ALEXANDER. —¿Donde esta tu mujer?.— Preguntó Ricardo al llegar al lugar donde se entrenaba, traía puesto ropa deportiva simplemente por el hecho de que estaba en un gimnasio, solamente iba a ver qué bestia cumpliera con la rutina. —Fue al hospital, su amiga dio a luz así que fue a verla.— Respondió dando golpes al saco de boxeo, golpe tras golpe sin perder la concentración. El sudor resbalaba por su frente, llevaba más de una hora entrenando intensivamente, había empezado con ejercicios simples como saltar la cuerda, alzar pesas, mancuernas, correr para terminar con el saco. Su cuerpo ardía y dolía pero era algo que le gustaba ya que calmaba a su mente de sobrepensar. —¿Acaso no entiendes que tu mujer debe estar donde tú estés?— Preguntó algo frustrado. —Debes aprender a ponerle límit

