Laura. El camino no se hace incómodo, lejos de esos, nos dedicamos miradas tontas, picaras, pone música en el estéreo y me recuesto para disfrutar de la música y del paisaje de la ciudad que dejamos atrás. El beso me encantó, sus manos fuertes sobre mis caderas, sobre mi cintura la noche anterior, me dejaron acalorada. Su lengua es hábil, mi cabeza va a lugares pensando en las cosas que podríamos hacer. Ninguno habla. Su teléfono suena. El auto se sincroniza con el teléfono, se detiene la música y se escucha una voz familiar: Alexa, ruedo los ojos; reviso mi teléfono y ni un mensaje me ha escrito. —James, buenos días, otra vez. ¿Ya desayunaste? Puedo guardarte algo. —Gracias Alexa, no hace falta—responde, parece que iba a seguir hablando pero lo interrumpo. —Sí, ya desayunó conmigo Al

