregunta éste amablemente mirándola al rostro. - ¡Señor Ramiro buenos días! - Consuelo nerviosa - Sí soy yo señor. - Pasa hija, adelante. -  le dice éste y hace pasar a Consuelo cerrando tras ella la puerta. Consuelo mira a un señor de la misma edad que el señor Ramiro que se le acerca mirándola un poco insistente. - ¡Pero qué belleza! - exclama el señor Hugo - Lorenita se debe haber equivocado Ramiro ¡Nos ha mandado una supermodelo! Consuelo se sonroja un poquito. Sí, es verdad.  Esta bien arreglada. Se quita las gafas de sol, las guarda en su cartera y dice: - Gracias señor. - Consuelo, te presento al señor Hugo - le dice el señor Ramiro - Pasa por favor a la sala de reuniones para informarte sobre lo que tienes que hacer. - Claro. - dice Consuelo y camina en la dirección en la que le indica amablemente el señor Ramiro ante la mirada sonriente del señor Hugo que camina tras ella hasta que lo detiene tocándole un hombro el señor Ramiro. - ¿Qué sucede? - le pregunta el señor Hugo. - Pues. Ya sabes. No incomodes a la señorita. Ha venido a trabajar. - Pero si no he hecho nada. - Te conozco pendejo. - le dice el señor Ramiro - Deja de estarla piropeando. Concentrémonos en el trabajo ¿sí? - Como digas. - le dice el señor Hugo algo confundido - De acuerdo. Ya estoy viejo para esas cosas además, amigo. - Vamos. - le dice el señor Ramiro y ambos caminan hacia la sala de reuniones donde Consuelo ya se encuentra sentada a una silla al lado de la mesa de reuniones.
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