Esa misma noche bajo el cielo estrellado de Seúl. En la vacía habitación de In Sook se hallaba la señora Kim tratando de traer a su memoria cada momento que vivió allí con su hijo, al rozar con las yemas de sus dedos el suave edredón morado, recordó con nostalgia la primera que vez que lo sostuvo entre sus brazos, eran tan pequeño y frágil que cualquier soplo podría herirlo ¿quién se iba a imaginar que esa pequeña criatura que lloraba entre sus brazos le concedería tanta felicidad? Se acostó de medio lado cerrando sus ojos con una sonrisa. Ser madre era el mayor regalo que le pudo haber concedido la vida a una mujer como ella, In Sook se había convertido en el motivo por el cual soportaba sus desagracias bajo ese techo, la estabilidad de su hijo siempre fue una prioridad pero ahora ah

