LEJOS DEL AMOR

2563 Words
Pasaron dos días desde que envío el dichoso informe, el señor Kim no se había puesto en contacto con él, lo que resulta bastante extraño. Esperaba que lo llamara de inmediato. Sin darle importancia al hecho, se tomó aquellos dos maravillosos días para recorrer y conocer un poco más la ciudad de Busan, no iba a perseguir al pequeño sin antes recibir una respuesta, no lo consideraba necesario y sería ideal para poder conocer un poco. Además, In Sook tenía la vida más aburrida que podía llegar a imaginar, pues la floristería y la academia no eran los mejores pasatiempos, al menos su vida giraba en torno a un trabajo que le hacía salir y recorrer moteles. Contemplaba la torre de Busan que se alzaba imponente en el cielo, había demasiados sitios por recorrer allí, era una ciudad realmente hermosa. Pensó que tal vez debería venir algún día con su familia, su mamá estaría encantada de poder compartir más tiempo con él, ya se podía imaginar su expresión de felicidad cuando le comentara siquiera la idea. Su celular empezó a sonar. —Buen trabajo Tristán. —Pudo reconocer la voz ronca al otro lado de la línea. —Muchas gracias señor Kim. —Por favor síguelo investigando, no importa si repite rutina quiero que escribas cada uno de sus movimientos—Se quedó en silencio unos minutos,Tristán permanecía a la expectativa—Pero, necesito añadirte un pequeño pedido, estoy dispuesto a aumentar la cantidad de dinero con tal de que lo hagas. —Dígame—  Desde que no fuera algo ilegal lo podría aceptar. —Como sabrás soy un padre que se preocupa por la manos en las cuales va a quedar el trabajo de la familia—Su voz era seria. —Lo entiendo —Quiero que por favor saques corriendo de la vida In Sook a todo aquel que se le acerque con intenciones que van más allá de la amistad ¿me entiendes? ¿Sacar a los pretendientes de In Sook? Era un poco extraña esa petición. —Sí, señor— Contestó firme. —Nada drástico solo aléjalos— Refutó. —Comprendo. —Ya  una consignación, puedes revisar tu cuenta. —Muy bien, señor Kim —Gracias, Tristán— Colgó. Sin dar espera regresó a su pequeño apartamento, sin pensarlo tomó su portátil y consultó el estado de su cuenta bancaria, casi pierde la respiración al leer la cifra que aparecía en la pantalla, la cantidad de dinero era el doble de lo que había recibido la vez pasada, ahora si podía decir que estaba forrado en dinero. Pasó su mano por sus cabellos negros. Debía ser una broma. ¿por qué le daban tanto dinero? No, no debía pensar en eso. Simplemente era un padre que quería conocer el paradero de su hijo. Eso era todo. En su nueva semana de investigación no había cambiado mucho la información, al parecer el pequeño siempre cumplía con las mismas actividades, lo único que cambia eran sus días al supermercado y la pastelería que frecuentaba, aunque eso era algo muy común. Había aprendido una que otra cosa del chico de cabellos castaños. En la academia todo el mundo parecía quererlo, lo había visto salir un par de veces con cajas de chocolates o detalles que le daban. Era una persona dulce, tranquila y amable, no tenía indicios de ser alguien violento. El único amigo que parecía tener era Cristian, el chico de la floristería, los había visto regresar un par de veces juntos a casa incluso el chico había pasado unas noches allí, junto con su novio Peter. In Sook parecía no tener problemas económicos, según lo poco que logró investigar de eso, tenía el dinero suficiente para llevar una vida sin necesidades. Entonces, si era así ¿por qué más de una noche lo veía llorar mientras caminaba hacia la casa? No es que le importara, pero le irritaba ver a alguien llorar, porque no sabía cómo comportarse o reaccionar frente a esas cosas.A simple vista parecía un chico con una vida buena, además él fue el que decidió huir de las comodidades de su casa, entonces que no se quejara.     Era un día como un y corriente, el brillante sol se imponía en el cielo azulado iluminando cada rincón de la ciudad de Busan, el pelinegro estiró sus extremidades con una sonrisa en su rostro, desde que había llegado a esa ciudad sentía su vida más tranquila y feliz. No tenía muchas preocupaciones, sólo el pequeño que permanecía sumergido en su vida. Como todas las mañanas, se paró a unas cuadras de donde vivía el pequeño, siempre procuraba cambiar el sitio donde lo esperaba junto con su apariencia, no toleraría ser descubierto. Lo vio acercarse como siempre a paso lento contemplando todo lo que aparecía frente a él, sonrió. Ahora en vez de seguirlo parecía más su perro guardián, se cercioraba de que nadie extraño se le acercara o lo mirara más de la cuenta. No, no lo podía permitir. Se aseguró de que cruzara la puerta de la academia y se marchó a una cafetería que quedaba cerca a esperar a que el pequeño finalizara su labor allí, sacó un libro de su mochila y se dispuso a leer sobre flores, no sabía por qué, pero desarrollo un pequeño interés desde que vio a In Sook