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EL CEO QUE ME ENGAÑÓ AL RITMO DE YELLOW (ficción)

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Todo lo que ella necesitaba era una noche para olvidar.Luces, música, una copa de vino y Coldplay cantando para miles.Pero en medio del concierto, cuando el estadio entero coreaba “Yellow”, las pantallas lo mostraron a él:el esposo perfecto,el empresario exitoso,el hombre que le juró amor eterno...Besando a otra.Y no precisamente en la oscuridad.En cuestión de segundos, Isabela pasó de espectadora a protagonista del escándalo del año.Y mientras el mundo comenta, comparte y señala, ella guarda silencio.Porque cuando la traición se grita con luces de escena rio,el silencio puede ser más letal que un escándalo.Una historia de infidelidad a plena vista, de mujeres que no se quiebran… se transforman.Y de lo que sucede cuando un corazón herido decide no llorar, sino actuar. ¿te suena familia la historia?

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CAPÍTULO 1: El concierto
La ciudad ardía en euforia. Coldplay se presentaba por cuarta noche consecutiva en el Foro Sol, y desde horas antes, las redes se inundaban de pulseras luminosas, lágrimas felices y declaraciones cursis en stories de i********:. Isabela se lo tomó como una excusa perfecta para desconectarse. —Te juro, Isa, si no sales esta noche, te vas a convertir en planta de interior. —le había dicho Renata, su mejor amiga y diseñadora de interiores, mientras le lanzaba un vestido n***o con brillos sutiles—. No eres la primera esposa abandonada por un CEO ausente, pero sí puedes ser la más guapa en el concierto. Y allá estaba. Vestida con la dignidad alta, tacones cómodos, y una copa de vino blanco en mano, mirando el escenario como quien observa el mundo desde fuera. No era fan de la banda, pero sí de sentirse viva. A su lado, Renata brincaba como si tuviera quince. Todo parecía ir bien. Casi perfecto. Hasta que las pantallas gigantes del escenario hicieron un zoom fatal. Primero, una toma general del público. Luego, el lente se fue acercando a una pareja abrazada con fervor, como si el mundo se acabara al terminar "A Sky Full of Stars". El hombre —alto, elegante, mandíbula marcada y sonrisa de tiburón— besó el cuello de la mujer. Isabela parpadeó. La imagen era borrosa por los efectos de luz. Pero no tanto. La mujer se reía como adolescente. Tenía el mismo peinado que había visto esa mañana en i********:, en el perfil de Valeria, la nueva asistente ejecutiva de su esposo. El vestido rojo era idéntico al que Isabela misma había aprobado en una sesión de compras con la misma chica “inocente” semanas atrás. Y el hombre. Era Alejandro. Su esposo. El CEO. El amor de su vida. La imagen se quedó congelada dos segundos más de lo debido. Suficientes para que la mitad del estadio murmurara. Suficientes para que su w******p colapsara. Suficientes para que la burbuja en la que vivía Isabela reventara en mil pedazos. Renata la miró con horror. —¿Isa… es…? —Sí —respondió ella, con la voz más firme de su vida, tragándose el temblor—. Es él. Y sin llorar, sin gritar, sin escándalo, tomó su bolso. Encendió su celular. Guardó la imagen congelada. Y mientras el estadio gritaba “Lights will guide you home…”, ella sonrió de lado y murmuró: —Perfecto. Ya me diste la luz, Chris Martin. Ahora me toca guiarlo al infierno. El sonido del motor parecía retumbarle en el pecho. Renata manejaba en silencio, sin atreverse a decir nada, mientras Isabela iba en el asiento del copiloto, quieta… demasiado quieta para estar bien. La ciudad aún vibraba al ritmo de los últimos acordes de Coldplay, pero dentro del coche, el silencio era sepulcral. Solo se escuchaban los jadeos entrecortados de Isa, luchando por no desmoronarse. Una lágrima rodó finalmente por su mejilla. Silenciosa. Traicionera. Se la limpió con el dorso de la mano, con rabia, como si le diera asco sentir. No lloraba por Alejandro. Lloraba por la idiota que había sido. Por todas las veces que justificó su ausencia con la excusa de "es que su empresa está en crecimiento". Por cada noche en vela esperándolo, mientras él... la besaba a otra en público. —Isa… —murmuró Renata, tragándose sus propias emociones—. ¿Quieres que paremos por un café, agua, una pistola…? —No —respondió ella con una risa breve y rota—. Solo quiero llegar a casa antes de convertirme en meme. Renata soltó un resoplido, pero justo en ese momento… empezó el infierno digital. Primero fue el zumbido constante del celular de Isabela. Vibraba con una desesperación histérica, como si quisiera arrancarse de su bolso. Cuando finalmente lo sacó, el caos estaba desatado. Cientos de notificaciones se apilaban como piedras sobre su dignidad: 15 mensajes de grupo "Las Wifis del CEO Club" 8 llamadas perdidas de su cuñada (la chismosa) 12 menciones en historias de i********: de conocidas que jamás le hablaban directamente 1 mensaje de voz de su suegra diciendo: "¿Qué está pasando con mi hijo?" Pero el golpe maestro llegó en forma de video viral. TikTok. 237 mil likes. Un zoom dramático al beso en el cuello. Un texto sobrepuesto: "Cuando vas al concierto a cantar 'Fix You' y terminas siendo la más rota de todas 💔 #infiel #coldplaygate #pobreIsabela" Abrió f*******:. Peor aún. Su nombre en tendencia local: "¿Quién es Isabela, la esposa del CEO infiel?" "¡Valeria no es la víctima! ¡Isabela es la verdadera señora!" "CEO's del mal: los empresarios que hacen daño a sus esposas al ritmo de Yellow" —Voy a vomitar —susurró Isa. Renata dio un volantazo hacia una gasolinera sin decir palabra. Apenas detuvo el coche, Isa se bajó y se sostuvo de la puerta, respirando como si hubiera corrido un maratón de traición. —Todo el mundo lo vio… todo el maldito mundo. —se dejó caer sobre la banqueta, con la cabeza entre las manos—. ¡Me expusieron como si fuera un personaje de reality show! Renata se sentó a su lado y le sostuvo el cabello, por si vomitaba de verdad. —Amiga, lo sé. Pero escucha: esto es lo mejor que te pudo pasar. Porque ya no hay más dudas, no hay más excusas, no hay más "quizás". Esto fue tu tráiler de venganza. Y si algo me queda claro… es que la gente te ama. Ya no eres la señora elegante y callada. Eres la damnificada nacional, y eso, Isa, se puede convertir en poder. Isabela alzó la mirada. Los ojos vidriosos. El rímel corrido. La dignidad agrietada pero no rota. Y entonces… sonrió. —Voy a necesitar una asesora de imagen. Y una estrategia. —¿Y también un abogado? —No todavía. Primero… vamos a jugar al mismo juego. Y mientras t****k explotaba con teorías, videos burlones y edits con música dramática, Isabela se levantó, se acomodó el vestido n***o con brillos y dijo: —Si Alejandro quería un escándalo, le voy a dar una película completa. Con final sorpresa.

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