Suspiro y me encierro en la oficina, no puedo seguirle el ritmo a Laura, es temperamental. Se enciende como un fosforo, un día es amable y tranquila, asegura que cambiará y al siguiente día arrolla a todos como un huracán, pero eso no hace que deje de desearla, al contrario, me excita más, siento un deseo animal de poseerla y dominarla. Cierro los ojos y recuerdo su beso. Me encanta. Claro que nos miramos como si quisiéramos comernos, pero luego me recuerda que no soy más que un perro guardián para ella. Conseguir como humillarme parece su nueva diversión. Tocan a la puerta, por el sonido débil, y la hora, sé que es Alexa. Ella ama el peligro, siempre consigue la excusa y la ocasión para venir a mi oficina a pesar de las amenazas que Laura le hace constantemente, hará que nos echen a l

