Que injusta es la vida con algunas personas; no quiero pensar que soy uno de esos desafortunados, pero no tengo mucho en contra de ese argumento. Soy diferente, al menos eso pienso. Desde muy niño, mi mamá me trata distinto a mis hermanos. No entiendo porqué las cosas son así. Quiero ser igual que ellos y quiero lo mismo que ellos; al menos eso pienso.
Paso los días entre mi casa y la escuela. Por más que intente ser de bien, siempre fallo y tengo que afrontar los castigos de mi madre; ella me castiga porque me ama y, aunque a veces me quejo por que me duele; lo acepto para hacerla feliz. Me lleva castigando desde que soy bien pequeño; siempre me extraña el que solo me castigue a mi, pero ella sabe como hace las cosas.
Intento con todas mis fuerzas ser alguien ejemplar, ser un niño bueno y obediente, pero aunque lo intente con todo mi corazón, siempre algo sucede. Mi único ratito fuera de las reprensiones de mamá es la escuela. Trato de atender en clase, de aprender y hacer las cosas bien, pero el mundo no coopera. Aunque quiera ser positivo, a veces siento que el mundo se venga de mi por algo que hice en otra vida. No sé porqué mis compañeros son tan crueles: me golpean, se burlan de mi y hasta me acusan de cosas falsas todo el tiempo. Los profesores son igual de crueles; siempre toman el lugar de mis compañeros y me acusan con mamá, lo que causa que me castigue más fuerte cada vez.
Hace poco un compañero me aventó con un pedazo de periódico lleno de lodo; mientras me limpiaba con el mismo, vi una imagen que se me quedó en el cerebro: un ángel hermoso descendía del cielo con las manos abiertas y abajo decía: «Todos tenemos un ángel que nos protege de lejos, pero hay que saber discernir, por que no todo el que tiene alas es un ángel» No soy persona de creer en casualidades, pero no puedo evitar pensar que tengo también tengo un ángel mirándome a lo lejos. Desearía que me ayudara de alguna manera; pero como vivimos en el mundo real y no en una fantasía, tengo que aceptar que amo a mi mamá y a mis hermanos y daría lo que fuera por hacerlos sentir orgullosos, y si aguantar estos castigos me hará ser un buen hijo y buen hermano tendré que aprender a aceptarlo.