entregar un inmenso ramo a un hombre, además tenía que matar el tiempo de algún modo. Las horas se le pasaban volando junto con su taza de café, consultó su reloj. Faltaban quince minutos para que el pequeño saliera. Se puso en pie y caminó hacia la academia, esperaba tranquilo a que el chico hiciera su aparición. Sus ojos se abrieron como platos cuando un chico, mucho más alto, lo acompañaba, ambos dejaban ver una gran sonrisa mientras charlaban de manera animada. El intruso, como lo había denominadoTristán, era uno de los maestros de canto de la academia. Lo reconoció como Jerome. Gruñó bajito. Los vio partir y fue tras de ellos dirigiéndoles una mirada asesina, sus ojos se mantenían firmes esperando a cualquier movimiento inusual, tomó una fotografía de mala gana. Caminaron juntos hasta la floristería, fue al parque y los miró recostado desde uno de los árboles, los vio charlando animadamente hasta que se despidieron, pero no en una despedida de amigos, el chico alto depositó un beso en la mejilla del pequeño causando un evidente estremecimiento en éste, su rostro de inmediato se tornó rojo y se dibujó una sonrisa estúpida. Frunció el ceño. Lo vio desaparecer calle abajo, lo siguió de manera prudente hasta comprobar donde vivía. Por ahora eso bastaría, tenía que pensar con cabeza fría y no dejarse llevar por suposiciones. Ellos eran amigos, nada más. Regresó a la floristería, pero notó que no tenía ánimos de espiar a In Sook así que se fue a un concesionario, si las cosas seguían así iba a necesitar un modo de transportarse. Se compró una moto no muy llamativa, una de segunda le pareció adecuada. Regresó a su apartamento y estacionó la moto en el parqueadero, la cubrió con un plástico n***o para que no muchas personas la vieran, debía evitar problemas. En la noche sobre la cama, lo único que acudía a su mente eran las imágenes de aquel beso ¿Pero qué rayos sucedía con él? Era normal que In Sook estableciera relaciones con sus compañeros. Sí, pero no era normal que se dieran besos en la mejilla, eso no era normal, al menos para él. Daba vueltas en la cama tratando de conciliar el sueño ¿Por qué le afectaba tanto un simple beso? Además, era In Sook, el chico al que espiaba. Nada más nada menos. Le asestó un puño a su almohada. Tendría que sacar al primero de su camino.   Al siguiente día se levantó con un humor de perros, se vistió con lo primero que encontró y se dispuso a cumplir con su rutina diaria. Mientras seguía a In Sook pudo notar que parecía mas feliz de lo normal, en cierto modo le molestaba que fuera así, pero no podía hacer nada para cambiarlo. Su trabajo era vigilarlo y alejar a sus pretendientes. Su mal humor empeoró cuando lo vio salir de nuevo con Jerome camino a la floristería, respiró hondo tratando de calmarse; pero mandó todo al diablo cuando vio que de nuevo le dio un beso. No se tomó la molestia de seguir a Jerome, bastaba con saber dónde vivía. Se quedó en el parque como siempre hacía mientras miraba de reojo la floristería, dejaba que su mirada vagara por todo lado, de pronto vio pasar a Cristian, eso era fuera de lo común. Lo vio entrar apresurado y después vio salir a In Sook como alma que lleva el diablo, lo siguió hasta la casa donde entró como si su vida dependiera de ello, parecía nervioso. Ya se imaginaba lo que era. Se fue rápido al apartamento y se vistió completamente de n***o, sacó su moto y se fue a la casa de In Sook guardando la esperanza de que este no hubiera salido aún. Sintió un gran alivio que fue reemplazado rápidamente por un palpitar acelerado al ver al pequeño, estaba completamente distinto. Su silueta estaba contorneada por un hermoso traje color vinotinto que dejaba que la mente vagara por los más placenteros escenarios, sus hermosos cabellos castaños ligeramente alborotados le daban un aire seductor y tierno. Mordió su labio inferior ante semejante escena. Tristán reaccionó cuando lo vio correr, lo siguió discretamente con la moto hasta unas calles más adelante donde se apeó en un taxi, lo siguió hasta un restaurante muy elegante ubicado en uno de los hoteles cerca a la playa de Busan, el sitio parecía de ensueño y eso le molestaba demasiado. No los pudo seguir más allá porque se necesitaba reservación para entrar, así que se quedó afuera imaginándose las miles de cosas que podían estar ocurriendo entre aquellos dos. Esperó tres horas, miró su reloj y ya apuntaba las nueve de la noche, los vio salir sonrientes tomados de la mano como un par de idiotas. Se apearon en un taxi que los condujo hasta la casa de In Sook, se bajaron tomados de la mano y Jerome le hizo una señal al taxi para que lo esperara,Tristán los vio charlar durante unos minutos, la mirada de ese par era brillante. De pronto, tuvo un mini- infarto, vio como chocaron sus labios en suave beso beso que duro unos minutos. Se separaron y el mayor le dio un beso en la frente. Se dieron un par de besos más hasta que In Sook entró a la casa acariciando