Un grito desgarrador en medio de la noche me hizo despertar de golpe, quise salir de la cama, enredándome con las sábanas y cayendo al suelo.
—Mierda —me había lastimado la rodilla.
Me pare algo confundida, aún estaba medio dormida y no entendía que pasaba, mi cuerpo reacciono instintivamente cuando un segundo grito cruzó el pasillo que daba a la habitación de mis padres.
"¡Mamá!"
Corrí a su habitación y abrí la puerta con desespero, ella estaba hecha un ovillo en la esquina de la habitación, sudando, respirando rápido y con los ojos abiertos como un cervatillo asustado. Mi papá la abrazaba acariciando su brazo.
Me acerque sin entender que pasaba.
—¿Está bien? —pregunte con suavidad y entre la oscuridad, temiendo asustar a mamá más de lo que parecía estar.
—Leah —papá giro para verme—, solo fue una pesadilla—respondió mientras intentaba consolar a mamá.
Despacio me senté a su lado en silencio hasta que por fin se durmió de nuevo en brazos de él. Llegue a mi habitación chocando con un mueble y maldiciendo en el proceso.
Me senté en la orilla de la cama viendo hacia el pasillo sumido en la penumbra de la noche, jamás había visto a mamá así.
[...]
—¿Iras a la fiesta? —me pregunto una compañera de curso, Liza, al parecer alguien había organizado una fiesta sin ningún motivo más que el de pasarla bien. Ella era la segunda persona que me preguntaba por ella. La primera había sido Stephano.
—Eso creo.
Ella me sonrió, conocía a Liza desde nuestro primer año en la universidad, era una chica de ojos rasgados y cabello n***o que había visto mis peores y mejores momentos en este tipo de situaciones.
Pero a quien quería engañar, las fiestas que adoraba eran exactamente estas. Generalmente alguien conseguía algún lugar abandonado a las afueras de la ciudad, cantidades letales de alcohol y sustancias ilegales, armando la oportunidad perfecta para olvidar quien eras. No había prensa, no había socios, no había nombres ni apellidos. Todos ahí estaban solo por el placer de beber y pasarla bien.
—Nos vemos en la noche —sonrió antes de irse.
[...]
Jeans negros ajustados, crop top blanco, botas de combate y una chaqueta.
—Te ves bien —Bianca me miraba desde la cama donde estaba sentada.
—Gracias —me vi por última vez al espejo—, ¿en verdad no quieres ir?
Hizo un puchero.
—Quiero ir, pero si lo hago tendré una cara horrible en mi fiesta de cumpleaños.
—Bien, si cambias de opinión llámame.
Le di un beso en la mejilla y salí.
Tome mi auto y conduje hasta la dirección que había recibido de Stephano, tome más tiempo del que creí, era un lugar algo alejado y solitario o eso pensé hasta que me acerque lo suficiente.
Era un almacén y afuera ya estaba repleto de autos de todo tipo, desde último modelo hasta cafeteras que funcionaban milagrosamente. Aparque tan cerca de la entrada como pude y baje, ensuciando mis botas de tierra al tiempo que notaba la música a todo volumen, sonreí, esta iba a ser una buena noche.
Fui a la entrada en donde un hombre gigantesco estaba recibiendo el dinero, una vez tuvo los billetes en su mano me dejo pasar.
Adentro el ambiente ya se había establecido, luces parpadeantes, un Dj, una improvisada barra montada a un lado y algunas mesas. Muchos ya estaban realmente borrachos, bailando encima de la barra o compartiendo saliva con alguien más. Camine por el lugar para ubicarme mejor. Llegué a la barra y pedí mi trago.
Alguien toco mi hombro, mire hacia atrás.
—Steph...—el vaso de plástico fue puesto frente a mi así que lo tomé todo y le di una sonrisa a mi amigo.
—Sabes que no es agua ¿verdad? —dijo con burla.
Estaba casi gritando.
—No me juzgues, lo necesito... —mire a mi alrededor— si quiero sobrevivir esto —dije más para mí que para él.
Él también pidió su trago, luego de un rato nos animamos a bailar. El dj estaba escogiendo reggaetón viejo excelente para dejarse llevar, así que Steph y yo nos pusimos uno frente al otro, sus manos en mi cintura y las mías en sus hombros, tonteando mientras poníamos nuestras rodillas a prueba, perdiéndonos como si nada más importara. El sudor llegó a la cuarta canción, haciendo a muchos gritar y emocionarse cuando sonó:
Y estar soltera está de moda
Por eso ella no se enamora...
Poco después decidimos ir por otro trago y otro más antes de continuar. Estando en la barra note a un hombre a unos metros, bailando en un grupo de amigos sin una pareja en particular. Codee a Steph, señalando hacia el extraño en jeans y camisa ajustada.
—Creo que te veré en un rato —le dije, a punto de caminar hacia el extraño.
