Abrió los ojos desorientada, se había quedado dormida después de aceptar que no podría romper las cadenas con las que estaba esposada. —Veo que has despertado, ¿Tienes hambre?— Escuchó la voz masculina de su esposo. Se levantó un poco para quedar recargada en el respaldo de la cama. —No tengo hambre.— Respondió con voz apagada. —Tienes que alimentarte bien, no has comido desde la mañana.— Se acercó. —¿Donde están mis hijos.?— Preguntó cambiando de tema. —Estan con Dallas.— Informó sentándose en la cama. Keira no quería ver si rostro así que giro su su cabeza hacia otro lado. —Se que en estos momentos estás enojada pero todo lo que estoy haciendo es por nuestro bien es para que nuestra familia funcione.— Explicó. —Mirame hermosa.— Tomo su mentón. —No puedo dejar que me abandones.— M

