Capítulo 20.

3707 Words

El aire en el despacho del director siempre se sentía distinto, cargado con una electricidad que no existía en ninguna otra parte de la universidad. Era una mezcla del aroma a cuero de los sillones, el olor a papel antiguo de los libros que abarrotaban las estanterías de caoba y su perfume, una fragancia amaderada y costosa que se adhería a mi memoria y me asaltaba en los momentos más inoportunos. Pero en aquel instante, el único estímulo que mi cerebro era capaz de procesar era el contacto de sus manos, que se cerraron sobre mi cintura con una posesión salvaje y arrebatadora que me robó el aliento y silenció cualquier pensamiento coherente que pudiera haber tenido. Mi cuerpo reaccionó antes que mi mente, un escalofrío delicioso recorriéndome la espalda mientras mis propias manos se apoyab

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