—Cariño ni lo pienses —fruncí el ceño viendo hacia los oscuros ojos de mi amigo—, ese es mío.
—Yo lo vi primero —me defendí.
—Es gay.
Le eche un segundo vistazo, no me lo parecía.
—Claro que no.
Soltó una carcajada y tomo su sexto shot de la noche.
—Sabes que tengo ojo para estas cosas.
Pedí mi quinto de tequila y lo desafié.
—Stephano Kohell ¿acaso estas provocándome?
—No llores cuando me lo llevé al baño —con un tercer vistazo a nuestra presa en disputa ya no estuve tan segura, pero eso no me detuvo.
—Hecho.
—Bien.
[...]
Tenía que estarme jodiendo.
Stephano me vio de lejos y se rio mientras me decía "perdiste". Entorne los ojos y continúe bailando con una sonrisa en los labios. Bien tendría que estar sola por un rato.
Pedí otro trago y me perdí en la música y en el agradable calor que corría por mi cuerpo, el alcohol estaba comenzando a hacerme perder los sentidos, mis labios cosquilleaban y sentía los brazos más pesados.
Estuve consciente de dos personas invadiendo mi espacio personal, pero no me importo, no hasta que uno de ellos movió sus manos y cruzó la línea. Mi reacción fue inmediata. Golpeé el dorso de esta con fuerza y me hice a un lado con la intención de seguir bailando.
—Vamos linda, sé que quieres.
Su asquerosa voz me hizo temblar de enojo, todos creían que podían hacer conmigo lo que quisieran, creían que era una idiota con linda cara. Y eso era lo que más me enojaba.
—Aléjate —amenace.
Descaradamente me halo del brazo, así que por reflejo me hice hacia atrás evitando todo contacto, pero en el proceso tropecé y choque de espaldas con alguien que coloco sus manos en mis caderas devolviéndome el equilibrio.
Mire a mis espaldas, sorprendida y un poco aliviada. Rainer estaba ahí, dándome una mirada estoica que pronto se enfocó en el patán enfrente, quien aún sostenía mi brazo insistentemente.
—Dijo que te alejaras —subió las manos por mi cintura haciendo una sutil declaración de que iba a partirle la cara si no retrocedía.
El desconocido alzo las manos en señal de rendición y desapareció.
—¿Qué haces aquí? —dije aún de espaldas a él.
—¿No deberías darme las gracias?
—Podía arreglármelas sola.
—Seguro, como la última vez.
Bufé, al parecer cada vez que viera su maldita cara iba a recordármelo.
—¿Qué quieres?
Su mano se apretó en donde estaba y me hizo girar para quedar de frente, mi cabeza quedo a la altura de su cuello, dejándome inhalar un ligero aroma a colonia y sudor.
—Un agradecimiento no estaría mal.
—Así que te gusta ser el héroe. Que descarado.
De nuevo esa sonrisa.
—A todos les gusta ser el héroe —no podía rebatir eso—. Baila conmigo.
Fruncí el ceño, lista para negarme. En su lugar pase los brazos sobre sus fuertes hombros.
"Que importa si bailamos un rato, puedo fastidiarlo un poco mientras tanto".
Inicie el movimiento con mis caderas de lado a lado, provocándolo mientras lo miraba. Y aun cuando su rostro parecía inexpresivo podía notar la arrogancia detrás. Me molestaba tanto que quería verlo perder el control, aunque fuera solo un poco. Retiró el cabello en mi cuello y se acercó a mi oído.
—No deberías jugar así, es peligroso.
Hubiera preferido que se quedara callado.
—¿Para ti o para mí?
Me zafe de su agarre y di un paso atrás para crear distancia, le di la espalda decidiendo que quizá no sería divertido meterme con él. Seguí con lo mío dando una clara señal para que me dejara en paz.
Al parecer, los hombres eran malos interpretando indirectas.
Rainer se puso a mis espaldas. Y Dios, era un trago amargo tener que admitir que bailaba bien.
"De acuerdo, si así lo quieres"...
Rainer necesitaba una lección de humildad.
Dirigiendo mi mano hacia atrás, tome su nuca, sumergiendo mis dedos en su sedoso cabello rubio, cerrando los ojos mientras nuestros cuerpos se topaban el uno con el otro al ritmo de la música. Mordí mis labios al sentir sus manos recorrer la piel expuesta por el crop top, eran rasposas y se sentían calientes. Tomo mi rostro y lo giro para llegar a mi boca.
Sus labios eran suaves, su lengua se movía lentamente por mi boca, dejándome una extraña mezcla de vodka y menta que sabía delicioso. No pude evitar responder el beso, era alucinante y si hubiera estado de mejor humor quizá lo habría podido disfrutar más.