sus labios como si no creyera lo que acababa de suceder. Definitivamente tenía que sacarlo. Vio a Jerome subir al taxi de nuevo, sin dar espera lo siguió. Lo vio bajarse y pagar el valor de la carrera, cuando se aseguró de que el taxi se alejó, con agilidad se bajó de la moto, se dejó el casco puesto y acercó a Jerome por detrás colocando una pistola en su espalda. —Alejate de Kim In Sook—Procuró hacer su voz gruesa. El chico cayó en el suelo mientras su cuerpo temblaba. —Por favor, no me hagas daño—Su voz temblaba. —Aléjate de Kim In Sook— repitió—. Si no lo haces me tomaré la molestia de buscarte después de la dichosa academia para clavarte una bala en tu hermoso cráneo— Jerome se giró un poco para verlo, su labio inferior temblaba. —Como quiera. No... no lo volveré a ver o dirigir la palabra, no... no lo dude. Lo sacaré de mi vida—Tristán le puso la pistola en la frente. —Es bueno que no quieras sentir tus sesos volar. —Sí.. sí — Su voz temblaba—Lo juro.. lo sacaré de mi vida. Por alguna extraña razón sintió satisfacción en aquellas palabras, se dio media vuelta y desapareció de la vista de aquel chico. Esa noche durmió mejor.       El pequeño miraba la pantalla de celular decepcionado. Ya había pasado una semana desde su salida con Jerome y este ni siquiera lo había llamado, no había vuelto tampoco a la academia, como si se lo hubiese tragado la tierra. Preguntó por él a varios de sus compañeros, pero nadie le dio razón, simplemente le decían que se había marchado. Lo había besado, varias veces. Aún podía recordar el dulce sabor de esos labios, llevó sus dedos hacía sus labios recreando las miles de emociones que había experimentado en esos segundos. ¿En qué había fallado? Fue dulce, tierno, cortes, no se sobrepasó ni demostró su necesidad de estar con alguien. Tal vez ese había sido el error, se recriminó. Además, ¿qué le podía ofrecer un chico como él a alguien? Es decir el carecía todo atractivo, huía de su familia y su vida hasta ahora parecía estar estabilizándose. Tal vez Jerome había notado todas esas carencias que existían en él. Se sentía molesto consigo mismo por no ser suficiente para alguien, por no poder llevar una vida normal, por no ser lo suficientemente carismático para despertar el interés en las personas. Tal vez Jerome se decepcionó de él y buscaba a alguien más activo, que se acoplara más a su personalidad extrovertida y atrevida. Soltó un suspiro de frustración. Se sintió decepcionado de sí mismo, por no ser lo suficientemente atractivo para alguien. Pensó que tal vez en medio de las tinieblas que eran su vida había un rayo de luz, pero no era así. Tenía la esperanza de que con Jerome las cosas funcionaran, pensó que las cosas serían diferentes y que iba a poder compartir con alguien una parte de su vida. Lo mejor era olvidar lo ocurrido, fue una triste historia de amor que tal vez le contaría a sus hijos. Si los llegaba a tener por supuesto.   Tristán se hallaba en el café pensando en aquel chico de cabellos castaños, no podía dejar de pensar en sus delicadas facciones. Tenía una sonrisa muy dulce, era ese tipo de personas que despiertan todo lo hermoso que se lleva dentro, su hermosura lo hacía sobresalir en cualquier sitio. Era encantador. Ya lo podía reconocer en medio de la multitud de tanto tiempo que llevaba siguiéndolo. Podía reconocerlo sin importar la distancia, su modo de caminar, de mover los brazos. Todos sus gestos los tenía memorizados. Sonrío al recordar como hace unos días lo vio salir de la academia con un niño pequeño tomado de la mano, fue la escena más dulce que había podido contemplar en toda su tediosa e insignificante vida. Ver a In Sook llevar a ese niño tomado de la mano guiándolo con sumo cuidado, despertó en él un sentimiento de amor. Tomó una fotografía de ese momento y la puso como fondo de pantalla en su celular, así cada vez que lo revisaba lo hacía con alegría. En ocasiones se sentía mal por In Sook, después de que Jerome salió de su vida pudo notar que su actitud había cambiado, se le veía cabizbajo, triste y distraído. No sonreía como antes y eso no le agradaba, pero a pesar de la tristeza que el pequeño sabía que era lo mejor para todos. Él solo seguía las órdenes. El trabajo con In Sook cada día era más fácil, su rutina siempre era la misma por lo cual no tenía problemas con él, de vez en cuando aparecían pequeñas situaciones que eran inevitables, como reuniones en la academia o una que otra diligencia que hacer. En cuanto a la entrega de informes lo hace de manera semanal, tal cual como le fue ordenado sin dejar nada al aire, aunque ya no escribía tanto ya que era siempre lo mismo. Con el paso del tiempo ha podido notar que el pequeño tiene varios pretendientes que le dejan detalles tanto en la floristería como en la academia, ya sean chocolates, flores o peluches. Pero se asegura de que nunca regresen. Y eso mantiene feliz a Tristán.
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