Termine de darme la vuelta sin separarme para poder besarlo bien, sin meditarlo mis manos fueron a su cuello mientras las suyas se apoderaban de mi cintura para afirmarme a su cuerpo. Sentir lo excitado que estaba fue la cereza del pastel, esto sin duda iba a acabar muy rápido.
De golpe se apartó para dirigirme a una pared que estaba cerca de la barra. Me empujo contra ella y devoro mis labios con avidez dejándome poco a poco sin aliento.
—Eres atrevida —dijo con un mordisco en el lóbulo de mi oreja—, te debe fascinar meterte en problemas de los que no puedes salir.
Sonreí coqueta, él en verdad tenía que aprender a cerrar la boca. Resople, yo iba a enseñarle eso.
Su boca se deslizo a mis clavículas.
—¿Y qué harás al respecto? —se detuvo y me vio con burla.
Se metió entre mis piernas cerrando la poca distancia y, no iba a mentir, él era una noche de sexo sucio sin duda, aunque eso no bastaba para mí porque por ahora todo lo que quería era verlo sufrir un poco.
Tomo mi muslo izquierdo con una de sus manos y lo llevo al lado de su cintura, presionándose contra mí, dejándome sentir con detalle lo duro que estaba.
Oh, él no iba a sufrir un poco, esto iba a ponerlo de rodillas.
Zafe mi extremidad de su agarre y la deslice por la longitud de su pierna hasta estar parada en mis dos pies. Deslicé mi muslo entre los de él y ejercí un poco de presión.
Un gemido ronco salió de su garganta.
—A ti también te debe fascinar meterte en problemas —dije con una sonrisa malvada y le di un rodillazo tan fuerte como pude. El quejido de dolor cambió su cara de arrogancia a una de horrible sorpresa, se recargo en mí y aproveche para aclararle su error —. Y créeme, a diferencia de ti, yo puedo salir de ellos.
Me aparte de él dejándolo solo mientras se apoyaba contra la pared.
Fui directo a la barra sentándome al lado de Stephano que me miraba boquiabierto. Al parecer había acabado lo que fuera que había hecho en el baño.
—¿Qué fue eso?
—¿Qué tanto viste?
—Estoy seguro que todo.
Reí un poco incómoda al ver hacia Rainer, él estaba escondiendo su dolor muy bien. Tomé el trago con vodka que mi amigo me ofrecía, lo terminé con una mueca de asco.
—Simple diversión ¿por?
—Parecías estar a punto de comértelo, ¿qué te hizo cambiar de opinión? —arqueó una ceja y me vio con preocupación.
—¿Yo? ¿Comérmelo? Claro que no. No es mi tipo.
—¿Qué? ¿Estás ciega? Ese hombre es el tipo de cualquiera con ojos— y ahí estaba su cara de "no lo niegues niña".
Reí.
—Es un idiota, no lo vale.
—Cariño yo le daba, aunque fuera un idiota.
Nos reímos.
Un carraspeo al lado llamo nuestra atención. El hombre de antes estaba de pie, el de jeans y camisa ajustada. Este miraba a Steph como esperando algo.
Lo vi con detenimiento, era algo delgado, de brazos fuertes, piel blanca, cabello oscuro y ojos claros, aunque no podía distinguir muy bien bajo las luces de colores.
Stephano estaba colorado hasta las orejas. Así que se había echado un buen polvo.
Sonreí.
Y a kilómetros podía ver que ambos querían repetir.
—¿Podemos hablar?
Dijo finalmente el extraño, esa fue mi señal para mirar a otro lado y pretender que mi vaso vacío era muy interesante, de reojo los vi intercambiar números y darse miradas coquetas.
—¿Ella es tu amiga?
Esa fue mi señal para dejar de actuar como estúpida.
—Ah sí, perdón, te presento a Leah.
Sonreí amable, Stephano estaba actuando un poco nervioso y yo solo quería reírme en su cara.
—Ariel, un gusto.
Nos dimos un apretón de manos amistoso, tras el cual Ariel dijo que debía irse, pero que seguro lo llamaría.
Y con eso se marchó.
—Así que Ariel ¿eh?
—No empieces —Steph se abanicó la cara.
—¿Fue bueno?
—Para ser en un cubículo, fue increíble.
—Wow
Le di una mueca sugerente y llena de picardía. Mi amigo había logrado un gol esta noche.
—¡No me mires así!
Reí.
Deje el tema por la paz y mire desinteresada a otro lado.
Liza estaba ahí, alzó su lata hacia mí en modo de saludo mientras bailaba entre un grupo de personas que parecían bullir en tensión s*xual. No hacía falta mucha imaginación para saber cómo iba a acabar.
—Alguien va a lamentarlo mañana —sonreí tras codear a Steph para que viera la escena erótica que sucedía en la pista de baile con Liza de protagonista.
—Ni lo menciones, eso es diversión.
—¿Otra ronda? —pregunte tomando el vaso de tequila vacío.
—Por supuesto.